Jorge Marredo Rosa es docente de la Universidad Internacional de Valencia, doctor en Psicología, máster en psicología aplicada y especializado en el tratamiento de personas con trastorno mental grave. Desde muy joven tiene una relación muy cercana con la música. Por ello, con motivo de la celebración del Día Internacional del Jazz, le realizamos una entrevista sobre las peculiaridades del jazz como género musical, pero sobre todo como fenómeno cultural que trasciende su dimensión inicial para convertirse en una cultura en si misma.

¿De dónde viene tu interés en la música?

Nací en 1977 en Badajoz, desde muy pequeño me interesó la música y durante mi adolescencia y juventud toqué el bajo en varios grupos de heavy. Uno de mis primeros recuerdos de oír música jazz era en la televisión en verano en los festivales, me llamaban la atención los largos y rápidos desarrollos instrumentales y no acababa de entender porque también se consideraba jazz a aquel que era cantado. Cuando terminé mis estudios de psicología retomé la actividad musical pero esta vez enfocada principalmente a la experimentación electrónica al mismo tiempo que entré en una orquesta popular de esas que actúan en ferias y fiestas. Después he seguido produciendo música experimental “seria” y mis obras han sido reconocidas y, en algunos casos, premiadas tanto a nivel nacional como internacional. Desde hace ya unos años compagino mi trabajo de psicólogo y profesor de la VIU con la producción musical y en todo momento el jazz ha sido un vicio secreto que ha estado presente en mi vida tanto como oyente y como estudioso.

Desde tu punto de vista ¿Cuál crees que ha sido el impacto que ha tenido el jazz sobre la evolución de la música desde su irrupción? Además de en la música jazz moderna ¿Dónde más podemos ver sus huellas hoy en día?

El jazz tiene una particularidad con respecto a otras músicas que se “arrancaron” de África y se trasplantaron en América y es que al ser EE.UU. un país en el que el modelo económico es parte de la identidad nacional, estas músicas africanas tienen un sustrato en el que sus desarrollos logran ser convertidos en producto y llegar a audiencias cada vez mayores, primero con los blues, el gospel, etc. y más adelante con el propio jazz, que es un desarrollo mestizo de las anteriores y que originariamente era una música festiva y asociada a ambientes nocturnos marginales. Sin ir más lejos el célebre Lois Armstrong “Satchmo” aprendió a tocar la trompeta en centros de menores y estuvo varias veces en la cárcel a lo largo de su vida antes de ser uno de los primeros revolucionarios del género.

Con la llegada del fonógrafo “las fiestas” del jazz se vuelven portátiles y se pueden hacer en cualquier parte. A este carácter festivo hay que añadir el atractivo que le daba el ser una música fuera de la ley. ¿A dónde nos lleva esto? A la actitud fuera de la ley que han tenido todas las músicas populares rebeldes desde entonces. Por tanto a nivel cultural el jazz establece este canon de “malotes” fuera del sistema que aún hoy impregna a las músicas populares. Quizás sea este elemento que hace que el jazz tenga tanta influencia en las músicas posteriores porque si se piensa en el panorama musical de EE.UU. a principios del siglo XX estaba plagado de músicas de emigrantes, pero las temáticas eran otras (la familia, la patria, la melancolía, etc.) con la honrosa excepción de revétiko griego, pero aquí estaba la barrera del idioma. Frente a estas músicas más formales, el jazz representaba “el lado salvaje” y hablaba y celebraba la vida, la libertad, el sexo, etc. y por tanto una mostraba una forma más rápida de tener éxito y repercusión.

En un mundo sin radio, sin televisión y sin internet la mejor baza que tenían lo músicos era tocar bien y dar buenos espectáculos por lo que la técnica y la puesta en escena se van depurando hasta la imagen actual en la que los discursos más políticos e intelectuales añadidos a posteriori hacen que sea la música sofisticada que viene a la mente actualmente cuando alguien habla de ella.

Teniendo en cuenta todo lo anterior no es difícil ver que el jazz además de un estilo musical (más bien conjunto de estilos) es un fenómeno cultural y su influencia estética está en prácticamente todas las músicas populares de consumo masivo que surgen después, así el jazz influye en mayor o menor medida en el pop, el rock psicodélico, en la música progresiva, en el soul, el funk, la música disco, el hip-hop, el acid house, en el IDM, e incluso en el ambient, el trap o el reggaeton.

El jazz ha influido sobre diversas ramas de las artes e incluso ha sido relacionado con algunas aspectos del psicoanálisis ¿Qué crees que hace a este género musical tan especial?

Si profundizamos en sus raíces el jazz es una emancipación de una música de esclavos en un país de colonos que luego lo exporta a todo el mundo y que incluso se usa con fines propagandísticos durante la guerra fría. Como hemos comentado su impronta está en prácticamente toda la música popular y se asocia a una especie de “sofisticación libre”. Por un lado, manda un mensaje de libertad y liberación que nos resulta tremendamente atractivo porque de alguna manera nos hace fantasear con no tener obligaciones y por el otro está asociado a cierta bohemia que resultaría el marco ideal para lo anterior.

Por otro lado tiene mucho sentido que resulte atractivo para los psicoanalistas, ya que en el psicoanálisis clásico se trabaja con un método llamado “asociación libre” en la que el analista solo da pautas y no interviene, dejando que el analizado se relaje y hable para que deje fluir contenido psíquico que de otra manera es reprimido...todo lo anterior es básicamente el proceso que sigue la improvisación en el jazz pero con música...esta se deja fluir para ir dándole forma al igual que el analista con los contenidos reprimidos por el analizado.

Hay numerosos estudios que recogen los efectos físicos y mentales que la música tiene sobre el ser humano, y dentro de ellos hay varios dedicados a los efectos del jazz ¿Nos podrías explicar a grandes rasgos algunos de los efectos más llamativos que tiene el jazz en quienes lo interpretan y en quienes lo escuchan?

SI hay algo que caracteriza al jazz actual es que resulta excéntrico para aquellos que no están familiarizados con sus timbres, sus ritmos, armonías y melodías y por tanto suele requerir de un aprendizaje previo (algo similar a lo que ocurre con el mundo del vino o el del arte). Todo lo anterior es aplicable a los músicos que lo interpretan ya que el jazz contemporáneo es una música complicada.

Una vez pasada la fase pedagógica los efectos que tienen ciertos tipos de jazz en un intérprete y en un oyente preparado sería similar al que pueda tener la meditación, similar a este estado que llamamos conciencia plena (o mindfulness en inglés) es decir una desconexión de todo aquellos elementos que no están presentes en el momento actual y en el que la atención está en un solo elemento volviéndose por tanto consciente en si. De hecho, hay musicoterapeutas que trabajan directamente con el jazz en ámbitos que van de la oncología a las personas con alzhéimer. No obstante la improvisación se utiliza mucho en esta disciplina que gracias al trabajo de muchos profesionales se va consolidando poco a poco.

El jazz es una música que se caracteriza en gran medida por la improvisación y la creatividad colectiva, exigiendo a sus intérpretes una compenetración intuitiva, casi inconsciente ¿Crees que estas características pueden ser extrapolables a otros aspectos de la sociedad? ¿Es el jazz ‘más que música’ como afirman muchos de sus aficionados?

Sin duda, si algo nos ha enseñado la Historia es que los grandes logros han sido siempre colectivos, pese a los sometimientos que unos han ejercido sobre otros. No recuerdo bien si era Marx quien dijo algo así como que una fábrica sin trabajadores carecía de valor.

El jazz nos transmite que estando en lo más bajo, aislado y fuera de lo establecido se puede llegar a lo más alto con la ayuda de otras personas que están en esa misma situación y actúan en una misma dirección. Piensa en géneros originalmente aislados y minoritarios como el flamenco o el reggae y que gracias al trabajo de personas que ayudaron a desarrollarlos y difundirlos.

Como he comentado con anterioridad el jazz hace tiempo que dejó de ser sólo música, que no es poco, para ser una cultura en sí misma y en cierto modo una forma de estar en el mundo en la que como bien indicas el trabajo colectivo puede llevar a cosas realmente valiosas e importantes.

¿Qué artistas/grabaciones le recomendarías a quienes afirman que no les gusta el jazz o a quienes quieran iniciarse en el género?

Podemos hacer varias sugerencias, para elegir en función de los que más pueda atraer a cada tipo de oyente potencial

Un buen comienzo con clásicos podría ser: “Three Suites” de Duke Ellington, “Kind of Blue” de Miles Davis; “My favorite Things” de John Coltrane o “The Bridge” de Sonny Rollins.

Un buen comienzo con el jazz cantado: “Dakota at Storyville” de Dakota Stanton; “Bittersweet” de Carmen McRae y por supuesto “Ella in Rome” de Ella Fitzgerald y “Lady in Satin” de Billie Holliday

Para iniciarse en el jazz más inusual de corte místico y/o pre-ambient: “In a Silent Way” de Miles Davis; “Journey in Satchidananda” de Alice Coltrane; “Mwandishi” de Herbie Hancock y “Brown Rice” de Don Cherry

Para escuchar jazz en los límites de la música y del propio jazz: “Free Jazz” de Ornette Coleman; “Space is the Place” de Sun Ra; “Grand Gignol” de Naked City; destacando a nivel nacional “Soprano Saxophone Solos” del valenciano Josep Lluis Galiana (que además he tenido el placer de masterizar); y de los almerienses Les Rauchen Verboten “El futuro que imaginábamos en la niñez”.

Para descubrir música actual totalmente impregnada de jazz: “Drunk” de Thundercat, “To Pimp a Butterfly” de Kendrick Lamar, y “You’re Dead!” de Flying Lotus.