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En relación a la asignatura de Trabajo Social e Igualdad de Género incluida en el nuevo Grado de Trabajo Social que la Universidad Internacional de Valencia VIU va a poner en marcha, proponemos este artículo en el que se analiza la importancia que para las y los profesionales de trabajo social tiene, formarse en perspectiva de género, por los conocimientos y análisis de gran interés que nos aporta, aplicables tanto al desarrollo disciplinar como al ejercicio profesional.

Enmarcar este artículo en el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, tiene un carácter simbólico pues la constante mujeres caracteriza al Trabajo Social, tanto por ser una disciplina y profesión feminizada como porque la población mayoritaria de atención también son mujeres debido a los procesos de feminización de la pobreza y exclusión social que les afectan en mayor medida.

Profesión feminizada desde sus orígenes, cabe destacar las aportaciones significativas de las pioneras y precursoras, Mary Richmond y Jane Addams, quienes sentaron las bases del trabajo social como disciplina científica, en un momento, como señala Tomasa Bañez (2005), que se le daba más importancia a las cualidades femeninas consideradas como naturales que a los conocimientos y habilidades técnicas necesarias para el ejercicio de la profesión.  De ahí que mujeres como: Alice Salomon, Octavia Hill, Anna Laurens, Dorothea Lynde, Virginia Robinson o en el caso español, Concepción Arenal, contribuyeron a revalorizar y profesionalizar el trabajo social.

Con todo, como apunta Ainhoa Berasaluze (2009) hemos trabajado desde mujeres, para mujeres, pero sin considerar las aportaciones de la teoría feminista al trabajo social. Así el trabajo social como disciplina y profesión tiene pendiente incorporar la perspectiva de género en su desarrollo diario y su consideración es todavía incipiente en la profesión. Aunque, paulatinamente, se va reconociendo el valor añadido que esta mirada aporta a necesidades y problemas sociales tan complejos como los que afrontamos las trabajadoras y trabajadores sociales en nuestro quehacer diario.

Hemos de entender el género como una de las categorías de análisis centrales del pensamiento feminista que fue acuñada en 1975 por la antropóloga feminista Gayle Rubín, ante la necesidad de analizar las causas de opresión de las mujeres, de desvelar las consecuencias que producen las relaciones de poder asimétricas entre mujeres y hombres y para poner de manifiesto lo que habría que cambiar para alcanzar una sociedad sin jerarquía por géneros.

Una de las grandes contribuciones de las teorías del trabajo social feminista, son precisamente sus críticas a las mismas teorías críticas y activistas del trabajo social, en la medida en que éstas han mantenido y mantienen una ceguera en relación a la categoría género, y a no tener en cuenta lo que implica por ejemplo, que tanto las trabajadoras sociales como las personas que atiende, se sitúan en un contexto caracterizado por una sociedad patriarcal que las coloca en posiciones de subordinación /dominación. Obviar la perspectiva de género en una profesión feminizada como la nuestra y cuya población mayoritaria de atención son mujeres cobra sentido. De ahí, que desde la teoría del trabajo social feminista se exige el cambio de las estructuras de los servicios sociales y la destrucción de la sociedad capitalista y patriarcal. (Kaley Healvy, 2001).

El género como categoría de análisis de la realidad social, sirve como marco interpretativo al trabajo social ayudándonos a comprender el significado que adquiere el género en la construcción de los problemas sociales.

Por eso, una de las diversas formas en que la perspectiva de género se puede incorporar al trabajo social, es en el diagnóstico de problemas sociales, desde donde visibilizar, analizar y denunciar la posición desigual en que las mujeres se encuentran por ejemplo: ante la posibilidad de obtención de ingresos -tanto a través de su participación en el mercado de trabajo como en la seguridad social- y las formas en que las políticas sociales reproducen e institucionalizan las desventajas de las mujeres frente a las situaciones de pobreza y exclusión social. A su vez, la perspectiva de género puede aportarnos conceptos, herramientas, prácticas empoderantes y emancipadoras hacia las mujeres que atendemos.

En ese sentido, como señalan Dominelli y MacLeod (1989) la acción feminista dirigida a asegurar el bienestar femenino ha sacado – y continúa haciéndolo- un conjunto amplio de problemas sustanciales a la atención pública como problemas sociales, entre ellos, las violencias contra las mujeres, la desigualdad salarial, los derechos sexuales y de reproducción, la falta de conciliación, las consecuencias de la socialización de género, el trabajo doméstico y de cuidados, entre otros.

“…Aplicar la perspectiva feminista para definir problemas sociales, significa: en primer lugar, considerar todos los problemas sociales desde el punto de vista de su impacto específico en el bienestar de las mujeres. Lo que requiere un examen de los problemas que tome como punto de partida la experiencia que las mujeres toman en ellos. Y, en segundo lugar, definir los problemas sociales desde una perspectiva feminista significa el intento de llevar a cabo ese trabajo de una manera igualitaria.”. (Dominelli, L. y MacLeod, E., 1989)

El trabajo social, por su capacidad para identificar e intervenir sobre los factores sociales que inciden en las condiciones de vida de las mujeres, constituye una disciplina y una profesión claves, tanto en la prevención, estudio y tratamiento de las diferentes problemáticas y realidades que afectan a las mujeres; como en promover procesos de transformación social que fomenten la igualdad real y efectiva, entre mujeres y hombres.

Fue en la Plataforma para la Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres de Naciones Unidas que se celebró en Pekín en 1995, donde se defendió la incorporación de la perspectiva de género como enfoque fundamental y estratégico para alcanzar los compromisos en igualdad de género y se destacó la necesidad de incluir esta perspectiva en todas las políticas y programas, para que, antes de que se tomen las decisiones, se realice un análisis de los efectos producidos en mujeres y hombres, respectivamente, en lo que se denominó, mainstreiming de género o transversalidad de género.

Una recomendación que se recoge también en diferentes tratados y directivas de la Unión Europea y a nivel español, queda recogida en la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

Así pues, el mainstreiming de género se configura como una herramienta metodológica útil con un gran potencial para el trabajo social, dada la diversidad de realidades, situaciones que manejamos las trabajadoras y trabajadores sociales y la diversidad de personas, grupos y comunidades, que atendemos en cuanto a: sexo, edad, etnia, situación social, orientación sexual y/o identidad de género, con/sin discapacidad, …  por eso no podemos olvidar que el género es una categoría que se cruza/entrelaza con otras variables que hay que considerar para entender las situaciones de exclusión social.

Por todo ello, la asignatura de Trabajo Social e Igualdad de Género incluida en el nuevo Grado de Trabajo Social de la Universidad Internacional de Valencia VIU, nos invita a ponernos las gafas violetas para paliar la ceguera de género tan presente en trabajo social.

A través de la asignatura, tendremos oportunidad de comprender la importancia que tiene aplicar la perspectiva de género de manera transversal en diversos ámbitos y realidades, como: la salud mental, la geriatría, las migraciones, …

Dedicaremos especial atención, a las diferentes formas de violencias que sufren las mujeres, en concreto, a la violencia de género, ya que la actuación de las trabajadoras sociales en la detección, atención, derivación a mujeres que sufren violencia de género es sin duda, el ámbito de aplicación del trabajo social donde se hace consciente una intervención profesional con perspectiva de género y, por tanto, la necesidad de formarse en esta mirada.

A lo largo de la asignatura, el alumnado entenderá qué significa desarrollar un trabajo social desde la perspectiva de género, aprenderá a reconocer y analizar los mecanismos que generan situaciones de discriminación y desigualdad de género, así como a desarrollar estrategias y actuaciones para la transformación hacia una sociedad más justa e igualitaria, será también más consciente de la importancia de manejar un lenguaje inclusivo que visibilice realidades y conocerá algunos indicadores de género para evaluar proyectos sociales o para la realización de estudios e investigaciones.

En suma, la perspectiva de género se configura como una formación imprescindible para el Trabajo Social. El desafío es internalizarla y hacer uso de ésta, de manera que atraviese nuestras prácticas, sea cual fuere el lugar desde donde las estemos desarrollando.

https://youtu.be/yXmA67R3zMo

Noemi Soriano García Docente Grado Trabajo Social VIU. Trabajadora Social, Master en Género y Políticas de Igualdad.  

Referencias:

  • Berasaluze, Ainhoa, 2009. El devenir del Trabajo Social en clave de género. Págs.: 133-140.
  • Bañez, Tomasa, 2005, Del trabajo de apostolado a la profesionalización. Análisis de la profesión de Trabajo Social en Aragón. Cuadernos de Trabajo Social. Vol. 18, págs.: 79-98.
  • Dominelli, Lena y Macleod, Eileein 1989 Trabajo Social Feminista, Madrid, Feminismos.
  • España. Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, Boletín Oficial del Estado, 23 de marzo de 2007, núm. 71, Pág.: 12611.
  • Healy, Kealy, 2001. Trabajo Social: Perspectivas Contemporáneas, Madrid, Ed. Morata.
  • ONU Mujeres. En línea.
  • http://www.unwomen.org/es/how-we-work/un-system-coordination/gender-mainstreaming
  • Rubin, Gayle, 1986. El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política del sexo”, Revista Nueva Antropología, nº 30, México, Págs.: 95-143.