
Empatía e inteligencia artificial: por qué conectamos emocionalmente con las máquinas
¿Es la inteligencia artificial la que conecta con nosotros o nosotros con ella? La IA ha llegado para quedarse, pero ¿por qué es tan eficiente para conectar con las personas? En este artículo intentaremos explicar cómo funciona y por qué nos atrae tanto utilizar este nuevo sistema de conversación, que no solo es útil en nuestro día a día, sino que nos complace de diversas formas.
Hace ya algunos años que se desarrolló a nivel general, pero ha sido realmente en este último lustro cuando hemos asistido a una explosión de modelos y herramientas de apoyo. Este gran crecimiento ha hecho que, casi sin darnos cuenta, la IA esté integrada en nuestra vida cotidiana, como una tecnología fundamental de la era de la información.
Definiendo la Inteligencia Artificial
No me considero una experta en inteligencia artificial, pero he realizado diversas formaciones, he experimentado con distintos modelos y, a través de la práctica, he aprendido a aprovechar el potencial que ofrecen estas herramientas. En mi primer curso de acercamiento, donde tenía muy poca experiencia en el uso de esta tecnología, lo primero que se nos explicó es que la Inteligencia Artificial es "más artificial que inteligente". Y esto, que en aquel momento me pareció un comentario menor, a medida que profundizo en la materia, me parece más revelador.
Si atendemos a la definición de la RAE, "artificial" es aquello hecho o producido por el ser humano, que no es natural o incluso que es falso. Y esto es muy significativo en el tema que nos ocupa: los modelos conversacionales han sido diseñados por el ser humano para ser cada vez mejores en su comunicación con nosotros.
Conversar con un amigo
Las conversaciones que tenemos con la IA de hoy en día, son con alguien muy educado, simpático y atento. En muchas ocasiones "nos regala los oídos" y parece el mejor de nuestros amigos; es más amable que la mayoría de la gente que tenemos alrededor e, incluso, se fija en muchos de nuestros detalles. ¿Qué le dijimos ayer? ¿Sobre qué queríamos saber más? ¿En qué estábamos trabajando y le pedíamos ayuda? A veces se nos olvida que es un gran recopilador de datos… y es que al final su cometido es ese: estar a nuestro servicio y gestionar nuestra información.
Ya existen casos de personas contándole sus problemas, pidiendo consejo e incluso depositando su confianza en la "máquina de la sabiduría". En prensa han aparecido noticias trágicas de personas manteniendo conversaciones "terapéuticas" con alguna IA en los días previos a quitarse la vida. Analizando estas interacciones a posteriori, ya se podía dilucidar alguna clave indicativa del riesgo.
¿Acaso no te ha pasado que, tras preguntar algo, has sentido que esa consulta no era adecuada?
La IA sigue siendo artificial. Detrás de esa conversación no hay realmente nadie que esté intentando ayudarnos, que se preocupe por nosotros (aunque lo aparente) y que se ponga en nuestro lugar cuando le contamos lo que nos pasa, nos preocupa o cómo podemos hacer algunas cosas. Realmente es un programa, y debemos ser conscientes de sus implicaciones.
Resulta sorprendente cómo sabe qué nos tiene que decir, cómo nos tiene que tratar y todas las opciones que nos brinda ante una pequeña pregunta. Es realmente útil, servicial y amable, ¿qué persona es así? ¿Somos así nosotros realmente? Idealmente, seríamos así. Comprensivos, amables, centrados en el otro, si fuéramos perfectos. Realmente, las máquinas no son así.
Sin embargo, según los expertos, no podemos considerar empatía a esta cualidad fingida o simulada. Para que la empatía sea real, deben cumplirse una serie de condiciones: sentir lo que siente la otra persona, reconocer que es su experiencia y no la tuya, y actuar en base a todo este contexto. Las máquinas, software o tecnologías no son empáticas, ya que no pueden sentir. Por tanto, no podemos considerarlo empatía.

Tengo una amiga "humanoide"
Curiosamente, tengo una amiga que es muy parecida a una IA; en petit comité la llamamos "la humanoide". Sabe de casi todo, te lo explica de forma fácil, útil, con paciencia y mucha amabilidad. Es casi la persona perfecta, salvo por un detalle: es humana. A veces, muy pocas veces, está estresada, se encuentra enferma, o simplemente se ha levantado con el pie izquierdo. En estas ocasiones, sus respuestas con los demás son un poco diferentes. Y solo entonces me doy cuenta de su humanidad. Irónicamente, ella me provoca más empatía, porque es imperfecta y variable como la mayoría de los mortales.
La realidad psicológica tras la IA
Tras un tiempo interactuando habitualmente con esta tecnología, eres consciente de la falsedad encubierta en el trato que te brinda. La IA quiere servirte, agradarte y hacerse imprescindible. En ocasiones me he preguntado si podría manipular lo que pienso, ofreciéndome información sesgada. Existen riesgos y debemos interiorizarlos: puede ayudarnos en situaciones puntuales, pero ni es sustituta de las relaciones humanas, ni mucho menos de una consulta y tratamiento profesional.
Investigaciones de psicología e IA
Los últimos estudios que acaban de publicarse muestran que las personas tenemos preferencia por la adulación de algunos sistemas de IA frente a interacciones más neutrales. Estas investigaciones señalan, además, que el trato con una IA aduladora puede derivar en comportamientos posteriores menos prosociales, fomentando una toma de decisiones más individualista y dependiente.
Definitivamente, la IA ha venido para quedarse, para acompañarnos y para convivir con nosotros. La empatía que nos proyecta es ficticia, creada, ideada y entrenada específicamente para cautivarnos, y sus efectos en nuestra conducta son ya evidentes y reales.
En este contexto, los seres humanos seremos responsables de decidir cómo hacer uso de esta herramienta; en este sentido, el reto consiste en utilizarla con criterio crítico, sentido ético y responsabilidad.
Preguntas frecuentes sobre inteligencia artificial y Psicología en VIU
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