Aunque en apariencia gran parte del mundo no ‘tenga tiempo’ para la filosofía, la realidad es que es imposible escapar de su influencia moldeadora. Una enorme parte de lo que somos, en cuanto seres sociales y autorreflexivos; y de nuestros entornos, es decir los sistemas en que operamos e interactuamos, está directamente formado por tradiciones, sistemas de creencias y valores derivados de diferentes escuelas filosóficas; y más importante aún, sin la filosofía nunca podremos entender y, por tanto, cambiar, lo que nos constituye en cuanto individuos y lo que estructura y anima a nuestras sociedades.

Por eso, y aprovechando que este 18 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía, le hemos pedido a uno de nuestros expertos, el Dr. Pablo Arnau Paltor, nos explicara la importancia de esta disciplina, su vigencia actual y cómo nos puede ayudar a entender mejor tanto a nuestro entorno como a nosotros mismos.

El Dr. Pablo Arnau Paltor es doctor en Filosofía por la Universidad de Valencia y docente de la Carrera en Educación Infantil y de la Maestría Oficial en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de VIU. Es ganador del Premio Miguel Hernández de Poesía (1996) y ha ejercido como Profesor de Secundaria de Filosofía entre los años 1996-2017.

En un momento en que en España se ha anunciado la eliminación de la asignatura de filosofía de la ESO, la pregunta es obligada ¿Cuál es la importancia de la filosofía y su enseñanza en el contexto actual?

Nunca es una buena noticia la desaparición de cualquier asignatura de Humanidades del Currículo, pero, a decir verdad, hemos salido ganando con la nueva ley: la historia de la filosofía vuelve a ser troncal y puntuable en las PAAU. Además, se ha introducido la filosofía en primaria en dos cursos. Esto último me parece de especial relevancia, puesto que ya se ha implementado en varios países de Europa este tipo de formación en que se fomenta la capacidad de argumentación de los alumnos y alumnas. En Estados Unidos, por ejemplo, tienen una asignatura obligatoria de debate desde el primer curso de primaria hasta el último de secundaria. La expresión oral es una de las debilidades de nuestro sistema educativo y tiene que ver mucho con la filosofía, porque saber hablar es saber pensar; de modo que, en mi opinión, la aparición de la filosofía en primaria es con mucho una buena inversión que compensa la pérdida de la optativa en el cuarto curso de la ESO.

¿Qué papel tiene la filosofía en la construcción de nuestras culturas actuales, tanto en occidente como en el resto del mundo? ¿En qué aspectos éticos, culturales o prácticas consuetudinarias, podemos encontrar ideas desarrolladas por la filosofía y posteriormente naturalizadas casi como si formaran parte de un ‘orden natural de las cosas?

Giambattista Vico que es un excelente filósofo de la cultura, dijo ya en el siglo XVII que en la historia de las sociedades la reflexión ocupa siempre el periodo más postrero, además de relacionarlo con el declive. En la vida de las culturas se reedita la evolución psicológica del conocimiento individual: primera actuamos y creamos las costumbres que nos permiten habitar y constituir el mundo; en una fase muy posterior aparece el pensamiento reflexivo. Como decía Hegel la filosofía es como la lechuza de Minerva que alza el vuelo cuando el bosque ya se adormece. La civilización europea es la única que ha separado el pensamiento de la religión o la forma de vida. Hay una filosofía oriental en la medida que la vemos con nuestros ojos, pero no hay un momento histórico en que el pensamiento se haga valer por sí mismo y esa primera ilustración griega forma parte de nuestra fundación como cultura. Para bien o para mal, ese hecho trajo consigo la aparición de la nueva ciencia y la tecnología y posteriormente la segunda gran ilustración en la que se lleva al extremo la separación entre saber y religión en la revolución social más importante de la historia. Digo para bien o para mal, porque nuestra civilización se ha globalizado gracias a esos momentos trascendentales de la historia, incluyendo el derecho romano y la secularización del cristianismo.

Se dice que el ser humano es el único animal que necesita saber quién es para serlo; pues bien, en el caso de la cultura occidental el ser humano se ha hecho objeto de sí mismo en términos teóricos y ese hecho está unido insoslayablemente a la aparición del concepto de libertad y de los derechos humanos. Es verdad, como piensa el propio Hegel, que nuestra historia no es lineal en el sentido de que el progreso ha costado mucha sangre y destrucción, muchas idas y venidas. Pero sería absurdo renegar de nuestro pasado destacando esos momentos sin dejar claro que la ganancia ha sido de proporciones inconmensurables. Si Sócrates no hubiera existido es muy probable que nuestra historia todavía sería la explotación del hombre por el hombre. Como la generación que no conocimos la posguerra y la desolación de Hiroshima, pero disfrutamos del Estado de bienestar, existe la tentación de creer que la humanidad ha vivido siempre con los privilegios que disfrutamos ahora, con el sentido de igualdad y justicia social. Pero no debemos olvidarnos de que en el valle hay agua, porque existen las cumbres heladas. Tanto la filosofía, como las lenguas clásicas, la literatura, la historia y, en general, las humanidades no son un adorno a la formación científica, sino la forma de no olvidarnos que Europa es sobre todo un humanismo inclusivo.

¿Qué herramientas nos entrega la filosofía para comprender el funcionamiento de nuestras sociedades actuales?

El filósofo es el que intenta descifrar qué es lo que en realidad está pasando y lo que nos pasa. La velocidad de cambio en la interpretación del mundo se ha hecho inasimilable y no existe un escenario inmóvil que permita alejar nuestra confusión. Vivimos encorvados por el peso de certezas públicas, pero con el interior abrumado por las dudas. Para poder habitar el mundo sin estar sometido a su inercia es necesario ser extemporáneo, como dice Agamben. En mi opinión hay mucho más que descubrir en la Ilíada de Homero que en la fusión nuclear, porque cabe el peligro de que echemos por la borda las cuotas de libertad que hemos alcanzado. Y, por supuesto, que una regresión es posible. Desde la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en el año 1968, popularizada por Blade Runner en 1982 ya se han hecho frecuentes las distopías que dibujan un futuro oscuro para la humanidad.

A mi parecer, el conocimiento humano ha adquirido tal nivel de sofisticación y complejidad que cabe el peligro de que la tecnología marque el ritmo del cambio y que el humanismo en el que nos gestamos como civilización se pierda por el camino. Hasta hace bien poco, nuestro conocimiento nos servía para luchar contra las acechanzas de la naturaleza; ahora es nuestro propio conocimiento lo que constituye el peligro de la naturaleza y de nosotros mismos. Sin esa dimensión humanística nos perderíamos como hace Leopold Bloom en el Ulysses de Joyce sin Itaca a la que volver ni donde ser reconocido.

La existencia de figuras como Slavoj Zizek, Darío Sztajnszrajber o Michael Sandel, equiparados muchas veces con ‘estrellas de rock’ por su capacidad de movilizar a gente y llenar teatros y auditorios en todo el mundo con sus ponencias y lecturas ¿Nos indica que existe un interés amplio entre la población de acercarse a la filosofía? ¿Hace falta más trabajo de divulgación, además de formación?

La sociedad de la información y el acceso al conocimiento no trae consigo de manera automática una visión global, sino que puede derivar en un tecnologismo ciego y a la consideración que sólo la ciencia experimental tiene el monopolio de la verdad. Ante esta vertiginosa carrera hay un tipo de filosofía que ha cancelado su relación con la verdad: la llamada postmodernidad quiere sustituir ese concepto por formas de poder. Yo he escuchado a Derrida decir que la amistad es un hierro de madera. Si no hay medida de lo humano, aparece inevitablemente lo monstruoso, y eso implica la renuncia a pensar porque no hay nada que entender.

Ese pesimismo que es una forma de cinismo también está contrarrestado por una demanda social por respuestas amplias que nos ayuden a comprender qué está pasando. Los filósofos, como los poetas y los artistas en general, se han convertido en los héroes de nuestro tiempo porque han buceado en el caos, han subido a las escarpadas montañas, y nos han traído en forma de tesoro claves de interpretación.  Su fama es muy meritoria porque traen luces donde hay oscuridad. Nietzsche decía que la verdadera inteligencia es hacer sencillo lo complejo. La divulgación tiene que ver con ese afán por ayudar, de un cierto compromiso con la verdad y con la convicción de que eso nos hace más libres.

En esta línea ¿Qué te parece la divulgación filosófica y de teoría cultural que se hace por medios sociales como Instagram, facebook o twitter, en la que, utilizando un formato visual o más reducido, se exponen, analizan y discuten ideas centrales de la obra de diversos filósofos y corrientes filosóficas? ¿Crees que el meme por su capacidad de propagación y de construir un conjunto de referencias altamente sintetizadas en un formato de fácil aprehensión, resulta un vehículo adecuado para acercar la filosofía a las personas?   

En la película La gran apuesta (2015), sobre la burbuja inmobiliaria de las subprymes, el relator se pregunta cómo es posible que un desastre económico global no se viera venir, y se responde de forma brillante: “la verdad es como la poesía, no le interesa a nadie”. Si la filosofía, o la poesía, o los artistas no conectan con el mundo en que viven se convierten en parte del problema. Jacinto Choza, un antropólogo español a quien admiro, cree, como Vico, que en buena parte el neolítico está llegando a su fin y que el lenguaje predicativo está dando muestras de agotamiento. Yo estoy de acuerdo con él. Hay muchos indicadores y parámetros de nuestra cultura que muestran, junto al avance científico, una nueva forma de paleolítico. Los canales de información han adquirido el carácter de lo visual y lo performativo: hoy podemos seguir un curso entero de psicología clínica de la Universidad de Harvard, formar parte de un congreso con un móvil, escuchar en el autobús Madame Bovary en su lenguaje original y, sobre todo, asistir a las versiones mitológicas universales en forma de películas que nos hacen despertar en otro sitio. La cultura audiovisual nos puede acercar a esa forma de saber que se preservó durante 300.000 años antes de la aparición de la escritura. Y podemos hacerlo sin renunciar a ella. Creo que esa “regresión” juega a favor de la renovación que toda sociedad necesita cuando parece declinar o abdicar de sí misma.

La revolución de internet, al contrario de lo que muchas veces se cree, puede cambiar el panorama del saber hacia “la vida que realmente vivimos”, como Dilthey deseaba cuando diseñaba las ciencias humanas en los albores del siglo XIX. Hasta ahora hemos tenido literatos prodigiosos. A partir de ahora podemos seguir teniéndolos junto con su voz. Las primeras formas del lenguaje fueron la danza y el canto. ¿Por qué deberíamos prescindir de ellas si la tecnología nos lo hace posible? La imagen y el ritmo pueden articularse como un lenguaje y no puede hacer ningún mal si se trata de hablar de un renacimiento de la cultura que ya no se concentraría en focos de riqueza y mecenazgo, sino a nivel mundial y para todos. La invención de la imprenta se quedaría muy corta si la comparamos con la revolución mediática del saber. Y a quien, receloso, se quejara de la posibilidad de manipulación a nivel masivo, habría que preguntarle cuándo el saber no ha tenido una dimensión peligrosa.