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Desde los años noventa, en España se han venido aplicando diversas medidas extraordinarias enfocadas a erradicar, o al menos disminuir, el bajo rendimiento escolar en un alto índice de alumnos (sobre un 30%). Sin embargo, ese conjunto de medidas no sólo no han conseguido paliar el problema, sino que se ha ido incrementando.

El sistema educativo español muestra un comportamiento paradójico, caracterizado por una buena escolarización en las etapas de infantil y primaria y un alto índice de alumnado universitario. Sin embargo, el problema tiene lugar en la educación secundaria, en especial la post-obligatoria, donde se dan porcentajes de no consecución de los títulos, número de repetidores y abandono prematuro de los estudios muy altos en contraste con los índices internacionales, principalmente de la Unión Europea.iStock_000024524179_Medium-1024x682

Buenas prácticas para mejorar el rendimiento escolar

De un modo bastante general, una buena práctica es aquella que consigue que se logren los objetivos de aprendizaje planificados. Aunque esta es una definición muy simple acerca de la idea de buena práctica, se ha venido utilizando en el ámbito de las didácticas específicas sin que se hayan producido intentos sistemáticos de concreción.

Algunos autores como Tharp, Estrada y otros sugieren 5 criterios para el diseño, la organización, el desarrollo y la evaluación de las actividades del aula que den lugar a buenas prácticas:

  1. Producción conjunta de actividades por medio de la colaboración entre profesorado y alumnado.
  2. Desarrollo de aspectos sociolingüísticos del lenguaje escolar.
  3. Creación de significado en entornos de conversación dialógica.
  4. Planteamiento de situaciones que estimulen el pensamiento complejo.
  5. Contextualización de la enseñanza en experiencias del alumnado.

Siguiendo esta 5 líneas, es posible la identificación de una serie de buenas prácticas en tres ámbitos distintos de actuación:

  1. Organización del centro y del aula.
  2. Relación con el alumnado.
  3. Procesos de aprendizaje.

Organización del centro y del aula

Para conseguir objetivos concretos en un colegio o centro educativo como aumentar la tasa de alumnos que alcanza la titulación o disminuir la tasa de absentismo o abandono definitivo de los estudios, un conjunto de buenas practicas estaría conformado por:

  • Promover la colaboración entre los distintos agentes educativos.
  • Aumentar las posibilidades de implicación y coordinación participativa en las actividades escolares y extraescolares del centro.
  • Aprovechar eficazmente los recursos existentes para fomentar el interés y motivación de los alumnos: ordenadores, conexión a Internet, material audiovisual, etc.
  • Flexibilizar horarios y otros aspectos organizativos.
  • Organizar el alumnado en grupos que favorezcan el trabajo en equipo y que los más avanzados ayuden a los que tienen mayores problemas de aprendizaje.

Relación con el alumnado

  • Establecer un contacto más cercano con el alumno, si es posible con una reducción del ratio por clase.
  • Lograr una mayor concienciación e identificación de alumno con el centro escolar para que lo perciba como un lugar donde proyectar sus expectativas de futuro.
  • Mayor implicación del profesorado con los alumnos que presentan mayores dificultades académicas.

Procesos de aprendizaje

  • Individualización de la enseñanza: adaptación personal de currículos y competencias.
  • Dinamización del ritmo de las clases con la utilización de recursos innovadores (TICs y otros métodos).
  • Ampliación de las expectativas de los chicos, en especial los que se encuentran en riego de exclusión educativa y social.

La importancia de la opinión del alumno

El éxito de las buenas prácticas, con independencia del ámbito (centro/aula, alumno o aprendizaje) en que estén centradas, depende del nivel de aceptación que tengan por parte de los alumnos. Este aspecto es primordial, por lo que tanto docentes como orientadores destacan la necesidad de realizar entrevistas individualizadas con los alumnos de carácter periódico para profundizar acerca de las perspectivas futuras de los jóvenes, conocer su opinión sobre los programas e incentivando su participación directa mediante sugerencias y propuestas.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia