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En el día a día del trabajo con sistemas tecnológicos usamos información de forma constante y esta se almacena obligatoriamente para que podamos continuar trabajando con ella. Esto nos lleva a los sistemas de almacenamiento, que son los que se ocupan de hacer magia tecnológica para que todo esté a buen recaudo hasta que lo necesitemos. Se trata de un conocimiento común en cuanto a tecnología, algo que conviene dominar si queremos trabajar en este sector y que es importante entender desde las bases.

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Principales sistemas de almacenamiento

La tecnología avanza a gran velocidad y el almacenamiento evoluciona a pasos de gigante. En tiempos pasados nos limitábamos a los sistemas físicos como los discos duros, los disquetes y otros recursos similares que en cierta manera están quedando en desuso. Poco a poco adoptamos sistemas más digitales que aseguran los mismos niveles de rendimiento y que garantizan mayor facilidad de uso para todo tipo de usuarios. Así es como la nube, de la que hablaremos a continuación, se ha ido estableciendo como un recurso de garantía. Los discos duros continúan utilizándose de forma activa porque siempre han simbolizado un alto nivel de seguridad y control. Son rápidos, garantizan un alto nivel de duración en cuanto a su estimación de vida útil y guardan con solidez los datos. Hay dos tipos distintos, SSD (de estado sólido) y magnéticos, y entre ellos cuentan con sus pros y sus contras, pero en ambos casos son un recurso imprescindible para el trabajo en local. También se utilizan las cintas magnéticas, que destacan por sus reducidos costes, aunque en este caso la velocidad no es la mayor que se puede proporcionar. El almacenamiento en nube es la tendencia en los últimos años por la combinación de rasgos positivos que proporciona a todo tipo de negocios. Es un sistema fiable debido a que los datos se almacenan en medios digitales conectados entre sí y no existe riesgo por el malfuncionamiento que se pueda producir en una única unidad. Con un disco duro sabemos que si este sufre un accidente (un incendio en el lugar donde se encuentra ubicado) perderemos los datos salvo que tengamos una copia de seguridad. Pero con la nube no existe este tipo de miedo al estar la información conectada digitalmente y repetida en distintos frentes. Por otro lado, el almacenamiento en nube proporciona la comodidad de poder acceder a los datos desde diferentes lugares manteniendo siempre altas medidas de seguridad.  

¿Qué le pedimos a un sistema de almacenaje?

Cuando trabajamos con estos tipos de almacenamiento es importante fijarnos en una serie de rasgos que determinarán la calidad de cada sistema que nos pueda interesar. Esto garantizará que tendremos aquello que necesitamos en todo momento. Principalmente nos vamos a concentrar en tres rasgos: capacidad, fiabilidad y rendimiento. Los tres tienen que estar equilibrados para que sepamos que tendremos el soporte de almacenamiento que necesitamos en nuestro negocio. La capacidad variará de forma notable dependiendo del sistema de almacenamiento que hayamos adquirido y podrá aumentarse en algunos casos con unos costes determinados. Es fundamental que sepamos qué cantidad de espacio vamos a necesitar a corto-medio plazo para no tener que improvisar cambios tempranos. No suele ser problemático aumentar la capacidad de un sistema de almacenamiento, sobre todo si trabajamos digitalmente, pero es conveniente planificarlo todo por adelantado. Por su lado, la fiabilidad es otro factor crucial, porque todos queremos que los datos y archivos que almacenamos estén totalmente seguros. En ningún caso nos imaginamos que un día se puedan perder o que se produzca algún tipo de incidente que comprometa la información. Por ello hay que contratar un servicio en el que confiemos, que tenga suficiente capacidad de back-up y que cuente con unas opiniones adecuadas de otros clientes. A largo plazo nos alegraremos de haber contratado un servicio de almacenamiento fiable, dado que los imprevistos siempre pueden ocurrir y cuando ocurren es conveniente que tengamos a nuestro lado alguien en quien confiemos. En último lugar tenemos el rendimiento. Una vez nos hemos asegurado de que nuestro almacenamiento puede guardar todo lo que necesitamos proteger y que el acceso será definitivo sin sorpresas también hay que pensar en que esa información la tendremos cuando la requiramos y con rapidez. Los sistemas de almacenamiento que requieren largos periodos de tiempo para copiado de datos o a la hora de extraer la información almacenada acaban por ser problemáticos, así que hay que optar por un sistema suficientemente rápido. Todo ello es fundamental cuando vamos a elegir un sistema de almacenamiento sea cual sea el motivo para el que lo necesitemos.  

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia