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Dentro de la información hay diversos aspectos que los profesionales de este sector deben dominar y conocer como la palma de su mano. Los algoritmos están entre los principales puestos de esta lista, dado que se trata de una serie de recursos imprescindibles en lo vinculado con el desarrollo y la programación. Podemos definirlos como la consecución de pasos que nos llevan a formalizar un proceso con la intención de dar solución a un problema que deba ser resuelto. Los algoritmos forman parte activa de todas las tareas de programación y se convierten en uno de los elementos que más utilizarán en su día a día los profesionales de la informática.

 

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Conociendo mejor los algoritmos

Como curiosidad histórica podemos decir que el término algoritmo procede del siglo IX, en el cual existió un astrónomo de origen persa que redactó valiosos principios sobre las ecuaciones y el uso matemático de los números. Se llamaba Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi y marcó diferencias gracias a sus estudios. Posteriormente el término que él acuñó fue utilizado en diversos casos por especialistas, como en 1391 de la mano de Chaucer. Aunque uno de los momentos más gloriosos del algoritmo se produjo en 1240, cuando el término tuvo presencia en el manual Carmen de Algorismo, del autor Alexandre de Villedieu, un autor francés. En la actualidad el algoritmo forma una parte fundamental de la información y de la programación en todo tipo de trabajos.

Se dividen en dos tipos distintos: algoritmos cualitativos y algoritmos cuantitativos. Los primeros son los que sacan partido a las palabras para llevar a cabo la descripción de unos pasos determinados. En el segundo caso son los algoritmos que se basan en la utilización de cálculos numéricos, existiendo una clara diferencia entre los dos tipos, lo que hace que muchos profesionales estén especialmente interesados por uno de los dos grupos. Además, también hay que conocer los lenguajes algorítmicos, que dan sentido con sus reglas a la forma en la que se aplican los algoritmos. También hay dos tipos, en este caso los gráficos y los no gráficos.

 

¿Cómo se crea un algoritmo?

Cuando hablamos de algoritmos programación y esfuerzo son dos factores que deberemos poner en práctica para llevar a buen puerto los procesos de creación. La metodología que nos llevará a crear el algoritmo que necesitamos se divide en tres fases que se deben seguir de forma ordenada: definir el problema al cual se quiere dar solución, analizar este inconveniente y diseñar el algoritmo de respuesta.

En el primer proceso tendremos que definir el problema con pelos y señales para ser conscientes de qué es lo que le vamos a pedir a la máquina una vez escribamos el algoritmo. La máquina con la que trabajemos no tendrá consciencia, así que se limitará a hacer lo que nosotros le encomendemos. Por eso debemos saber a ciencia cierta que lo que haremos será lo que necesitamos para dar respuesta al problema. Llegados al final de esta primera fase pasaremos a analizar el problema y ver qué es lo que debemos saber sobre el mismo. Nos tendremos que mentalizar de la información de entrada, de la de salida y también plantearemos los sistemas exactos que tendrán que entrar en juego para poder llegar a la solución que hemos visualizado. En este proceso se pondrá a prueba la capacidad de los informáticos para ser conscientes de cómo va a producirse el trabajo dentro de la máquina. Es como si pensáramos como ella a fin de saber qué necesitará para llevar a buen puerto el proceso.

Terminaremos con el momento de la verdad: el proceso que nos llevará a diseñar el algoritmo. Al margen de las características del algoritmo que diseñemos habrá algunos factores que tendrán que estar presentes de manera inequívoca. Los algoritmos siempre tienen que comenzar en un punto de inicio que sea reconocible y que ayude a que el sistema sepa desde dónde comienza el proceso de trabajo. No por ello no hay que plantear variables que puedan producir cambios o inconvenientes en el desarrollo del algoritmo. Nos tenemos que asegurar de que el algoritmo no requiere de un proceso de ejecución demasiado amplio, dado que buscaremos la inmediatez. Y cuando ya creamos que lo hemos diseñado y que funciona no podremos dar el trabajo por terminado hasta el momento en el cual hagamos una prueba de escritorio. Esto nos permitirá ver si funciona paso a paso.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia