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La OMS definió a la Medicina del Trabajo como una especialidad sanitaria que desde un enfoque preventivo pretende conseguir el más alto grado de bienestar físico, psíquico y social de los trabajadores, teniendo en cuenta las capacidades de estos y las características de los riesgos que entrañan sus ocupaciones.

Aunque el cálculo es de hecho mucho más antiguo ya que se cita en documentos de Babilonia y en papiros del Antiguo Egipto, además de ser fundamentada por Galeno e Hipócrates; puede considerarse que fue Bernardino Ramazzini (1633 – 1714) el padre de la moderna Medicina del Trabajo.

En la actualidad, en España, está orientada básicamente por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales 31/95 de 08 de noviembre. En esta Ley, en su artículo 22, se enmarca la Vigilancia de la Salud que forma parte junto con la Seguridad en el Trabajo, la Higiene Industrial, y la Ergonomía y Psicosociología, como las cuatro patas que sostienen toda la acción preventiva en materia de riesgos derivados del trabajo. A través de esta normalización (existen otros desarrollos legales, como el Real Decreto 39/97 sobre los Servicios de Prevención, se pretende conseguir un efecto de búsqueda de la causalidad entre las enfermedades prevalentes, y los riesgos asociados en la exposición en el trabajo.

Pero lógicamente, no puede restringirse a la Salud Ocupacional en actividades únicamente de vigilancia. La educación en Medicina y Enfermería del Trabajo se regula a través de programas de formación especializada, que comprenden la residencia de 4 años para Medicina y de 2 para Enfermería. Estos programas comprenden muchos puntos de acción en el área preventiva, en el área asistencial, área legal y pericial, en el área de gestión, y, por supuesto, en el área de docencia e investigación.

En la actualidad una de las actividades que se está gestionando y potenciando desde la salud laboral es la expresión y puesta en práctica de lo que se conoce como “Empresa saludable”, que se afronta desde la perspectiva de la promoción de la salud en el trabajo. La Red Europea de Promoción de la Salud en el Trabajo (ENWHP) elaboró un documento de acuerdo donde se establecieron los principios fundamentales de actuación y el marco de referencia para una buena administración de la salud de los trabajadores en la empresa. Este documentos se conoce como la Declaración de Luxemburgo.

El futuro de la Salud Ocupacional se puede contemplar desde diferentes enfoques. En un artículo publicado el año pasado por el British Medical Journal se hacía referencia a la necesidad de integrar la salud laboral en el ámbito de la salud pública a través de la incorporación de la primera al NHS (Sistema Nacional de Salud del Reino Unido). En esa misma dirección se expresaron en el Simposio sobre el Futuro de la Salud Ocupacional, celebrado en la Universidad de Washington; y de donde se publicó un documento con sus conclusiones. Tanto la financiación de los programas educativos, como el descenso en el número de facultativos y especialistas interesados en esta disciplina parecen los dos problemas más acuciantes a los que se enfrenta la especialidad en los países de nuestro entorno.

En el entorno clínico, y teniendo en cuenta los múltiples avances producidos a nivel industrial, de organización del trabajo, y con la mejora gradual en los sistemas de seguridad, la salud laboral va a tener como reto pendiente en los próximos años el diagnóstico y tratamiento de los riesgos psicosociales, así como la desestigmación en el puesto de trabajo. Esta es al menos la opinión de Mrs. Sari Sairanen quien es la Directora de Salud, Seguridad y Medioambiente en Uniform, en Canadá. Os dejamos un breve video donde explica las razones.

 

https://youtu.be/JQ-t31RrOME

Puedes consultar los siguientes textos en los enlaces que se adjuntan:

Sergio Hijazo Larrosa

 

Profesor del Máster en Epidemiología y Salud Pública VIU