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Hoy en día el término inteligencia emocional es tendencia en distintos ámbitos de la vida cotidiana: en la escuela, en el deporte… y por supuesto, también en terreno de la empresa y el trabajo.

En el siguiente artículo vamos a definir el concepto de inteligencia emocional centrándonos en su aplicación en el entorno laboral.

Pasamos muchas horas con nuestros compañeros de trabajo y, por lo tanto, saber relacionarnos con ellos de manera correcta puede beneficiar la manera como trabajamos.

Una buena relación con nuestros compañeros y superiores nos puede venir bien para negociar intereses, resolver conflictos, guiar o promover un espíritu de equipo.

Dominar la inteligencia emocional será muy importante para conseguir todo esto. Y es que esta es la capacidad de ser conscientes de los propios sentimientos y de los demás para gestionarlos en beneficio propio.

Pero esta capacidad de reconocer los propios sentimientos para gestionar los de los demás no es algo innato, sino que se puede aprender.

¿Cómo aprender inteligencia emocional?

 Lo primero que tendremos que hacer es observar las emociones propias que experimentamos a lo largo del día.

Nos tenemos que fijar por ejemplo en cuáles son nuestras emociones al despertarnos o al irnos a dormir o después de una reunión de trabajo para criticar nuestra tarea o para elogiarla.

Es muy importante que nos acostumbremos a calificar estas emociones con uno de los adjetivos que mejor las definan: tristeza, vergüenza, alegría, satisfacción, etc.

Para identificar las emociones que experimentamos es muy importante, saber leer el comportamiento de nuestro cuerpo. En este sentido, el estrés se traduciría en un nudo en el estómago, una presión en el pecho o una respiración acelerada.

En cambio, la tristeza podría manifestarse cuando las extremidades se sienten pesadas y lentas al despertarse.

Y la alegría o el placer podrían sentirse como mariposas en el estómago, un pulso más acelerado o una mayor energía.

Una vez que tengamos clara la reacción de nuestro cuerpo ante tal emoción, deberemos pensar cómo nos gustaría que este reaccionara después de una emoción. No podemos controlar como actúan en nosotros las emociones, pero sí como reaccionamos ante estas.

Después de haber trabajado el autoconocimiento de nuestros sentimientos, conviene ponernos manos a la obra en la gestión de las emociones de cara a los demás.

Es muy importante que en cualquier discusión en la cual nos encontremos involucrados, nos pongamos en el lugar del otro y miremos de comprender que es lo que le motiva a pensar de esa manera.

Para lograr esto de manera efectiva, será muy importante que escuchemos realmente a los demás, con plena atención y no sólo de apariencia.

También será fundamental que interpretemos el lenguaje corporal de los demás. Para esto tendremos que estar muy atentos a sus gestos y al comportamiento que experimente su cuerpo ante una u otra emoción. Muchas veces las palabras van por un lado, pero el cuerpo esconde el sentimiento real.

Por otro lado, deberemos estar atentos a la reacción de nuestros compañeros de trabajo con el comportamiento de nuestras emociones y analizarla para intentar corregir cómo reaccionan nuestras emociones, en el caso que la reacción de nuestros compañeros sea negativa.

Todos estos consejos van a permitirnos gestionar mejor nuestras emociones y las de nuestros compañeros para así lograr un ambiente laboral idóneo para poder ser felices en nuestro trabajo.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia