Hoy 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz. Una efeméride establecida en 1981 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el fin de fortalecer los ideales de paz, a través de la observación de 24 horas de no violencia y alto el fuego. En un contexto global como el actual, una fecha como ésta resulta fundamental, aunque sea para recordarnos de forma simbólica de la importancia de no cesar en el esfuerzo por encontrar vías de resolución pacífica a los conflictos que nos aquejan como especie, y de la necesidad imprescindible de construir espacios de unidad y cooperación que nos permitan avanzar en ese esfuerzo. Para entender mejor la relación entre paz, conflicto y desarrollo, y los distintos caminos posibles para avanzar en el propósito de la construcción de paz, nos pusimos en contacto con la Dra. Miriam Arely Vázquez Vidal, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de VIU y directora de la Carrera en Relaciones Internacionales de esta facultad.

La Dra. Miriam Arely Vázquez Vidal es doctora en Estudios Internacionales de Paz, Conflicto y Desarrollo y Licenciada en Filosofía. Es experta en filosofía política y cultura de la paz, pensamiento decolonial y movimientos sociales, y profesora invitada en la Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz.

Paz, conflicto y desarrollo. Tres grandes conceptos que marcan nuestra historia y nuestra actualidad. Desde tu perspectiva experta, ¿nos puedes explicar cómo se relacionan entre ellos y qué importancia tienen para el desarrollo de nuestras sociedades?

La relación entre las tres puede no ser evidente pues normalmente se concibe el conflicto como algo negativo que debe evitarse, e incluso hay algunas posturas que pretenden eliminarlo. La propuesta de los Estudios Internacionales de Paz, es entender el conflicto como natural a los seres humanos y que tiene origen en la diferencia y la diversidad humana, por lo tanto, el peso no está en evitar los conflictos sino en aprender a resolverlos de forma pacífica. De ahí su relación con la paz, que a su vez no es un concepto cerrado y universal, sino que se concibe como un proceso y un camino.

Incluso se puede decir que lo más atinado es hablar de paces y no de paz, pues hay tantas formas de resolver nuestros conflictos pacíficamente como seres en el mundo. Existe la negociación, el diálogo, la organización social, la noviolencia, etc.

Ahora, el concepto de desarrollo bajo este marco se entiende como la construcción de estructuras complejas en busca de la armonía y la justicia social, la aplicación de marcos que permitan resolver nuestros conflictos de forma pacífica. El desarrollo por tanto es la capacidad de los estados para proteger los derechos y la vida de sus ciudadanos, así como, y hoy de forma urgente, proteger el medio en el que vivimos (la naturaleza).  

Cuando hablamos de paz en un contexto filosófico y de Relaciones Internacionales ¿debemos entender el concepto más allá de la simple ausencia de conflicto? ¿Qué implica una paz verdadera?

Como comentaba antes, es necesario transformar nuestra visión del conflicto, debemos aceptar que es parte de nuestra vida diaria e incluso es él quien nos posibilita para construir la paz. En el ámbito político internacional es necesario entender que la paz duradera no es un estado al que hay que llegar sino un proceso constante de construcción y búsqueda de la armonía. Uno de los mejores ejemplos de una paz compleja y duradera es la Unión Europea a la que le debemos 70 años sin conflicto armado entre los estados que la conforman.

Y está claro que no es un espacio sin conflicto, recordemos las duras negociaciones de los Fondos Europeos o del Brexit en los últimos años, pero es un espacio donde la construcción de paz es posible a nivel institucional. En resumen, la paz en las Relaciones Internacionales es la capacidad de crear marcos de acción que posibiliten el diálogo y la negociación entre los intereses locales y globales.

¿Qué acciones consideras efectivas para construir paz desde las instituciones, tanto a nivel local como global? ¿Con qué herramientas cuentan los organismos supranacionales como la ONU para trabajar en la construcción de procesos de Paz, más allá de la diplomacia?

Como bien apuntas, la diplomacia es la herramienta más eficaz, a mí me gusta considerar a todos y todas las diplomáticas como agentes de paz, es verdad que son agentes en primera instancia del Estado al que representan y, por lo tanto, pueden ser emisarios de guerra, pero si llegan ahí es porque la diplomacia ha fallado.

Hay una frase muy conocida de Clausewitz que dice “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, pero esta postura, a mi juicio y siguiendo muy de cerca el pensamiento de Hannah Arendt, elimina una reflexión profunda sobre el poder y la violencia, ya que aquél que tiene poder, entendido como un marco de acción organizada, no necesita de la violencia para avanzar, sólo aquel Estado que ha perdido el poder impone sus ideas por la fuerza.

Ya he puesto el ejemplo de la Unión Europea como organismo supranacional que nos ha permitido y permite dirimir nuestras diferencias y por tanto nuestros conflictos de forma política, negociada y participativa.

La ONU es otro de los grandes éxitos del siglo XX desde una perspectiva de paz, pero hoy en el siglo XXI necesita una profunda revisión, el mundo ya no es el de 1945, no podemos continuar con una estructura de vencedores y vencidos, es urgente recuperar el deseo de paz que había en su fundación, pero aplicado a la realidad de nuestros días.

¿Qué condiciones (materiales e inmateriales) son indispensables para que una sociedad pueda conseguir la paz?

Para mí, la educación es el primer pilar, pero no sólo una educación accesible a todas y todos, sino una en la que prime la reflexión, se comprenda la necesidad de la participación política y se fomente la cultura de paz (resolver nuestros conflictos de forma pacífica).

El segundo pilar es un marco normativo eficiente y eficaz, fundamentado también en la cultura de paz. El mejor ejemplo de esto, hoy en día, y en una sociedad tan profundamente herida por la guerra como Colombia, es el modelo de justicia restaurativa.

¿Qué podemos hacer a nivel individual para colaborar a construir sociedades más pacíficas o que trabajen por la paz?

¡Pensar! Hannah Arendt entendía el mal como la incapacidad de pensar, la incapacidad de reflexionar tanto a nivel individual como colectivo, y esto necesariamente pasa por lo que ella llamaba la intersubjetividad, que es la capacidad de ponernos en la situación del otro. Se parece a la empatía, pero va más allá porque no es sólo es una forma de comprender la emoción del otro o la otra, sino la decisión racional de comprender la “situación” del otro/a, su realidad, sus deseos y a partir de ahí construir el espacio para que ambos puedan comenzar a dialogar.

Desde tu experiencia, como especie, ¿tendemos hacia el conflicto o hacia la paz? ¿Crees que tenemos una “naturaleza” intrínseca que nos impulsa a gravitar en un sentido u otro, o por el contrario somos el producto del contexto de cada época y su correspondiente matriz moral/legal/filosófica?

Entendiendo el conflicto como violencia sólo en esta pregunta, te diría que, de igual manera, pues somos tan capaces de la paz como de la guerra, de amar y de matar, ambas son una decisión, la pregunta entonces sería qué debemos hacer para fomentar la paz por encima de la guerra.

Lo primero, como ya dije arriba es fomentar la reflexión individual y colectiva, y segundo, entender al modo arendtiano que el poder más estable es aquel que se fundamente en la palabra, no en las armas.