La tercera ola de la pandemia ha traído consigo un endurecimiento de las medidas como el adelantamiento del toque de queda y el confinamiento perimetral de algunos municipios dentro de España. A estas limitaciones de movimiento, se suma el cierre de la hostelería y lugares de ocio, espacios de interacción social que hasta ahora habían ayudado a sobrellevar las restricciones de la ‘nueva normalidad’. Esto tiene como consecuencia que la población tenga que pasar cada vez más tiempo dentro de sus hogares, un escenario que recuerda al confinamiento vivido al comienzo de la pandemia.

Sobre esta situación, el doctor Joaquín Mateu Mollá, profesor del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, hace hincapié en el desgaste que está sufriendo la población desde marzo y en “la percepción de que el esfuerzo realizado no permitió evitar una situación tan difícil como la actual, esta sensación estimula la aparición de un sentimiento de indefensión que se traduce en tristeza y ansiedad”. “El hecho de tener que asumir nuevas medidas restrictivas similares a las del inicio de esta crisis ejerce una tensión aditiva en el corazón de la sociedad: la sanidad, la educación y la economía. Esta tensión puede ser el impulso que desencadene problemas psicológicos notables y la fuente de preocupaciones sobre cómo serán las cosas cuando todo finalice”, añade.

El Dr. Mateu señala que los principales problemas emocionales del confinamiento y de las nuevas restricciones son los siguientes:

  • Depresión y ansiedad: “las evidencias científicas apuntan a un incremento en la prevalencia de síntomas depresivos y ansiosos entre la población como consecuencia de los recientes cambios sociales.”, explica el experto.
  • Insomnio: de igual forma, Mateu indica que el insomnio, “particularmente el relacionado con la conciliación del sueño una vez nos acostamos, puede ser otro de los efectos psicológicos de esta situación”.
  • Estrés postraumático: la aparición de estrés postraumático es otro síntoma habitual, “sobre todo en personas que padecieron la enfermedad y experimentaron problemas críticos, o entre quienes perdieron a un ser querido como consecuencia de la Covid-19”, indica Joaquín Mateu.
  • Fatiga: otras dificultades adicionales implican la aparición de hábitos no muy saludables, especialmente en el terreno de la alimentación y el ejercicio físico, que en última instancia repercuten negativamente en el estado de salud y se asocian a problemas como el cansancio físico y mental o la erosión de la motivación.

Ante este escenario, el Dr. Mateu nos propone un decálogo de hábitos a incorporar a la vida cotidiana para evitar estos y otros efectos perniciosos en la salud mental. 10 medidas que aplicadas en el día a día nos ayudarán a mejorar nuestro bienestar emocional, social y físico.

  1. Procura mantener actividades de ocio: la pérdida de hábitos gratificantes puede relacionarse muy estrechamente con los síntomas depresivos y ansiosos. Por esta razón el experto recomienda “hacer un listado de estas actividades y tratar de mantenernos implicados en ellas. También puede ser el momento para aprender algo nuevo para lo que antes no habíamos dispuesto del tiempo suficiente”.
  2. Limita el tiempo de conexión con dispositivos electrónicos: dedicar un tiempo excesivo a utilizar redes sociales limita las relaciones efectivas que mantenemos con las personas del entorno puesto que genera un paradójico aumento del aislamiento. Además, la información sobre la crisis puede ser contraproducente si excede los límites individuales de tolerancia.
  3. Interactúa con tus personas más cercanas: “es fundamental preservar momentos de ocio compartido, con la familia o con aquellas personas que cohabitan con nosotros. Estas formas de interacción reducen las probabilidades de conflictos improductivos, estimulan un sano intercambio de sentimientos y permiten conocer las necesidades de todas las partes”, asegura Mateu.
  4. Mantén vínculos sociales con las personas a las que no puedes visitar físicamente: para ello, Mateu propone aprovechar los recursos tecnológicos a nuestra disposición que nos permitan conservar la comunicación.
  5. Sigue hábitos regulares: “la regularidad es esencial en una situación como la actual”, explica el psicólogo. Ser consciente de ello, y articular un horario para el día a día, puede reducir el impacto emocional de la situación.
  6. Aliméntate de forma sana: los estados de tristeza y de ansiedad pueden incitar el impulso de consumir alimentos hipercalóricos, lo que, sumado a una mayor dificultad para practicar ejercicio, puede traducirse en un aumento del peso corporal y erosionar el estado general de salud. “es fundamental consumir alimentos variados y ricos en nutrientes, evitando la comida procesada”, expone Mateu.
  7. Practica ejercicio físico: establecer rutinas de ejercicio físico diario es esencial para mantener el estado de ánimo en niveles óptimos, y redunda también en una autoestima positiva. “La evidencia científica apunta a que las actividades de tipo aeróbico, muchas de las cuales podemos desplegar sin excesiva dificultad en nuestros hogares, son las que tienen unos efectos más potentes sobre la salud psicológica”, afirma Mateu.
  8. Descansa adecuadamente: el experto recalca que “mantener un sueño reparador es fundamental, para lo cual, debemos comer y ejercitarnos en los momentos adecuados del día, y nunca antes de acostarnos”. Además, revela que una higiene del sueño adecuada requiere no hacer siestas excesivamente largas durante el día, tratar de acostarse siempre a horas similares, vestir ropa cómoda, eliminar la exposición a fuentes de luz intensa durante la noche y propiciar un ambiente lo más oscuro y silencioso posible.
  9. Sé comprensivo contigo mismo:sentir preocupación en una situación de confinamiento es totalmente normal, y no significa en absoluto que estemos padeciendo un problema de salud mental. Se trata de una respuesta natural en situaciones para las que no resulta posible predecir su resultado a largo plazo, y en las que además se percibe una amenaza para nosotros mismos o para nuestros seres queridos”. También, recomienda escribir sobre nuestras experiencias en un diario personal o dedicar algún tiempo a revelarlas a los demás, intercambiándolas y minimizando la sensación de soledad.
  10. Vigila el posible incremento de conductas poco saludables: las personas que fuman en la actualidad, o que desarrollan actividades que revisten un riesgo para la salud, como el consumo de alcohol u otras sustancias, pueden ver agravada la problemática durante un periodo como el actual. Este hecho se debe a que muchas de tales conductas se relacionan funcionalmente con emociones difíciles de tolerar, siendo la ansiedad y la tristeza dos de las más habituales. Ser consciente de ello permite anticiparnos al riesgo y buscar formas alternativas que no empeoren la salud o el bienestar.

 

A todo lo anterior, el profesor de la Universidad Internacional de Valencia – VIU añade la importancia de acudir a profesionales cuando se detecta algún síntoma de los anteriormente descritos y subraya que en ningún caso se trata de una señal de debilidad.

Decálogo para paliar los efectos de las restricciones