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No es la primera vez que escuchando música sinfónica, sobre todo, he percibido figuras, paisajes o colores, sin saber a qué obedecía este fenómeno. Cierto día me topé con un artículo sobre la sinestesia y descubrí el secreto. Se trataba, grosso modo, de percibir un mismo estímulo por varios sentidos. Ver los sonidos, escuchar los colores, entre otras percepciones es obra de la sinestesia. Y, al parecer, soy un sinestésico light, lo cual no es ningún honor, sino una simple rareza, que afecta, se dice, a una de cada dos mil personas. Es una modalidad de aunar percepciones visuales y auditivas, especialmente: las palabras o la música evocan simultáneamente la visión de los colores.

Pintores que han “escuchado” sus cuadros, músicos que han “visto” colores en vez de sonidos, escritores que han mezclado sensaciones diversas son producto de la sinestesia, estudiada por la psicología del arte, la cognitiva o la neurociencia. Un ciego puede llegar a decirnos que el color rojo es el sonido agudo de la trompeta.

Un caso muy especial es el de compositores célebres que han recurrido a sus sensaciones sinestésicas para ofrecernos colores musicales. Messiaen hace referencia a sus composiciones como el color o la luz asociados a sus armonías o modos musicales y no simplemente a las notas. Son los sonidos-color (“Des canyons aux Étoiles”: color rojo-anaranjado-violeta). Scriabin intentaba que los oyentes percibieran las mismas sensaciones de color que él sentía. Incluso logró dotar de color a las doce tonalidades de acuerdo con el círculo de quintas. En el “Prometeo. El Poema de Fuego”, cada nota del piano producía un haz de luz con color de la escala cromática, fusionando así música y color. Además, pensó unir todas las artes para ofrecer una percepción global. Célebre fue la experiencia del acorde místico y del juego de luces en la propia sala de conciertos. También Rimsky-Korsákov (“Vuelo del moscardón”) asociaba cada nota con su color correspondiente. Igualmente, parece que Rachmaninov participaba, aun sin pretenderlo, de estas habilidades (“El miserable caballero”). Entre los compositores sinestésicos las tonalidades se asocian muchas veces con colores: así, la de mi bemol con el color púrpura o con el azul en el caso de Rimsky-Korsákov.

Estas habilidades no son, como hemos dicho, exclusivas de los músicos. Otros artistas o intelectuales las poseían y aplicaban a sus obras. Es el caso de Kadinsky, quien decía que Wagner le provocaba experiencias sinestésicas. Sus sinestesias incluían sensaciones de la visión, acústicas y táctiles en busca siempre de encontrar equivalencias entre la forma, el sonido y el color.

Menos destacables son las sinestesias que se producen en el campo de la literatura o de la poesía, aunque realmente se dan con alguna frecuencia. Quevedo, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez… (“celeste sol sonoro”, “tranquilidad violeta”…“escucho a los muertos con los ojos”, decía Quevedo). El mismo Baudelaire pregonaba la obra de arte total.

Queda, pues, patente que la sinestesia afecta a las artes, a la poesía, a la literatura, pero, muy en especial, a la música. Es a esta a la que se han dedicado algunos compositores en un afán de integrar otras manifestaciones artísticas, literarias o intelectuales en general. Sin embargo, pese a los esfuerzos, la experiencia puede decirse que no ha recibido la acogida popular y queda en una simple manifestación de los deseos de unos pocos, tal vez privilegiados. Uno de ellos, Juan Ramón Jiménez, así lo percibía: “en el cénit azul, una caricia rosa”