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La observación directa es la observación astronómica que se realiza a simple vista, es decir, sin usar telescopios ni ningún otro instrumento. Así que podríamos decir que la observación astronómica directa consiste, simplemente, en mirar al cielo y disfrutar de sus maravillas.

De hecho, fue así, miles de años antes de la invención del telescopio, como los seres humanos nos iniciamos en la astronomía.

 

Consejos para la observación directa

Técnicamente, la observación directa puede realizarse tanto de día como de noche. Pero, por supuesto, solo de noche podremos observar las estrellas y la mayoría de astros visibles.

Para disfrutar del cielo nocturno en todo su esplendor, es necesario que nos alejemos todo lo posible de los núcleos de población. Ya que, cerca de las ciudades, la contaminación lumínica nos impide ver gran parte de los cuerpos celestes que podríamos observar desde lugares más apartados y oscuros, como el claro de un bosque.

 

¿Qué necesito para la observación astronómica directa?

De entrada, no hay ningún material imprescindible para poder disfrutar de la observación directa. Eso sí, si contamos con un mapa del cielo u otro tipo de guía para poder ir identificando los astros que encontremos, la experiencia será mucho más interesante y enriquecedora.

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Por otro lado, según dónde y en qué época vayamos a realizar la observación, es recomendable llevar ropa de abrigo y quizá alguna bebida caliente. 

 

¿Qué astros pueden verse mediante la observación directa?

Dependiendo del momento del año y de nuestra situación en el planeta, podremos ver unos u otros astros.

El Sol: El astro rey es uno de los cuerpos celestes que pueden observarse a simple vista desde la Tierra. En algunas ocasiones, podemos ser testigos de eclipses solares; aunque estos, al igual que el Sol, nunca deben mirarse de forma directa.

Estrellas y constelaciones: De noche, además de multitud de estrellas, también podemos ver algunas constelaciones enteras o gran parte de ellas. Por ejemplo, la Osa Mayor, una constelación boreal formada por 7 estrellas principales que dibuja una forma parecida a la de un carro.

Galaxias: Desde lugares aislados, podemos observar parte de la Vía Láctea, la galaxia donde nos encontramos. Se trata de esa larga franja blanquecina, o más luminosa que el resto, que atraviesa el cielo.

Satélites: El satélite que podemos ver desde la Tierra es el nuestro: la Luna. Aunque a veces también puede verse de día, la Luna luce en todo su esplendor durante la noche (a no ser que esté en fase de luna nueva). Al igual que el Sol, la Luna nos ofrece eclipses totales o parciales cada cierto tiempo.

Planetas: En ciertos momentos, también podemos identificar, en forma de puntos luminosos, algunos de los planetas del Sistema Solar: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Estrellas fugaces, asteroides, cometas y meteoritos: Aunque las más famosas son las lluvias de estrellas, hay ocasiones en que también podemos ver asteroides, cometas o meteoritos surcando el cielo.

 

La observación directa es una buena forma de iniciarse en el mundo de la astronomía. Si te interesa saber más sobre cómo empezar a disfrutar de la observación astronómica, te recomendamos dedicarle unos minutos a este artículo.

 

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia