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En 1913 nació oficialmente la psicología conductista. Ese año, en el mes de marzo, la revista Psychological Review publicaba en su volumen 20 el artículo Psychology as the behaviorist views it, hoy conocido como el Manifiesto conductista. El autor era el profesor estadounidense John B. Watson de la Universidad John Hopkins. Su nombre y la corriente que inició dentro de la psicología marcarían la historia de una ciencia que lo fue en buena medida—lo de ciencia, queremos decir— gracias a la psicología conductista.

Desde el inicio Watson no pudo dejarlo más claro. Su artículo comienza de forma directa, sin adornos:

La psicología desde el punto de vista conductista es una rama experimental puramente objetiva de la ciencia natural. Su objetivo teórico es la predicción y control de la conducta.”

 

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La psicología conductista como homóloga de la experimentación animal

La psicología conductista se oponía a todo lo que había sido la psicología hasta ese momento, una disciplina dominada por la introspección como método de investigación y en la que conciencia, memoria o subjetividad eran objeto de estudio frecuente.

Watson, fascinado por el trabajo que venía haciéndose desde la experimentación animal; en especial los trabajos del gran fisiólogo ruso Iván Petróvich Pávlov —que identificó el aprendizaje por condicionamiento clásico o pavloviano— no negaba la existencia de la subjetividad humana, simplemente consideraba que, al no poder medirse objetivamente, nunca podría ser el objeto de estudio de una ciencia.

La conducta observable si podía medirse y modificarse, lo en su opinión si merecía ser el objeto de estudio de la psicología y elevar esta disciplina a la categoría de ciencia.

Principios esenciales de la psicología conductista clásica

En sus inicios, la psicología conductista de Watson era bastante radical en sus planteamientos. Para los conductistas:

  • La conducta manifiesta era el objeto de estudio de la psicología y por tal entendían el estímulo y la respuesta.
  • La persona era un ser respondiente, un ente pasivo que se limitaba a responder a los estímulos del entorno. Voluntad, creencias o valores eran constructos que los conductistas no involucraban en su forma de explicar la conducta humana.
  • Los métodos de investigación debían ser objetivos, trasladando aquellos que imperaban en la experimentación animal al estudio de los seres humanos. Esencialmente se manipulaba el entorno para crear determinados estímulos y provocar una respuesta.
  • El condicionamiento clásico fue un método de experimentación por excelencia. Se basa en los experimentos desarrollados en animales por Pavlov y en su descubrimiento del llamado reflejo condicionado. Según descubrió el ruso, si a un estímulo normalmente neutro, que no provoca ninguna respuesta en nosotros, le asociamos un estímulo que sí provoca una respuesta, entonces esa neutralidad se pierde y comenzamos a responder a este estímulo por asociación. Es un mecanismo clásico en la formación de las fobias.
  • Todo comportamiento es aprendido del ambiente, nacemos con nuestra mente siendo una tabula rasa.

Principales críticas a la psicología conductista clásica

 Watson revolucionó el campo de la psicología haciéndola más objetiva, más científica, pero en el camino olvidó elementos esenciales del ser humano. La historia de la psicología, que lo ha inscrito en sus páginas, no ha olvidado señalarle sus principales desaciertos:

  • Ignora los factores que median entre el estímulo y la respuesta.
  • Ignora en buena medida la influencia de la biología.
  • Extremadamente determinista, el ser humano es un ente totalmente determinado por su entorno.
  • Reduccionista en su visión del hombre y la conducta.

Estas limitaciones llevaron a nuevas corrientes dentro de la psicología conductista, como el neoconductismo o conductismo radical de Skinner. Con los años, la psicología conductista ha sido una de las corrientes que más ha aportado a la ciencia psicológica, en especial en la creación de tratamientos muy efectivos.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia