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Educación

Disortografía: claves para el tratamiento de esta condición

Equipo de Expertos en Educación

La comunicación es esencial en el día a día de las personas para dar información, directrices o, simplemente, conectar con nuestros semejantes. Sin embargo, hay ciertas condiciones que afectan al modo en la que la desarrollamos o la ejecutamos. Una de ellas es, precisamente, la disortografía, de la que hablamos en este artículo.

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¿Qué es la disortografía?

Es un trastorno de la capacidad de escritura que conlleva dificultades ortográficas. Se manifiesta más en niños, lo que les genera problemas al transcribir palabras, asimilar las normas ortográficas y relacionar los sonidos con sus grafías. En ciertos casos, puede llegar a ser una patología seria que no permite realizar una comunicación escrita legible.

En otras ocasiones, puede surgir debido a otros trastornos o enfermedades. Por ello, resulta primordial encontrar la verdadera causa si se pretende mitigar o solucionar. Alteraciones de sonidos, de memoria y atención son algunos de los causantes externos.

De acuerdo con la clasificación más aceptada, existen varios desencadenantes:

  • Causa intelectual: Se aprecian en el individuo dificultades en la adquisición de normas ortográficas y de procesamiento de la información.
  • Causa pedagógica: Está ligada a la forma en que se enseña la ortografía y a su profesor y familia. Quizás, la didáctica normal de las reglas ortográficas y las grafías no es la adecuada para una persona en cuestión, aunque pueda ser válida para otras.
  • Causa perceptiva: Se vincula con problemas en la captura y procesamiento de información, ya sea vía visual o auditiva. Estas dos memorias son necesarias para captar los fonemas y relacionarlos con sus grafías, entre otras cuestiones.
  • Causa lingüística: Contratiempos con la adquisición y asimilación del lenguaje y falta de conocimiento del vocabulario. Una anomalía común que la origina es la alteración en los sonidos del habla y la escasa distinción auditiva entre palabras similares.

Cabe destacar, igualmente, que una persona puede manifestar dos o más causas de las anteriores. El usuario puede presentar causas intelectuales al mismo tiempo que otras perceptivas. Eso sí, hay que aclarar que las segundas son las que provocan las primeras. En cualquier caso, el diagnóstico temprano resulta imprescindible para evitar afecciones mayores.

Errores propios de esta condición

Después de haber visto la disortografía y qué es, conviene hacer referencia a su dimensión práctica. Existen multitud de errores propios de esta condición. Es fundamental saber captarlos para una lograr una pronta identificación del trastorno en niños.

Entre los más comunes, encontramos los siguientes:

  • Uso erróneo de los artículos.
  • Faltas de ortografía.
  • Omisión, sustitución o adición de letras, sílabas y palabras.
  • Problemas en la conversión fonema-grafema.
  • Dificultad en el empleo de las «letras espejo» (p-q, b-p).
  • Trabas para identificar palabras con mismo fonema.
  • Omisión de los acentos.
  • Problemas al deletrear.
  • Discurso escrito inentendible.

¿Cómo identificarla en un niño?

Para identificar este trastorno en los niños, es importante conocer los errores comunes que provoca. Como ya dijimos, es la etapa en la que más suele aparecer. Si un familiar o alumno sufre dichos fallos, hay que comunicárselo a sus responsables. La detección temprana de esta patología es necesaria si se quiere tratar de una manera adecuada.

Relacionado con lo anterior, hay que dejar claro que la capacidad de aprendizaje se reduce con los años. Asimismo, conocer las causas que producen el trastorno de manos de un profesional será prioritario para revertir la situación. El máster en Necesidades Especiales es una oportunidad para profundizar en este ámbito.

El papel que cobran los padres o tutores legales en colaboración con el profesorado es imprescindible en la detección. Estos últimos son los que deben tomar el paso e informar a la familia. Luego, esta será la responsable de llevar a su hijo junto a un experto que lo trate.

¿Qué tipos hay?

Existen varios tipos de disortografía, pero nosotros expondremos siete, siguiendo la clasificación establecida por las psicólogas Luria (1980) y Tsvetkova (1997). La presente selección puede ampliarse con nuestro máster en Psicopedagogía.

Temporal:

  • Problemas en la percepción de los aspectos fonéticos y su transcripción a palabras escritas.
  • Relacionada con la percepción del tiempo y ritmo.

Dinámica:

  • Trabas con el género y número de las palabras.
  • Dificultades gramaticales y de ordenación de las frases escritas.

Cultural:

  • Mal uso de la acentuación.
  • Fallos con h, b-v, c-z, etc.
  • Problemas con el aprendizaje de las reglas ortográficas.

Semántica:

  • Unión o fragmentación de palabras.
  • Trabas con el análisis conceptual de las palabras.

Perceptivo-kinestésica:

  • Dificultad de diferenciación de fonemas.
  • Discriminación auditiva de fonemas.

Visoespacial:

  • Problemas con «letras espejo».
  • Relacionada con la percepción visual y orientación espacial.

Disortocinética:

  • Errores de unión de palabras en formato escrito.
  • Dificultades con la secuencia fonética de los discursos.

Claro está que esta es una opinión de investigadoras prestigiosas. Como sucede con los tipos de autismo o con otras condiciones similares, hay otras clasificaciones aceptadas en la literatura científica.

Pautas para su tratamiento

Hay que tener claro que este es un problema con solución. El primer paso es identificar que el sujeto la sufre, tomando como referencia a la familia y los conocidos. Estos se percatarán de los errores en la comunicación escrita que presenta el afectado. Cuanto antes se diagnostique, más fácil será revertirla y menos problemas le generará en su vida diaria.

Con respecto al resto de los pasos, entra en juego el profesional, que, mediante la elaboración de unas pruebas, podrá corroborar su padecimiento e identificar sus causas. Una vez obtenidos los resultados, adecuará el tratamiento a la persona en cuestión y al tipo y motivos.

Por ello, cada tratamiento deberá ser único y tendrá que ser evaluado y revisado continuamente por el psicólogo o logopeda. Hay actividades destinadas a la mejora de las condiciones productoras de esta condición, como juegos que potencian la conciencia fonológica, el tono y el ritmo del lenguaje.

En definitiva, estamos hablando de un trastorno de la capacidad de escritura, a la que dificulta en cierto grado. Depende del tipo y del individuo el grado de afección en la comunicación escrita de una persona. Este trastorno no es irreparable, pues hay ciertos procedimientos que ayudan a reducirlo e incluso a erradicarlo. Para conseguir este fin, la terapia personalizada es primordial.

Programa específico para la disortografía en el ámbito educativo

El entorno educativo se postula como el lugar perfecto para tratar esta condición. Cabe destacar que una de las patologías que más afectan al rendimiento normal de un niño, por lo que es esencial que la comunidad escolar sepa reconocerla y tratarla. Lo crucial es fomentar la empatía en el aula, el conocimiento entre el profesorado y la colaboración en las familias.

Como avanzábamos antes, resulta esencial el tratamiento temprano. Por ello, un programa específico de disortografía suele abarcar desde la etapa de la educación infantil (3-5 años) hasta la primera mitad de la primaria (8-9 años). Lo que se busca es compatibilizar el aprendizaje con el dominio de la escritura.

Relajación y postura

La tensión desencadena los errores propios de esta circunstancia que hemos visto anteriormente. Por tanto, es esencial realizar ejercicios de relajación. Junto a esto, los docentes deben garantizar un clima de comprensión en la clase y, sobre todo, de respeto a quienes sufren esta condición.

Por su parte, la postura se ha identificado como otra de las claves que más influyen. En sí, se debe concienciar acerca de la importancia de usar el asiento adecuadamente. Esto va más allá de mantener la espalda recta, pues la comodidad incide directamente en la relajación.

Trazados y líneas rectas

Igualmente, es imprescindible desarrollar el pulso en ambas manos, sobre todo, en la que se emplea para escribir. En consecuencia, el trazado en la pizarra puede ser un ejercicio idóneo para los más pequeños. Este debe ser guiado por puntos o pautas visuales que les permitan preservar la rectitud en una línea.

Una alternativa muy popular en el aula es el trazado aéreo. Mediante este, se pretende que el niño sepa hacer letras o símbolos con su propia mano. Puede ser muy útil como paso previo a la utilización de la pizarra, ya que se puede plantear como un juego. Esto logrará que los fallos no sean tan patentes y que el alumno no pierda motivación.

Mandalas y puzles

Por último, los mandalas y los puzles son una opción entretenida y amena. Los niños pueden colorear mandalas para aprender a no dejarse huecos y, en especial, a no salirse de las líneas. Esto les ayuda a mantener, de nuevo, la rectitud y un cierto orden dentro de sus trazados. Esta opción es útil para tratar la disortografía y la disgrafía.

En lo referente a los puzles, entrenan la memoria para que sepa reconocer letras con aspecto similar. Pueden ordenarlos para crear palabras y comprender las diferencias que produce el sonido de cada sílaba a través de un juego adicional. Se busca, obviamente, compatibilizar todo esto con la psicomotricidad fina.

Como ha quedado patente en estas líneas, la disortografía es una condición que, por suerte, puede ser tratada. El trabajo en el aula y el reconocimiento temprano se postulan como dos opciones adecuadas y eficaces. Con nuestro máster en Necesidades Especiales, puedes aprender más sobre este asunto. ¡Conoce nuestros programas!

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