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La amortización, en las empresas, es un concepto contable que se utiliza para reflejar pérdidas de valor o reducciones en la cuantía de los activos o pasivos de la empresa.  El activo representa los bienes, recursos y derechos que tiene la empresa (por ejemplo, los derechos de cobro) y en el pasivo se indican las deudas y obligaciones de pago.

Cada elemento amortizable, según el tipo que sea, tendrá una amortización concreta, aplicada anualmente a través de un porcentaje de su valor. De ahí se obtienen unas cuotas de amortización que se contabilizan al final del ejercicio económico. La amortización acumulada de un bien no es más que la suma de las cuotas o dotaciones de amortización de cada ejercicio.

 

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¿Sobre qué elementos se aplica la amortización? 

Debemos distinguir dos conceptos distintos según si la amortización se aplica a un elemento del activo o del pasivo.

  • Elementos de activo:

Son los elementos del inmovilizado (bienes que usa la empresa para su actividad). Se utiliza para reflejar la depreciación de ese elemento a lo largo del tiempo, desde el momento en que se empieza a usar. Los bienes del inmovilizado sufren una pérdida de valor como consecuencia del uso que se hace de ellos en la actividad productiva. La amortización acumulada es una cuenta de compensación, que año tras año reduce el valor del elemento de inmovilizado.  El inmovilizado sobre el que se aplica es:

  • Inmovilizado material:  Maquinaria, existencias, medios de transporte, edificios.
  • Inmovilizado inmaterial: Marcas, patentes…
  • Elementos de pasivo:

Se aplica sobre préstamos o créditos. El dinero prestado hay que ir devolviéndolo en una serie de pagos. Cada uno de estos pagos incluye los intereses y la parte de la deuda que se va cancelando. Esa parte del capital que vamos devolviendo es la cantidad amortizable. La suma de las cuotas que vamos pagando (sin contar los intereses) compone la amortización acumulada.

Desde un punto de vista contable, la amortización acumulada es una cuenta de gasto. En el activo implica una pérdida para la empresa (ya que los bienes van perdiendo valor al usarlos), y esa pérdida hay que ir contabilizándola cada año como un gasto. Desde el punto de vista del pasivo, al ser deudas, la amortización acumulada engloba el pago anual de dichas deudas.

¿Cómo se amortizan los activos?

La amortización se realiza a través de cuotas anuales aplicando un porcentaje al valor del elemento. La cuota de amortización resulta de multiplicar el tipo de amortización (%) por la base amortizable. La base amortizable de un elemento es el valor de compra (más lo necesario para la puesta en marcha) menos el valor residual, esto es, el valor que se espera que pueda tener cuando deje de funcionar.

El método más común es el método lineal que consiste en una porcentaje fijo sobre el valor inicial del bien, así las cuotas son iguales todos los años.

Un ejemplo sencillo: si compramos una furgoneta por 30.000 euros y estimamos que nos durará diez años y al cabo de esos años no tendrá ningún valor residual, debemos aplicar cada año una amortización de 3000 euros. Así, al final de los diez años, la amortización acumulada del vehículo sería de 30.000 euros y quedaría, a nivel contable, descontando todo su valor inicial. Hemos determinado que la furgoneta en ese momento no nos deparará ninguna utilidad ni ningún ingreso. Por la tanto, es apropiado que su valor contable sea cero.

En cuanto a los tipos de amortización, y salvo casos excepcionales, se deben aplicar las normas y porcentajes de amortización que se indican en las tablas oficiales.

 

¿Cuál es el fin de la amortización acumulada?

Uno de los principios fundamentales de la contabilidad es el de la imagen fiel. Cuando adquirimos un equipo para la empresa (maquinaría, transporte…) se contabiliza por su valor de compra. Pero su utilidad no es la misma cuando está nuevo que cuando, por ejemplo, lleva cinco años funcionando. Esa pérdida de valor debe estar reflejada en algún sitio. Esa es la función de la amortización acumulada. El verdadero valor del bien queda expresado por su valor inicial menos la amortización acumulada que le hayamos aplicado a lo largo de los años que lleve en la empresa. Tal y como hemos indicado en el ejemplo anterior.

 

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia