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El retraso mental es un trastorno del desarrollo que provoca alteraciones en la función cognitiva, lo cual impide alcanzar el nivel medio de las personas de su edad, haciéndose visibles ciertos retrasos en el desarrollo de habilidades motrices, del lenguaje, funcionales y en las competencias académicas. Dicho de otro modo, los niños con este problema, cuya denominación correcta propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la de trastorno del desarrollo intelectual, tienen una capacidad de aprender y funcionar más limitada que otros chicos y chicas de su misma edad.

retraso mental moderado

Estas limitaciones han motivado que, tradicionalmente, estas personas fueran escolarizadas aparte en centros de educación especial, sin tener en cuenta que en este tipo de trastorno hay grandes diferencias. Mientras que un niño con un trastorno del desarrollo intelectual severo apenas puede aprender las necesidades básicas, la potencialidad de los retrasos leves y moderados es muy grande, pudiendo llegar a la vida adulta con una plena integración social y laboral.

De la educación especial al aula ordinaria

Con el desarrollo y generalización de la educación inclusiva, los niños y niñas con algún tipo de retraso intelectual (en especial leve y moderado) se han ido incorporando al aula ordinaria, recibiendo el apoyo y atención individualizada para superar sus problemas de aprendizaje:

  • Atención dispersa y dificultades para mantenerla.
  • Déficit en la percepción y discriminación de los aspectos relevantes que han de ser aprendidos.
  • Dificultades de aprendizaje y retención de la información (memoria).
  • Problemas de simbolización y abstracción.
  • Escasas habilidades creativas.
  • Falta de recursos y estrategias de planificación.
  • Escasa capacidad para generalizar los aprendizajes a otros contextos y situaciones.

Como consecuencia de estas dificultades, entre las necesidades educativas especiales (NEE) más frecuentes de estos chicos encontraríamos:

  • Adquirir mayor autonomía en el contexto escolar, social y familiar.
  • Mejorar la competencia social: saber escuchar, respetar normas, responder llamadas de otros, interactuar, etc.
  • Desarrollar capacidades de memoria, atención y razonamiento.
  • Mejorar su nivel de autoestima y autoconcepto.
  • Acceder a los aprendizajes mediante la manipulación de la información y los contenidos procedimentales.
  • Aumentar la capacidad de comunicación.

Déficits de medios en la inclusión de alumnos con retraso mental moderado

Los maestros, pedagogos, psicopedagogos, logopedas y otros profesionales que, día a día, trabajan en las aulas y consultas con estos niños y niñas, intentando satisfacer las necesidades especiales a las que tienen derecho,  constatan la necesidad de aumentar los recursos y revisar ciertas cuestiones de organización y protocolo:

  • Mejorar la relación entre el número de docentes y de alumnos con NEE.
  • Incrementar los recursos humanos y de infraestructura: adaptación de aulas y otros espacios, supresión de barreras arquitectónicas, adquisición de más materiales pedagógicos especiales.
  • Potenciar el desarrollo y la investigación en materiales y métodos pedagógicos especializados.
  • Mejorar el diagnóstico individual de cada alumno, por ser fundamental para definir las limitaciones y potencialidades de cada niño.
  • Potenciar el intercambio de experiencias y proyectos.

La puesta en marcha de sistemas educativos mixtos, combinación en un único centro de la escolarización en el aula ordinaria con algunas clases en aulas especiales en grupos reducidos, ha permitido ir un paso más allá, llegando a la inclusión en el aula ordinaria de alumnos con discapacidades psíquicas de carácter severo. Sin embargo, algunas colectivos de padres y profesionales de la enseñanza han denunciado un parón, e incluso un retroceso, en este proceso de mayor integración como consecuencia de los recortes en educación por la crisis.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia