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En los últimos años, la aplicación paulatina de la mediación se ha convertido en una realidad tangible. Los proyectos pioneros han ido dejando paso a experiencias que se están consolidando en ámbitos diversos y que no se limitan a las cuestiones familiares o civiles en general. Así por ejemplo, las mediaciones en temas laborales, mercantiles e incluso penales están adquiriendo relevancia.

No obstante, la aplicación de este método alternativo de gestión de conflictos, todavía despierta recelos por parte de los operadores jurídicos. La mediación supone una forma de afrontar los conflictos muy distinta a la habitual: frente al sistema heterónomo de gestión del conflicto, caracterizado porque un tercero, juez o árbitro, tiene la potestad para decidir sobre el asunto; en la mediación son las partes, los mediados, los que, con la ayuda del mediador, intentan gestionarlo de forma satisfactoria para ambos, dejando que la confrontación sea sustituida por la colaboración. El mediador asume un papel neutral e imparcial, facilitando eso sí el logro del acuerdo, mediante la creación de un espacio de encuentro. A diferencia de los sistemas tradicionales de resolución de conflictos, en la mediación no podemos hablar de perdedor-ganador, porque todos ganan ya que la solución encontrada lo es de común acuerdo, sin imposiciones de terceros que desconocen muchas veces la realidad del conflicto.

Esta forma de afrontar los conflictos supone un cambio radical de paradigma que va a exigir realizar una importante labor pedagógica entre los propios operadores jurídicos y entre los ciudadanos en general. Un esfuerzo tendente a difundir las características y ventajas de la mediación, a la par que sus limitaciones, porque tampoco podemos pensar ingenuamente que sea la panacea que va a resolver todos los problemas.

En este marco de actuaciones tendentes a dar a conocer a la sociedad civil la mediación, creemos que es necesario incentivar el empleo de la mediación escolar, la mediación que se aplica en los centros docentes para gestionar los conflictos que aparecen en ese ámbito, pero cuya utilidad supera con mucho esta definición. Se trata de conseguir que el alumnado, ya desde los primeros cursos de primaria, vaya conociendo la existencia de otros mecanismos para resolver los conflictos, mecanismos que pasan por el diálogo y por el respeto mutuo. Estas primeras experiencias de mediación en el seno escolar tienen un gran potencial porque en el futuro, esos mismos chavales, ya adultos y familiarizados con esta institución, afrontarán posiblemente sus conflictos recurriendo a la mediación, siempre y cuando la experiencia haya sido satisfactoria.

Por este motivo, hay que insistir para que la mediación escolar sea una realidad en los centros, una realidad que no puede quedar al albur del voluntarismo de un profesorado desbordado por las exigencias cada vez mayores que plantea el sistema educativo. En suma, la apuesta por la aplicación de la mediación escolar propiciará que las nuevas generaciones utilicen de forma habitual la mediación en sus conflictos como adultos. Las numerosas ventajas que se derivan de la implantación de la mediación justifican sobradamente que las administraciones educativas potencien de forma efectiva la mediación escolar.

Beatriz Rabasa es Presidenta de la sección de Mediación del Colegio de Abogados de Valencia