Juan Miró Carretero ha trabajado en la Agencia Espacial Europea (ESA) donde fue jefe adjunto del Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC) y jefe del departamento de Ingeniería de Sistemas Terrestres en Darmstadt, Alemania. Anteriormente había sido jefe de la División de Sistemas de Software en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espaciales de ESA (ESTEC) en Los Países Bajos.

Durante su carrera en ESA contribuyó a programas espaciales en las áreas de ciencia, observación de la tierra, vuelos tripulados, navegación por satélite y cohetes, liderando también actividades de I+D en su área de competencia.

En el área de vuelos tripulados, participó en proyectos de la Estación Espacial Internacional (ISS) como el European Robotic Arm, Automated Transfer Vehicle y experimentos instalados en el Columbus Laboratory, así como en el desarrollo de prototipos basados en realidad virtual para entrenamiento y operaciones de astronautas.

A nivel formativo cuenta con numerosos estudios de postgrado en campos como la Ingeniería Industrial y Tecnología Nuclear desarrollados tanto en España como en Alemania. Su interés por la astrofísica y cosmología le llevó a cursar el Máster en Astronomía y Astrofísica de VIU en 2019. Actualmente está centrado en la investigación sobre formación de galaxias y materia oscura en el marco de su tesis doctoral en la UCM.

Aprovechando que en abril se celebra el Día Internacional de los Vuelos Espaciales Tripulados nos pusimos en contacto con Juan Miró para plantearle una serie de preguntas sobre el presente y el futuro de la humanidad en el espacio exterior.

¿Pasa el futuro de los vuelos espaciales tripulados por el sector privado como los proyectos de Space X, Virgin Galactic o Blue Origin?
Si, por supuesto, y de hecho esto ya es una realidad en el presente, pues SpaceX, desde mayo del 2020, está transportando astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS) a bordo de su nave espacial Dragon, propulsada por su cohete Falcon 9, como servicio a Nasa. Si bien esto representa solo un primer paso, pues esta capacidad industrial se ha conseguido con una inversión considerable de la mano pública, este logro ha atraído capital privado que servirá para desarrollar otros servicios y misiones más ambiciosas de estas empresas incluyendo viajes a la Luna y Marte.

Nasa ha anunciado su intención de mandar astronautas a la Luna en el año 2028 en su nueva nave espacial Orion, que integra el módulo de servicio desarrollado por la ESA, y utilizando también vehículos comerciales para el aterrizaje en la Luna y para el abastecimiento de una estación espacial planeada en órbita cerca de la Luna.

¿Qué consecuencias puede tener a nivel científico este desplazamiento a la esfera privada de las iniciativas de los viajes espaciales tripulados y las misiones de exploración que van asociados a ellos?

Aquí habría que distinguir entre vuelos tripulados en órbitas bajas, como la de la ISS, que vuela a unos 400 km sobre nuestras cabezas, y misiones científicas o de exploración a la Luna y al espacio profundo, como misiones a Marte.

En las órbitas bajas ya hay proyectos para construir estaciones espaciales privadas con fines comerciales, como el de la empresa estadounidense Axiom Space. Esta empresa; que cuenta con un equipo con experiencia en esta área, formado por ex personal de la Nasa, incluidos antiguos astronautas y emplea los mismos subcontratistas de Nasa en operaciones de la ISS y entrenamiento de astronautas; ambiciona tener una estación espacial comercial en órbita para el año 2025.

Esto supondrá la creación de laboratorios espaciales y su puesta a disposición de centros de investigación y empresas privadas bajo condiciones comerciales. Tales instalaciones, junto con la reducción de los precios y el aumento de la fiabilidad del transporte por cohete de equipo y astronautas al espacio, facilitará grandemente la ejecución de experimentos científicos y tecnológicos en condiciones de microgravedad, lo que ayudará a acelerar el desarrollo científico y tecnológico de nuestra sociedad, incluyendo aplicaciones en medicina y muchos otros sectores.

Otra cosa son las misiones interplanetarias a la Luna y Marte (Marte cuando más cercano está a la tierra se encuentra más de 100.000 veces más lejos de nosotros que la ISS) donde los costes y los riesgos son mucho más elevados, y la infraestructura y tecnologías necesarias de más difícil acceso. El liderazgo de este sector quedará a corto y medio plazo en manos de las agencias espaciales nacionales e internacionales, trabajando en cooperación entre ellas para distribuir gastos y riesgos.

Aquí, el papel de la industria privada será primordialmente el ofrecer servicios en base comercial a las agencias espaciales, por ejemplo, lanzadores, donde la oferta privada es muy competitiva, pero también vehículos para el aterrizaje y abastecimiento de astronautas en la Luna y Marte, así como para la exploración de su terreno. 

