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Entre los siglos XXVIII y XIX se produjeron importantes avances en materia de ciencia y desarrollo. Por desgracia, por aquel entonces se tenía muy poco en cuenta que el progreso no podía darse a cualquier precio. De ahí que el ser humano aplicara tratamientos médicos como el electroshock, que hoy en día están prohibidos, o desarrollara armas nucleares. Por suerte, ya en el siglo XX comenzó el desarrollo de la bioética, dentro de la cual nos encontramos con el principio de autonomía.

El ser humano como artífice de su destino

La bioética es una disciplina que trata de establecer unas pautas que ayuden al ser humano a progresar a todos los niveles, pero sin que esto suponga un daño para las personas, los animales, o el medio ambiente.

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Para conseguir sus objetivos esta rama de la ética se ha basado en cuatro principios:

Que el principio de autonomía sea el primero en este listado no es una mera casualidad. Es porque la capacidad de decisión del individuo debe respetarse sobre todo.

Todo ser humano tiene derecho a elegir cómo desarrollar su vida y tomar sus propias decisiones, incluso aunque estas no sean las más adecuadas. De ahí la importancia de respetar su autonomía.

¿Qué es el principio de autonomía?

Una de las mayores muestras de la libertad individual es la capacidad que tienen las personas de tomar sus propias decisiones, sean estas más o menos importantes.

El principio de autonomía hace referencia precisamente a esa capacidad de decisión, que no debe verse afectada por influencias externas.

Esto, que hoy en día nos parece algo básico y fundamental para el funcionamiento de la sociedad, no siempre ha sido así. No podemos olvidar que ha existido esclavitud en épocas anteriores, y que a día de hoy sigue habiendo en muchos lugares del mundo personas que no pueden tomar sus propias decisiones, como por ejemplo si quieren ejercer o no una determinada profesión.

Desde los ámbitos jurídico y científico se intenta proteger la autonomía del individuo a toda costa. Está claro que puede haber terceros que puedan intentar hacer que una persona cambie de opinión, pero ese intento de influencia siempre debe ser legítimo.

Por ejemplo, un médico puede aconsejar a un paciente enfermo que se someta a un determinado tratamiento si sabe que este puede mejorar su calidad de vida. Pero, en todo caso, debe respetar la decisión última del paciente.

Este sería un ejemplo de interferencia o influencia legítima. Pero también las hay ilegítimas, y son esas las que vulneran el principio de autonomía. Un ejemplo de plena actualidad son las fake news, que intentan incidir en las decisiones de los individuos (por ejemplo a la hora de votar), pero lo hacen con información falsa.

Desde la bioética, disciplina que se extiende mucho más allá de la medicina, lo que se intenta es que el avance social y científico se dé en base a unas pautas morales que respeten, entre otros, el principio de autonomía y todo lo que de él se deriva. Si quieres saber más sobre este tema y desarrollar tu carrera profesional en este campo, no dudes en informarte sobre nuestro Máster Universitario en Bioética.

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Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia