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La productividad marginal está asociada a los factores productivos, estos son los elementos con los que cuenta una empresa para llevar a cabo su actividad. La teoría económica clásica define tres factores de producción:

  • El trabajo: el esfuerzo de los empleados en el proceso productivo, sus horas de trabajo.
  • El capital: representa los activos de la empresa. Hay un capital físico (los edificios, la maquinaria o los medios técnicos) y un capital humano (las capacidades y habilidades de los trabajadores).
  • La tierra: en sentido amplio son todos los recursos de la naturaleza destinados a la producción. En ciertos sectores son imprescindibles, por ejemplo, en el sector primario (pesca, ganadería, agricultura o minería) y también en los sectores energéticos (solar, eólico, hidroeléctrico o combustibles fósiles).

La economía moderna empieza a considerar, como válido y cada vez más relevante, un cuarto factor productivo: la tecnología. Y, ¿qué es la productividad marginal? Pues bien, cada vez que aumentamos en una unidad algún elemento de los factores productivos, dejando el resto igual, se puede generar un aumento de la producción. Ese aumento del volumen productivo es lo que se denomina productividad marginal. Podemos, por ejemplo, aumentar el trabajo con más empleados, el capital con nuevas máquina o locales o los recursos naturales con más terrenos para cultivar.  La clave está en definir cómo modifica ese aumento, por si sólo, el nivel de producción de la empresa. Para diferenciar se suele hablar de la productividad marginal del trabajo, del capital o de los recursos naturales. También, desde hace pocos años, de la productividad del uso de la tecnología.  

 

 

La productividad marginal y la ley de Rendimientos Decrecientes.

La productividad marginal se asocia a un beneficio para la empresa. Al aumentar la  producción podemos vender más y obtener más ingresos pero, ¿esto es siempre así? La respuesta es que no porque llegará un punto en que empiece a actuar la ley de rendimientos decrecientes. Esa ley, comprobada empíricamente, demuestra que aumentar la cantidad de un factor, sin modificar el resto, al principio supone una mejora productiva, pero en algún momento empezará a disminuir, hasta llegar incluso a hacerse negativa. Estos son algunos ejemplos:

  • Un agricultor si incrementa la cantidad de fertilizante o abono en un terreno de cultivo en un primer momento obtendrá una mayor producción. Pero si sigue ampliando esa cantidad sobre el mismo terreno llegará a afectar negativamente al nivel y la calidad del producto.
  • En una cadena de montaje, si aumentamos el número de operarios será positivo en un primer momento, pero con un aumento constante llegarán a estorbarse los unos a los otros produciendo un rendimiento negativo.

La productividad marginal es un indicador interesante para la empresa, porque permite determinar la cantidad óptima de un recurso. Es ese punto concreto a partir del cual seguir aumentando ese recurso ya no mejora la producción ni la rentabilidad.  

¿Cómo definir el punto óptimo en el caso de los trabajadores?

En general, las decisiones económicas se toman comparando el coste y el ingreso marginal.

  • El coste marginal (CM) de contratar un nuevo trabajador sería la cantidad que se paga por él, la nómina y sus cotizaciones sociales.
  • El ingreso marginal (IM) se estima multiplicando la productividad marginal por su valor. Es decir, la producción extra que aporta el nuevo empleado por el precio de venta de ese producto.

Teniendo en cuenta esto, el número óptimo de trabajadores sería el que determina una diferencia mayor entre el ingreso y el coste marginal. Imaginemos un negocio donde el coste diario de un empleado son 50 euros y obtenemos estos resultados: Primer día. Un empleado nuevo: CM= 50. IM= 100. Beneficio extra 50 Segundo día. Incorporamos otro empleado: CM=100.  IM=170. Beneficio extra 70 Tercer día. Tres empleados.  CM=150.  IM=200. Beneficio extra 50 Analizando la diferencia entre el ingreso y el coste sabemos que son dos el número de empleados que podemos concretar. Con dos obtenemos un beneficio mayor (70) que con uno (50), y con tres el beneficio cae. Es algo lógico porque los clientes son limitados y también el local y la maquinaria. Este es un análisis muy básico. Además un trabajador puede aportar cosas difíciles de medir, como una mayor calidad de servicio o una mejor atención al cliente.  En todo caso, son estudios que todo negocio puede hacer y personalizar para saber cómo optimizar sus recursos productivos.  

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia