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Un estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Córdoba (UCO) y la Universidad de Sevilla (USE) demuestra que disponer de competencias de inteligencia emocional protege al alumnado frente al frente al acoso escolar o bullying. La investigación, que ha sido publicada en el British Journal of Educational Psychology, concluye que «ante una situación de acoso escolar, un conjunto de habilidades conveniente cultivado y denominado inteligencia emocional puede servir de caparazón protector ante la agresión».

acoso escolar

Los alumnos con inteligencia emocional son capaces de gestionar mejor sus propios sentimientos y los de los demás en la dirección adecuada para solucionar un problema. Por este motivo, cuando se encuentran ante una situación de acoso escolar, ya sea como víctimas o  como testigos, cuentan con más recursos para manejar la situación o pedir ayuda antes de que la situación vaya a más y sea más difícil de controlar.

Las tres vertientes de la educación emocional: reconocimiento, regulación y respuesta de los sentimientos, se constituyen en instrumentos que sirve para mejorar las posibilidades de llegar a tener una respuesta rápida y adecuada ante situaciones de violencia.

 

Una macroencuesta realizado a 2.800 estudiantes

Esta completa investigación se basa en una encuesta realizada a 2.800 estudiantes de Andalucía de un amplio abanico de edades: entre 11 y 21 años, que cursaban estudios desde primero de ESO a segundo de Bachillerato. Una de las conclusiones de estas encuestas es que el papel del profesorado es relevante para mejorar estas competencias emocionales.

Para conseguir una buena educación emocional es necesario incorporar de forma transversal, mientras se imparten otros temas y asignaturas, debates, ejercicios, material multimedia y actividades de forma que el alumnado sea capaz de reconocer las propias emociones y  también empatizar con las de los demás. No obstante, la principal causa de inicio y continuidad de los casos de acoso en el contexto escolar es la falta de capacidad de los agresores, y también de los observadores pasivos que jalean o consienten esta situación, para ponerse en el lugar de la otra persona y comprender su sufrimiento.

José Antonio Casas, del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, opina que «la labor del profesor no se circunscribe a enseñar una materia, sino que también debe motivar una serie de habilidades sociales, de comportamiento y de autoconocimiento entre sus alumnos».

Los investigadores de este estudio tienen una reivindicación muy clara: reclaman más formación del profesorado. En este sentido Rosario Ortega, investigadora de la UCO, destaca que «con este trabajo se ha puesto en evidencia hasta qué punto es importante invertir en la formación del profesorado para revertir la violencia en las aulas, ya que, aunque los educadores han adquirido mayor sensibilidad con este tema, los protocolos de actuación se pueden mejorar con la inclusión de variables como la gestión positiva de la clase o la potenciación de la inteligencia emocional».