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Cuando Venuti habló, allá por el año 1995, del “traductor invisible” nunca imaginaría que en el año 2018 la presencia de los traductores en nuestra sociedad fuera de todo menos invisible. En los medios de comunicación, en la literatura, en el sector turístico, en la política y, en definitiva, en nuestro día a día. El oficio y el arte de traducir, sustantivos empleados por la Asamblea General para definir la profesión, es el responsable de algo tan básico como de contribuir al desarrollo y al refuerzo de la paz y la seguridad mundiales. ¿Puede haber una profesión menos invisible que la nuestra? Somos tan visibles y necesarios que en el año 2017 la Organización de las Naciones Unidas proclamó el 30 de septiembre como el Día Internacional de la Traducción. ¿Necesitas más razones para vernos a tu alrededor?

 

RAZONES MÁS QUE VISIBLES

Somos los que traducimos de una lengua a otra tu serie favorita en esa nueva plataforma digital, también somos aquellos que te ayudan a ganar partidas, o a perderlas (todo depende de tu habilidad), en tu videojuego favorito, somos los que traducimos ese programa de televisión que te ayuda a comprar un vestido de novia, a preparar un plato delicioso o a comprar y vender tu casa. ¿Somos ya algo más visibles? ¿Y qué me dices de esa novela de tu autor favorito que acabas de comprar? ¿Y el prospecto de ese medicamento que te ha recetado el médico? Sí, detrás de cada uno de estos productos hay un traductor. Una persona que dedica su día a día a las palabras y a su significado, un profesional que trabaja desde casa o desde una oficina, o incluso desde esa cafetería a la que sueles ir a tomar café. Suele trabajar bajo presión, con fechas de entrega ajustadas, y con un sueldo que bien merecía una subida, porque estoy segura de que ya te has dado cuenta de que somos visibles e imprescindibles y constituimos el puente de unión entre culturas del mundo globalizado en el que hoy día vivimos.

 

EL TRADUCTOR DEL 2018

El tipo de traductor también ha cambiado mucho desde aquella primera traducción de San Jerónimo de la Biblia hebrea durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (285-247 a.C.). La sociedad avanza y con ella el mundo de la traducción, porque se trata de un arte vivo y un oficio en constante evolución. El mundo de las nuevas tecnologías se ha convertido también en uno de los aliados del traductor del siglo XXI, gracias a los numerosos programas de traducción asistida que existen en el mercado, pero también en su nuevo enemigo, como algunos lo describen. La traducción automática y la post-edición son algunos de los desafíos del traductor del 2018, para algunos profesionales implican una preocupación pero, en realidad, deberíamos emplearlos como otras de las herramientas útiles que tenemos a nuestra disposición. Siempre sin olvidar que estamos ante herramientas, como todas las que tenemos a nuestro alcance, que necesitan de supervisión por parte del traductor. Estas, aunque muy avanzadas, no son capaces de captar los matices de la lengua como, por ejemplo, la ironía, y no disponen del conocimiento humano para traducir frases hechas o refranes. Para todas las cuestiones en las que el humano debe transmitir ideas y no traducir palabras de una lengua a otra sin contexto, es necesaria la visibilidad del oficio y del arte de la traducción. Porque no todo el monte es orégano y no podemos pedirle peras al olmo, ¿verdad?

 

EL TRADUCTOR DEL FUTURO

A qué traductor no le han preguntado sobre el futuro de su oficio: ¿no acabará haciendo tu trabajo una máquina o un robot? La respuesta a esta pregunta todavía no lo sabemos, pero en la Universidad Internacional de Valencia (Grado en Traducción e Interpretación) seguimos formando a los traductores del futuro para que ellos sigan haciendo visible nuestro oficio.

Autor

Alexandra Santamaría Urbieta

Profesora de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)