Selecciona tu país

Cuando una persona titulada en criminología es entrevistada en televisión o prensa escrita, se siente tentada a explicar qué es, o peor aún qué no es la criminología. Es extraño que una disciplina con tanta tradición deba ser continuamente explicada. Tal vez podamos entenderlo mejor si señalamos que carece de una verdadera inserción laboral, por tanto la sociedad desconoce realmente cuales son nuestras posibles capacidades y competencias y qué podemos ofrecer al bien común. Es fácil en este contexto establecer clichés y falsos mitos.
Otra posible explicación añadida, puede ser nuestra incapacidad para comunicar a nivel grupal, esto es, pese a que numerosos colegas están trabajando (y muy bien) en proyectos exitosos – prevención de delincuencia, atención a víctimas de delitos, estudio y propuestas de mejora de política criminal – la realidad, es que dejamos que la historia la cuenten otros. Así, es muy tentador atender a cualquier medio de comunicación, sin una preparación ni estudio previo, para hacer seguidismo del morbo momentáneo por obtener nuestro minuto de gloria. Además de este tipo de comportamientos insolidarios e irresponsables con el colectivo, tenemos que añadir lo que como ya he señalado, escriben los demás producto seguramente del desconocimiento.
Intentaré ilustrar esta incapacidad de transmitir con un ejemplo mencionado por Jacques Lecomte, secretario general del Observatorio Internacional de la resiliencia (en Forés y Grané, 2016), en relación a cómo enfocamos el estudio de los factores de riesgo y su pedagogía: si analizamos a los maltratadores con métodos retrospectivos, la investigación nos revela que la inmensa mayoría, han sido previamente maltratados. Si no establecemos una buena explicación, es fácil extraer el silogismo de que la mayoría de personas maltratadas “son los futuros maltratadores”. Sin embargo, si analizamos el mismo caso desde aproximaciones prospectivas, obtendremos que un mínimo porcentaje de niños, acabará convirtiéndose en maltratador.
En nuestro país, España, observamos en las últimas décadas, una tendencia a a demandar penas de prisión más duraderas y de cumplimiento efectivo, lo que se conoce en el mundo académico de los penalistas (académicos del derecho penal) como “populismo punitivo”. A ello debemos añadir la buena acogida de términos como “Tolerancia Cero”, que pretenden ser la piedra angular de la prevención, y cuyas recetas son la exclusión del agresor y la expansión del código penal. En este tipo de recetas, quedan por analizar las soluciones al problema y las verdaderas necesidades que tienen las víctimas. Referente a esto, David Garland (2005) manifiesta que se produce una suerte de juego de suma 0, donde si uno presta atención a medidas de reinserción de los agresores, está postulándose en contra de las víctimas; y viceversa, parece entenderse que si nos preocupamos por atender las necesidades de las víctimas, tengamos que excluir a los agresores (aún a riesgo de que estas intervenciones sobre los agresores puedan ser beneficiosas para la comunidad en general).
Tomando como referencia esta escalada de punitivismo, y la buena acogida de programas de “Tolerancia Cero”, no es de extrañar la dificultad para los que nos dedicamos a la criminología, de poder expresar cualquier hallazgo que colisione con este paradigma de “sólo funciona el castigo”.
Algo parecido sucedió en los pasados 70’ en Norteamérica, donde el sociólogo Martinson (1974), postuló algo tan demoledor como que en prevención “nada funciona”. Martinson venía a decir que ningún programa de reinserción funcionaba. Incluso aunque en 1979 publicara otro trabajo donde venía a reconocer su error y posteriormente infinidad de trabajos de investigación hayan demostrado que sí existen buenos programas de reinserción y rehabilitación para penados, la realidad es que las ideas que finalmente han acabado triunfando entre los administradores y cargos políticos, es una escalada de punitivismo y exclusión hacia el diferente que influye actualmente en nuestra sociedad, a pesar de las grandes diferencias culturales y en cuanto a las tasas de delincuencia (mucho menores en nuestro país).
En base a todo lo señalado, puede parecer difícil cambiar la tendencia, pero no imposible. Tenemos un ejemplo muy adecuado para el caso en la literatura científica, Martin Seligman y sus colaboradores y la teoría de la “psicología positiva”. Este autor ha dedicado gran parte de su vida académica a investigar sobre problemas y cuestiones negativas en las personas, depresión, alcoholismo. Fue autor de la teoría de la “indefensión aprendida” que postulaba básicamente que determinadas personas se tornan pasivas en sus reacciones por la incapacidad de cambiar sucesos negativos. Actualmente, Martin Seligman, verbaliza que hoy la psicología es mejor, porque ha pasado de tan sólo estudiar consecuencias negativas y desde un enfoque de enfermedad mental, a fomentar el bienestar en las personas.
Natti Ronel y Ety Elisha tomando como referencia la verbalización de Seligman, acuñan en 2011 un término, una nueva tendencia en criminología, la “Criminología Positiva” (no confundir con positivista) que pretende resaltar lo positivo que la criminología puede aportar a la sociedad. Al igual que en la psicología positiva, en la criminología positiva, se hace hincapié en la importancia de entender sucesos de vida negativos, como motores de cambio para una vida saludable (en criminología una vida prosocial). En este enfoque, tienen una gran importancia los estudios sobre resiliencia, factores de protección y sobre desestimiento del delito, frente a la criminología tradicional que se enfocaba demasiado en aspectos como porqué se delinque y en los factores de riesgo.
La conclusión es sencilla, tenemos las herramientas a nuestra disposición, demos mayor importancia a verbalizar nuestra labor en positivo, respaldándolo con un trabajo riguroso y constante. De esa manera, lograremos que la ciudadanía nos otorgue su credibilidad y confianza.

https://youtu.be/xIrPpkcY2s0

Vídeo en el que dos estudiantes exponen qué es la Criminología Positiva y realizan un ejercicio práctico para promover la prosocialidad
Referencias bibliográficas:

Garland, D. (2005). La cultura del control. Crimen y orden social en la cultura contemporánea. Gedisa. Barcelona
Grané, J., y Forés, A. (2008). La Resiliencia, crecer desde la adversidad. Barcelona. Plataforma.
Martinson, R. (1974). What works?-Questions and answers about prison reform. The public interest, (35), 22.
Ronel, N., y Elisha, E. (2011). A different perspective: Introducing positive criminology. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 55(2), 305-325.