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Envejecimiento Activo, Envejecimiento Saludable, Envejecimiento Óptimo, Envejecimiento Exitoso... todos son constructos muy conocidos y utilizados en el ámbito de la Gerontología. Aunque tengan ligeras diferencias conceptuales y haya cierta polémica sobre cuál de ellos sería el término más adecuado, suelen ser empleados como sinónimos. El concepto de “Envejecimiento Exitoso” en concreto surgió en la década de los años 80. En aquel momento, se creía que al envejecer, el sujeto estaría limitado a seguir uno de estos dos caminos: o el envejecimiento patológico o el no patológico. No conformados con esa idea, Rowe y Kahn propusieron una división en lo que se conocía entonces como envejecimiento no patológico: establecieron la existencia del envejecimiento habitual (usual aging) y del envejecimiento exitoso (successful aging). En su artículo titulado “Successful Aging”, Rowe y Kahn (1997) señalan los tres factores determinantes para que el individuo logre tener un envejecimiento exitoso: 1. Baja probabilidad de tener enfermedades y/o discapacidad; 2. Alto nivel funcional, tanto físico como cognitivo; y 3. Compromiso activo con la vida. La entrada de hoy se centrara en el tercer punto que abarca las relaciones interpersonales y la actividad productiva. Más específicamente, se reflexionará sobre la importancia de contar con una red social adecuada que ofrezca el apoyo social necesario para que la persona pueda envejecer bien. Las características de las relaciones sociales han sido asociadas con diversos aspectos de la salud física y mental. Las personas mayores que reciben más apoyo social suelen tener mejor salud física y bienestar psicológico. Al contar con alianzas fiables y con orientación recibida de su red social, suelen tener más facilidad a la hora de afrontar eventos estresantes. No es lo mismo pasar por una situación de duelo si estás solo y no tienes con quien hablar de tus sentimientos que contar con personas cercanas para ayudarte a que te sientas arropado. Por otro lado, la falta de una red de apoyo social puede elevar el riesgo a tener problemas de salud y síntomas depresivos. En una investigación realizada con personas mayores estadounidenses, se halló que los individuos que contaban con menos apoyo en casos de emergencia y, aquellos que no recibían suficiente apoyo para reforzar su autoestima, presentaban mayores puntuaciones en la escala de depresión (Russell y Cutrona, 1991). Sin embargo, sabemos que el proceso de envejecimiento viene acompañado de diversos cambios comunes a la etapa más avanzada de la vida. Las personas mayores experimentan pérdidas de rol asociadas a la jubilación, a la emancipación de los hijos y al fallecimiento de la pareja. También pasan por cambios provocados por el deterioro de la salud y de la capacidad funcional, así como sufren el impacto emocional de la pérdida de los amigos y familiares de su generación. Todo ello influye en el tamaño de sus redes sociales y en la calidad del apoyo social que reciben. Las redes sociales de las personas mayores suelen ser más limitadas, pudiendo tener un promedio de 5 a 7 personas, mientras que los más jóvenes llegan a contar con más de 20 personas en sus redes de apoyo (Victor, Scambler, Bond, y Bowling, 2000). Pero ¿qué podemos hacer para evitar los efectos negativos de la falta de apoyo social en la vejez? Cuando somos jóvenes, muchas veces creemos que estos son problemas muy distantes de nuestra realidad y que aún es pronto para preocuparnos. Sin embargo, si queremos contar con una buena red de apoyo social en el futuro, deberíamos empeñarnos en crearla y mantenerla a lo largo de nuestras vidas. Las relaciones sociales, sean las familiares, las de amistad o incluso las que se mantiene con los vecinos o compañeros de trabajo, necesitan ser cuidadas y alimentadas a diario, como una planta que se va regando y luego se desarrollará y dará frutos. Además les invito a qué vean en el video los testimonios de algunas personas mayores que están envejeciendo de forma exitosa y que tengan en cuenta los consejos que nos dan para que de mayores seamos como ellos.   Referencias: Rowe, J. W. y Kahn, R. L. (1997). Successful Aging. The Gerontologist, 37, 4, 433-440. Russell, D.W. y Cutrona, C.E. (1991). Social support, stress, and depressive symptoms among the elderly: test of a process model. Psychology and Aging, 6, 2, 190-201. Victor, C., Scambler, S., Bond, J., y Bowling, A. (2000). Being alone in later life: loneliness, social isolation and living alone. Reviews in Clinical Gerontology, 10, 407-417. Sigues siendo el protagonista de tu vida [embed]https://www.youtube.com/watch?v=WCnoyfZl-hI&nohtml5=False[/embed]   Mónica Donio Bellegarde Nunes Coordinadora Máster Universitario en Gerontología: nuevos retos en atención integral