La exploración planetaria, y sobre todo las misiones tripuladas y sus astronautas, además del interés científico, conllevan prestigio y contribuyen al orgullo nacional de los países que pueden asociar su bandera a tales hazañas épicas. Al mismo tiempo estas misiones representan una muestra del poderío tecnológico e industrial de las naciones que las lideran. Estos factores pueden motivar iniciativas privadas a emprender en el futuro tales hazañas, persiguiendo fines de marketing, aunque este sector estará limitado a entidades con muy elevados recursos económicos.

Una parte importante de la motivación de gran parte de estas compañías es la eventual explotación de recursos naturales y colonización de posibles mundos extraterrestres (como la ‘minería de asteroides’ que es la misión de Planetary Resources o los planes de Space X en Marte) ¿Ves factible el desarrollo en un futuro no demasiado lejano de este tipo de iniciativas? ¿El futuro del espacio y sus recursos es de las grandes corporaciones?

Este tipo de iniciativas son en el presente muy preliminares. Los costes y riesgos involucrados en este tipo de misiones son demasiado elevados para hacer rentable una explotación a corto y medio plazo.

Las Agencia Espacial Europea ESA ha demostrado con la misión Rosetta que es factible posarse sobre un cometa a 500 millones de km de distancia de la Tierra, y la agencia espacial japonesa Jaxa ha demostrado con la misión Hayabusa 2 que es posible tomar muestras de un asteroide y retornarlas a la Tierra. Pero de ahí a poder operar una extracción de minerales de manera industrial hay un gran trecho. No excluyo que en el futuro y dependiendo de la evolución de los precios de las materias primas y los costes de los vuelos espaciales, ese tipo de operación se lleve a cabo, pero por el momento no lo considero factible en esta década.

¿Cuán factible es a corto y mediano plazo el ‘turismo espacial’ como el que proponen Virgin Galactic o Space X?

El turismo espacial en el espacio suborbital e incluso en órbitas bajas será una realidad pronto. Como he mencionado antes, hay planes para construir estaciones espaciales privadas, que podrían albergar, además de laboratorios de microgravedad, hoteles para estancias cortas. Pero este lujo estará reservado a un sector muy pequeño de la población, personas con muchos recursos económicos y con un espíritu aventurero, dispuestos a asumir riesgos.

¿Consideras relevante el mantener una presencia y un peso público importante (como el de la NASA o la ESA) en la exploración espacial? y si es así ¿Cuál crees que debe ser el papel que jueguen las entidades públicas respecto a las privadas?

Si, por supuesto. Las agencias espaciales tienen como objetivo desarrollar las tecnologías avanzadas que se requieren para la exploración planetaria y vuelos tripulados debido a los altos costes y tiempo que se requiere para ello y a que no hay un retorno en términos comerciales a corto plazo. Sin estas inversiones iniciales no se puede llevar a cabo una explotación comercial.

Antes de utilizar un sistema espacial hay que demostrar que la tecnología funciona en vuelo, y eso solo se puede conseguir llevando a cabo misiones de prueba. Tales misiones son costosas, sobre todo si están destinadas a vuelos tripulados, pues han de cumplir requisitos muy estrictos de seguridad, pero no tienen generalmente un retorno a nivel comercial.

Una vez que hay un potencial de explotación rentable, y siempre que se tenga el suficiente know-how, es la industria privada la que debe tomar las riendas y proveer los servicios correspondientes, como ya es el caso en otros sectores que hacen uso de sistemas espaciales, como telecomunicaciones, observación de la tierra etc...  

Otro factor importante es la infraestructura necesaria para llevar a cabo las misiones espaciales. Hoy en día SpaceX está utilizando las estaciones de lanzamiento de Nasa y del ejército del aire estadounidense, lo cual ha facilitado el establecimiento de SpaceX como competidor en el mercado comercial de lanzadores.

La infraestructura de comunicación es también esencial para las misiones planetarias en el espacio profundo. Para el control y la recepción de los datos estas misiones usan antenas de hasta 70 metros de diámetro, distribuidas en lugares remotos del mundo. El desarrollo e instalación de estas antenas y todo su equipamiento tecnológico requieren recursos elevados, al igual que su mantenimiento. El acceso de la industria privada a estas infraestructuras es posible mediante convenios con las agencias propietarias.

Estamos viviendo sin duda una era espacial marcada por el auge de las iniciativas privadas. Las agencias espaciales tienen que jugar el papel clave de fomentar estas iniciativas mediante la financiación de los desarrollos tecnológicos y su demostración en vuelos espaciales. Para mí, una consecuencia muy importante de esta irrupción del sector privado en la exploración espacial es la oportunidad de convertir en realidad los sueños de participar en ella de una cantidad mucho mayor de jóvenes que los que pueden acceder hoy en día.