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Uno de los obstáculos más habituales con los que se encuentran los padres o los educadores en su día a día son las conductas disruptivas. Es muy habitual que estas se manifiesten en el aula, pero también pueden ocurrir en casa, en el patio de recreo, en la calle y en otro tipo de ambientes y entornos.

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En este post veremos qué son exactamente las conductas disruptivas y cómo un padre o un educador debe abordarlas para que desaparezcan.

Conductas disruptivas: ¿qué son?

Entendemos por conductas disruptivas todos aquellos comportamientos que:

1. Implican cierto grado de agresión, sea mayor o menor.

2, Impiden que un grupo (por ejemplo, un grupo de alumnos) pueda trabajar o concentrarse.

3. Tienen su origen principal en un estado doloroso de tensión emocional.

Por ejemplo, encontramos una conducta disruptiva en un alumno que le lanza un avión de papel al profesor mientras este se encuentra de espaldas y tratando de explicar la lección en el encerado. Otro ejemplo de conducta disruptiva muy habitual es la del alumno que molesta o pega a otro compañero mientras el profesor no está mirando.

En el aula, este tipo de conductas suelen ocurrir durante las etapas de Educación Primaria y Secundaria. Es menos habitual encontrarlas en Bachillerato y, menos aún, en aulas universitarias. El motivo es que, en las aulas de Educación Primaria y Secundaria, los alumnos están en ellas por obligación, y su rebeldía ante este hecho es lo que generalmente desemboca en conductas disruptivas.

Conductas disruptivas: ¿cómo reaccionar ante ellas?

Ahora que ya sabemos qué son las conductas disruptivas, veamos cómo debe el adulto reaccionar ante ellas.

Para ello, enumeramos las siguientes claves:

  • Lo primero que debemos tener en cuenta es que un alumno que se encuentra en un estado emocional estable y placentero, rara vez llevará a cabo conductas disruptivas. Esto es más habitual en niños y jóvenes que tienen problemas familiares o problemas internos, como la necesidad de llamar la atención. Por lo tanto, el educador debe indagar acerca de la causa que provoca que un alumno lleve a cabo conductas disruptivas en el aula.
  • Para afrontar una conducta disruptiva, no es recomendable responder con agresividad. En muchas ocasiones, esto es precisamente lo que busca el alumno: un enfrentamiento. Para él, los enfrentamientos le ayudan a liberar toda la carga emocional que lleva dentro y, si el profesor le facilita uno, volverá a por más y sus conductas disruptivas no cesarán.
  • Sin embargo, tampoco es recomendable obviar una conducta disruptiva y hacer como si no hubiese tenido lugar. En este caso, el alumno percibirá que puede hacer lo que quiera sin repercusiones, con lo que liberará su tensión emocional desencadenando otras conductas disruptivas que, a pesar de no proporcionarle un enfrentamiento, le ayudan a sentirse mejor.
  • Para afrontar las conductas disruptivas, el profesor debe ser asertivo. La asertividad implica que, al mismo tiempo que el profesor reafirma su autoridad, nos satisface al alumno en su búsqueda de enfrentamiento o de hacer lo que le venga en gana. En general, los profesores que son asertivos con el grupo y proyectan su autoridad desde el primer día tienen menos probabilidades de vivir conductas disruptivas en el aula.

La clave, por lo tanto, está en descubrir cuál es la causa de las conductas disruptivas y, a continuación, elaborar una estrategia de interacción con el alumno o alumnos que las han provocado sin enfrentarse a ellos y sin permitirles continuar con dichas conductas.

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia