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Cuidar ancianos es una actividad que se ha profesionalizado a niveles nunca antes vistos. Los cuidadores profesionales de hoy cuentan con una preparación teórica y práctica que los hace precisamente eso, profesionales del sector gerontológico.  La alta demanda de cuidados especializados en personas mayores ha impulsado un sector que no hará más que crecer. En los últimos años a los profesionales dedicados a cuidar ancianos les ha salido un competidor inesperado: los robots humanoides. Están implantados en varias residencias de Europa y en Japón es un compañero habitual en los hogares de las personas mayores. El debate está servido desde hacer mucho ¿Es una forma de deshumanizar la atención a los mayores? ¿Destruirán los robots puestos de trabajo?  

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Zora, Pepper o Nao: robots para cuidar ancianos

Los puedes haber escuchado nombrar de diferente manera: Zora, Pepper o Nao. En todos los casos el origen es el mismo; la empresa francesa de fabricación de robots Aldebaran Robotics. Lo que cambia en realidad es el software, que es lo que da “vida” al robot. Dependiendo del software, tendremos un robot capaz de leer emociones, mantener conversaciones básicas o dirigir una sesión de fisioterapia. En Bélgica, Zora, un robot humanoide de 58 centímetros, es un miembro más de muchas residencias. Zora funciona gracias a un procesador Intel ATOM a 1,6ghz, cuatro micrófonos, dos cámaras y otras tecnologías que le permiten calcular distancias y reproducir sonidos. Zora mantiene conversaciones con los residentes, lee la prensa, informa del tiempo, sabe el nombre de todos los usuarios y ¡hasta realiza sesiones de fisioterapia! En Japón, Pepper es un poco más grande, 120 cm, pero es un miembro más de muchos hogares japoneses. El software de Pepper hace que sea muy eficaz leyendo emociones. Si detecta que un mayor está triste, intentará levantarle el ánimo. Cuando salió al mercado en Japón en 2015, a un precio de 1500 euros, los primeros 1000 ejemplares se agotaron en solo un minuto. Nadie duda que el mercado de robots humanoides para cuidar ancianos va a seguir creciendo y aumentando sus prestaciones. Muchos ya realizan sesiones de estimulación cognitiva y alertan en caso de inactividad excesiva ¿Se imaginan cuántas cosas más pueden llegar a hacer? Las dudas no han tardado en surgir.

Polémica servida, los robots humanoides para cuidar ancianos ¿Amenaza u oportunidad?

Cuando llegó a Bélgica, una de las principales dudas que despertó Zora fue si eliminaría puestos de trabajo. Duda que en la actualidad es excesiva, pero que con la vista puesta en el futuro tiene mucho sentido. Las actuales prestaciones de los robots humanoides en los entornos residenciales es más un complemento a los servicios diarios ofrecidos por el personal del centro, que una sustitución de los mismos. Un extra que los usuarios llegan a agradecer grandemente. Otro asunto son las prestaciones que están dando los robots en los hogares; en países como Japón, donde sí es evidente que están asumiendo actividades tradicionalmente humanas. Pero el caso de Japón es especial, es el país más envejecido del mundo, los profesionales para cuidar ancianos no son suficientes para satisfacer la demanda y su relación con la robótica es de esas que podemos llamar “amor para toda la vida”. ¿Y en otro países? Hay que observar. Si bien muchas familias aún rechazan la idea de dejar a su padre o madre al cuidado de un robot, otras razones, como las económicas, pueden ir echando por tierra algunas barreras. El factor humano; la caricia, la sonrisa, la conversación espontánea son elementos que Zora ni Pepper pueden dar. El aumento de la población de mayores de 65 años asegura que por mucho tiempo la demanda de profesionales especializados en cuidar ancianos esté asegurada.  

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia