La salud social es un término poco conocido que, sin embargo, describe una dimensión fundamental de nuestra salud.

Habitualmente se le asocia a la habilidad de establecer relaciones sociales satisfactorias, pero en realidad va más allá.

Imaginemos el caso de una persona que tenga una excelente salud física, que además tiene muchos amigos con los que queda a menudo y lo pasa genial.

Imaginemos también que esa persona vive en un lugar donde la tasa de desempleo es muy elevada, donde para acceder a la educación tiene que endeudarse y de hecho, es su caso, ¿tiene esa persona una buena salud social?

Pues no, porque la salud social está determinada por factores como el acceso a la educación, las condiciones de empleo, los servicios sociales y otros variables que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene muy bien definidas.

 

¿Qué es la salud social?

La salud social es la habilidad para la adaptación y la autogestión ante los cambios y desafíos del entorno, así como la capacidad para desarrollar relaciones satisfactorias con otras personas.

 

¿Qué factores influyen en la salud social?

La OMS tiene identificados los determinantes sociales de la salud en general, que también incluye la salud social. Estos son:

  • Condiciones de empleo.
  • Exclusión social.
  • Programas de salud públicos.
  • Equidad de género.

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  • Desarrollo infantil temprano.
  • Globalización.
  • Sistemas de salud.
  • Evaluación de las variables de salud.
  • Urbanización saludable.

 

¿Cómo mejorar la salud social desde lo individual?

Si tenemos en cuenta los factores anteriores, es evidente que gran parte de la responsabilidad de mejorar la salud social recae en los gobiernos y sistemas públicos.

Pero hay muchas cosas que podemos hacer a nivel individual para mejorar la salud social, por ejemplo:

Dedicar tiempo a nuestra familia y amigos

Para tener relaciones personales saludables lo más importante es darnos a nosotros mismos. Eso significa dedicar tiempo a estar con quienes deseamos relacionarnos.

Muchas veces por exceso de trabajo, incompatibilidades horarias u otras razones, tiempo es lo que menos tenemos para dar.

Nos sustituimos a nosotros mismos por mensajes rápidos de textos o regalos ocasionales, un comportamiento que a la larga lleva a que se afecten nuestras relaciones interpersonales.

Escoger sabiamente a quién dedicamos nuestro tiempo

Ya sabemos que el tiempo es escaso y muy valioso, de ahí que cuando decidimos compartirlo con otras personas, estas deben contribuir a nuestro bienestar.

Relaciones tóxicas, que generan estados negativos o que lleven a tomar decisiones evidentemente equivocadas, no contribuyen a mejorar nuestra salud social.

Estar abiertos a la experiencia y la diversidad

Para sentirnos parte de lo que nos rodea es importante estar abiertos a nuevas experiencias y a otras personas.

Las sociedades son diversas por naturaleza y aceptar (incluso disfrutar) esa diversidad es una forma de integrarnos y adaptarnos mejor a lo que nos rodea.

No hay que imponer barreras culturales, de género ni de raza que nos impidan relacionarnos saludablemente.

Aprovechar las oportunidades de contribuir en nuestra comunidad

Si queremos tener una mejor salud social, entonces podemos comenzar por contribuir a que nuestro entorno sea un lugar más saludable.

Identifiquemos las oportunidades que existen de ayudar; desde el voluntariado, por ejemplo, o simplemente formando parte de grupos comunitarios con intereses similares.

La salud social, al igual que la salud psíquica y física, está influida por variables que no están bajo nuestro control, pero hay otros factores modificables que responden a nuestro comportamiento. Hacia ellos debemos dirigir nuestros esfuerzos a nivel individual.

 

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia