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Panel de expertas VIU | Dra. Miriam Arely Vázquez y Mabel González Bustelo: construir la paz, una reflexión a través del diálogo

 

En un contexto tan volátil como el actual, puede parecer ingenuo hablar de paz. Con una guerra que lleva casi 7 meses haciendo temblar los cimientos de Europa, varios conflictos armados enquistados desde hace décadas en distintos puntos del globo, una crisis mundial de alimentos y energía y los impactos sociales del cambio climático cada vez más evidentes, hablar de la paz se antoja casi utópico. De hecho, cada día encontramos discursos más radicales y belicistas, en los que la violencia aparece como una opción inevitable y a la que de una u otra forma debemos acostumbrarnos. Sin embargo, por lo mismo, hablar de paz, es ahora más importante que nunca. Anteponer a la resignación belicista imperante, un discurso que dé lugar a la esperanza y ofrezca argumentos para construir una realidad distinta, es la obligación de todos los actores sociales dedicados a la búsqueda de la mejora y el progreso de nuestras sociedades y sus individuos.

Por ello, y usando como coartada la celebración del Día Internacional de la Paz, hemos querido compartir este espacio de diálogo, en que la Dra. Miriam Arely Vázquez, doctora en Estudios Internacionales de Paz, Conflicto y Desarrollo, licenciada en Filosofía y directora del Grado en Relaciones Internacionales de VIU, entrevista a Mabel González Bustelo, periodista, investigadora y consultora internacional sobre paz y seguridad; una profesional referente que ha dedicado su vida a la construcción de la paz, desde la mediación, el periodismo y la docencia, trabajando con Greenpeace, Médicos sin Fronteras, el Centro de Investigación para la Paz (CIP) y el Instituto Holandés para África Austral, en Colombia, Ecuador, México, Angola y Palestina, entre otros lugares.

Dra. Miriam Arely Vázquez:  Empecemos por el principio, ¿nos puedes explicar qué es la Paz en el sentido más preciso del término?

Mabel González Bustelo: En su acepción más simple e imprecisa, la paz sería la ausencia de guerra, la ausencia de violencia. Este es el concepto que manejamos más habitualmente. Ahora, si nos vamos a los teóricos de la paz, como el noruego Johan Galtung, vemos que hay varios niveles de violencia: la directa, o sea, los enfrentamientos violentos entre grupos; la estructural, o sea, las condiciones estructurales (económicas, sociales, culturales) que ponen a unos grupos en desventaja frente a otros en una sociedad o sistema; y la cultural, es decir, los discursos legitimadores de las dos anteriores. En este marco de pensamiento, buscar la paz sería buscar cambios en los tres ejes. Así, la paz va a ser siempre un proceso de búsqueda, y de consecución paulatina de cambios. En este sentido podríamos hablar de paz negativa como la ausencia de guerra, y paz positiva como la construcción de la paz, como un proceso a largo plazo.

La paz va a ser siempre un proceso de búsqueda, y de consecución paulatina de cambios. En este sentido podríamos hablar de paz negativa como la ausencia de guerra, y paz positiva como la construcción de la paz, como un proceso a largo plazo.”

Dra. M.A.V.: ¿Cómo se articula la relación entre ambas “paces”? ¿Es posible una paz negativa duradera sin el trabajo constante de una paz positiva? ¿Por qué tenemos tanta dificultad para coexistir de forma pacífica?

MGB: Para los que formulan y ejecutan políticas, y actúan en el ámbito de la resolución de conflictos, desde la ONU hasta actores privados involucrados en resolución de conflictos y construcción de la paz, la prioridad es siempre poner fin a la violencia directa, preferentemente mediante enfoques de diálogo y negociación. Con la idea de que esa ausencia de violencia generará unas condiciones más adecuadas para construir confianza, derribar barreras al entendimiento entre las partes, y la posibilidad de abordar las otras formas de violencia de cara a construir una paz duradera. La acción debe ser siempre doble y constante; la paz se construye cada día. 

Dra. M.A.V.: En el contexto actual, ¿estamos abocados a la guerra? ¿Cómo podemos luchar contra los discursos que muestran la guerra como inevitable? ¿Es posible la no violencia en contexto de guerra?

MGB: Estamos en un momento en que el proceso de globalización económica, que ha sido de largo recorrido y ha atravesado diferentes fases, significando siempre una mayor y más estrecha conexión económica entre países y territorios, atraviesa un momento de crisis. Esa crisis comenzó con la crisis financiera del año 2008 y los que siguieron, aunque fue de algún modo contenida en los años siguientes. La globalización económica, no hay que olvidarlo, siempre ha tenido múltiples facetas y no ha beneficiado a todos por igual; ni a los países, ni a segmentos de población dentro de los países. Hay beneficiados y excluidos. A partir del 2008 se desata una crisis que es más política, respecto al significado y las consecuencias de la globalización y que se manifiesta, entre otros, en 3 fenómenos: 1) el ascenso del populismo nacionalista o nativista, en lugares tan diversos como EE UU, Brasil, Filipinas, múltiples países de Europa (incluyendo el Brexit); 2) el ascenso del autoritarismo y formas de gobierno “iliberales” desde Hungría a Turquía; y 3) el resurgir de la rivalidad entre grandes potencias en la escena internacional. El tercer elemento se conecta con un ascenso de nuevas potencias económicas como China, Brasil o India, aún con limitaciones, y de potencias militares como Rusia, igualmente con limitaciones como estamos viendo en Ucrania.

Veamos algunos datos. Según el Banco Mundial, el PIB de China pasó de significar el 3,1% del total global en 1990 al 18,3% en 2020 (situándose en primer lugar, con EE UU en segundo e India en el tercero). En 1980, 24 de las 25 primeras empresas por facturación en el mundo eran de EE UU; en 2020 sólo diez eran estadounidenses y siete chinas. Las cifras no deben ocultar las contradicciones y problemas, pero es un crecimiento sin parangón. Este poder económico quiere ser traducido en poder político y aunque la distancia de EE UU es aún abrumadora, hay un declive relativo de este país por múltiples problemas internos incluyendo una fuerte división, un cierto repliegue internacional junto a una dificultad para imponer sus visiones del mundo y sus intereses por vía militar como lo demuestra Afganistán e Irak (pese a su capacidad militar global), y hay un cuestionamiento del “momento unipolar” que se declaró después del fin de la Guerra Fría, en los noventa. 

Entonces parecería que asistimos a lo que analistas como Amitav Acharya describen como un orden mundial emergente, donde no hay un sistema hegemónico estadounidense u occidental sino más diverso, muy complejo (con múltiples niveles de gobernanza) y con múltiples actores y agentes que son principalmente los estados, pero también organizaciones multilaterales e internacionales, empresas transnacionales, ONG y movimientos que trascienden fronteras.

Los momentos de transición en el sistema internacional -como el que vivimos de la unipolaridad a la multipolaridad- son por definición complejos y peligrosos, y generan turbulencias.”

Dra. M.A.V.: Podrías explicarnos un poco más sobre este orden mundial emergente, ¿es una evolución natural de respuesta al orden unilateral o por el contrario es una modelo como el de la Guerra Fría?

MGB: En lo político, podemos observar varios niveles. Por un lado, el paso de una unipolaridad a un orden multipolar, con múltiples actores buscando ejercer su influencia en múltiples dominios desde la paz y la seguridad hasta lo económico –incluyendo las más modernas tecnologías. Si bien el llamado “desacople” o bifurcación de la economía mundial posiblemente no se produzca en el corto plazo y tendría unas consecuencias imposibles de predecir (dado el nivel de interdependencia alcanzado, por ejemplo, todas las grandes compañías occidentales han deslocalizado su producción a China y otros), sí puede manifestarse en una rivalidad mayor en lo político, diferentes visiones del mundo, y de cuál debe ser la función de organismos internacionales como la ONU. Esto se observa en documentos oficiales y en discursos de los dirigentes de países como China, Rusia, pero también India, Turquía, y otros.

Esta diferente visión del mundo se ha manifestado, si uno mira con atención, en las reacciones de diferentes países, especialmente del Sur, con respecto a la guerra de Rusia en Ucrania y las respuestas occidentales. La aplicación de sanciones a Rusia está muy lejos de ser uniforme a nivel global, y podría decirse que se concentra en Occidente: EE UU, la UE, Japón, Australia. Más allá de eso, muchos países han sido reacios a tomar partido. Igualmente, ese escepticismo se ha manifestado en las votaciones en la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU.

Los momentos de transición en el sistema internacional -como el que vivimos de la unipolaridad a la multipolaridad- son por definición complejos y peligrosos, y generan turbulencias.

Dra. M.A.V.: Pero este sistema emergente se parece mucho a lo que vivimos a principios del siglo XX, incluso parece que hemos regresado al siglo XVI donde política-poder era sinónimo de fuerza militar ¿Crees que estamos frente a una repetición de la historia?

MGB: Ya en la Antigüedad se formuló la llamada “trampa de Tucídides”, que indica que, en determinadas circunstancias, el ascenso de una potencia frente a otra que está en declive puede llevar a la guerra.

Una manifestación ya visible de este momento histórico, agudizada con la crisis con Rusia, pero no totalmente nueva, es la competición por el rearme militar y actualmente también por las armas nucleares y de destrucción masiva. Estamos asistiendo a un incremento de los compromisos de gasto militar, por ejemplo, en Europa, sin precedentes. Las potencias nucleares reconocidas por el Tratado de no Proliferación han avanzado más lentamente de los previsto en el desarme y, por el contrario, están modernizando sus arsenales. A la vez, el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) registra y denuncia el incremento sostenido del comercio de material militar y la carrera armamentista en varias regiones del planeta. En el caso de las armas nucleares, quizá el más peligroso, durante años se viene lanzando un mensaje equivocado que lleva a otros países a pensar que precisamente la posesión de esas armas es su mejor garantía para ser respetados y no ser atacados (Corea del Norte, Irán, y otros, frente a Libia o Irak, por ejemplo).

No sé si estamos frente a un regreso de la historia, pero sí que estamos frente un momento de alta tensión.

Frente a los discursos y actuaciones belicistas, existe una nutrida y creciente red de actores que también trabajan por enfoques cooperativos y multilaterales, no competitivos, frente a las amenazas del mundo de hoy.”

Dra. M.A.V.: ¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo es posible que después del empeño puesto en robustecer el Derecho Internacional nos encontremos ante un cambio completo de política? Los principios de ONU y UNESCO se diluyen en los discursos/acciones belicistas que estamos viendo en muchos países del mundo, incluida la propia diplomacia de la Unión Europea.

MGB: Hay una contradicción evidente entre este aumento del gasto militar y las prioridades de la seguridad humana en todo el mundo. Hay varios asuntos que merece la pena mencionar.

Hay un acuerdo internacional en que los grandes problemas que afronta la humanidad se refieren a la guerra y la paz (según la OCDE, unos 57 países llamados frágiles, incapaces de dar respuesta a las necesidades de sus poblaciones y con graves debilidades institucionales, y de ellos más de 30 en conflictos armados abiertos, frecuentemente con injerencias externas); el cambio climático cuyos catastróficos efectos ya se manifiestan en todo el planeta; las pandemias, las graves desigualdades agudizadas por estos fenómenos y los masivos movimientos de población que buscan huir de esas situaciones por un futuro mejor. Se trata de amenazas interrelacionadas y que no conocen fronteras, frente a las cuales no existen respuestas unilaterales, sino que deben ser colectivas, ni tampoco respuestas militares. Deben ser respuestas basadas en un entendimiento común de los problemas, multilateralismo y acuerdo marco de actuación. Por ahí se ha avanzado, como con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, y una creciente atención a la interrelación de las amenazas a las personas (como expresa el secretario general de la ONU en su informe “Nuestra agenda común”).

En este sentido, hay que subrayar que, frente a los discursos y actuaciones belicistas, existe una nutrida y creciente red de actores que también trabajan por enfoques cooperativos y multilaterales, no competitivos, frente a las amenazas del mundo de hoy.

Al mismo tiempo, hay que subrayar que desde el siglo XX ha existido, y continúa existiendo aunque a veces es atacado o resulta menos funcional de lo deseado, un orden político multilateral que se expresa en su forma más sofisticada en la ONU, pero también en múltiples organizaciones regionales y subregionales que han contribuido de manera decisiva no sólo a crear el marco normativo hacia una acción multilateral sino a generar políticas y consensos, y a acciones concretas en el marco de la paz y la seguridad global a múltiples niveles.

Dra. M.A.V.: Quizá nos falta entender mejor el funcionamiento de la ONU o visibilizar el trabajo que han realizado todos estos años que, aunque mejorable, han contribuido a lo que la Escuela de Granada con Francisco Muñoz llaman una paz imperfecta, en constante y continua construcción.

MGB: Sin duda. En la ONU tenemos por supuesto al Consejo de Seguridad, cuya reforma se pide periódicamente, y a la Asamblea General, pero también un secretariado y un Departamento de Asuntos Políticos y Construcción de la Paz muy activo en la gestión y manejo –y resolución- de crisis en todo el mundo. Ese apoyo va desde las tareas de mediación, englobadas en los “buenos oficios” del secretario general y en la labor de enviados especiales de distinto tipo, hasta misiones políticas de apoyo a la solución de conflictos, y por supuesto las misiones de mantenimiento de la paz que se han multiplicado en las últimas décadas. Pero la ONU tiene además 33 agencias, entre ellas las mayores agencias humanitarias del mundo como ACNUR, y agencias como el PNUD que han sido clave en la definición y avance político de nuevas concepciones como la seguridad humana desde los años noventa hasta hoy.

La preservación de la paz fue la clave del origen de la ONU después de la II Guerra Mundial, y si bien esta misión ha sido imperfecta, como dices, no cabe minusvalorar lo que se ha hecho. Además de que, en muchas ocasiones, la incapacidad para ir más lejos ha estado ligada a la falta de voluntad de los estados que la componen. Pero su capacidad para ejercer una capacidad clave, aquella de “fijar la agenda”, sigue siendo muy importante. Y más importante aún, la Carta de la ONU ha definido en el sistema internacional las condiciones que hoy siguen siendo válidas para usar la fuerza: en respuesta y como legítima defensa, o cuando una situación se conforma como amenaza para la paz y la seguridad internacional (para lo cual se requiere acuerdo del Consejo).

Junto a la ONU, organizaciones como la Unión Africana han desarrollado una Arquitectura de Seguridad, igual que la OEA, y otras de carácter subregional como la CEDEAO, por ejemplo. Después de la Guerra Fría se reactivó el regionalismo “suave” que plantea el Capítulo VIII de la Carta de la ONU y la mayoría de las regiones actualizaron sus mecanismos de cooperación para lidiar con asuntos de la paz y la seguridad. Obviamente influidos por sus concepciones históricas y culturales sobre lo que es aceptable en las relaciones internacionales, y por sus intereses estratégicos. En este marco, han colaborado con la ONU y han desarrollado sus propias doctrinas. La ASEAN y la Organización de Cooperación de Shanghái reflejan un enfoque fuerte en la región asiática hacia la no intervención y el no uso de la fuerza, que perciben como instrumentos de la dominación occidental, pero han desarrollado acuerdos sobre seguridad.

La preservación de la paz fue la clave del origen de la ONU después de la II Guerra Mundial, y si bien esta misión ha sido imperfecta, no cabe minusvalorar lo que se ha hecho.”

Dra. M.A.V.: Este año, la ONU ha elegido el lema ‘Pon fin al racismo. Construye la paz’ para el Día Internacional de la Paz, sin duda se trata de un problema estructural y global que impide la igualdad real en nuestras sociedades y por extensión el alcanzar la paz verdadera ¿Nos puedes indicar otros problemas estructurales similares que impiden resolver nuestros conflictos de forma pacífica? ¿Crees que tendemos a naturalizar estas problemáticas como algo intrínseco de nuestra ‘naturaleza’ dificultando su detección y resolución?

MGB: El racismo estuvo en la base de las diferentes etapas del colonialismo y el imperialismo, protagonizado fundamentalmente por los poderes europeos. Desde la conexión del mundo atlántico a través de Europa y mediante el tráfico de esclavos de África, por un lado, y la desposesión de los pueblos indígenas de América, hasta el factor racial desplazando al religioso como fundamento legitimador de los proyectos imperiales en los siglos XIX y XX (hasta su final). Las concepciones de la raza han sido una clave fundamental de la construcción del actual orden político internacional. Y sigue siendo clave, si analizamos cómo ese factor –traducido ahora en las bases culturales- influye en los fundamentos de la “guerra global contra el terror” en la que se embarcó EE UU después del 11-S, o en discursos y políticas domésticas referidas al multiculturalismo o la inmigración. En este sentido, dedicar el Día Mundial de la Paz al racismo es no sólo lógico sino necesario como forma de poner de relieve las manifestaciones actuales de este fenómeno.

Otros fenómenos estructurales que influyen en las dinámicas de la guerra y la paz a nivel global son los desajustes y desigualdades agudizados en las últimas décadas por la globalización financiera y la concentración de la riqueza que ha generado, el cambio climático –que, cada vez más, se considera una amenaza para la seguridad y un multiplicador de amenazas en contextos frágiles y con limitada capacidad de respuesta-; los efectos disruptivos de las nuevas tecnologías, o las pandemias. Fenómenos que traspasan fronteras y pueden poner en cuestión tanto la capacidad de los estados para hacerles frente como la seguridad y supervivencia de las poblaciones.

Hay que estar atentos a si, en algún futuro próximo, surge una oportunidad de pensar y promover un nuevo orden de seguridad en Europa, y es importante ir pensando en las propuestas que podrían hacerse para que estén listas cuando surja la oportunidad.”

Dra. M.A.V.: Los pacifistas tenemos un largo camino por delante, crees que, desde la Universidad, y especialmente desde las Relaciones Internacionales, ¿podemos enseñar a construir la paz?

MGB: En este marco es muy importante actuar desde diversos ámbitos para a) visibilizar y b) contribuir a las iniciativas, discusiones, debates, sobre los enfoques multilaterales para abordar problemas globales, sobre las posibilidades de incidir en la resolución pacífica de los conflictos, y sobre otras concepciones de la seguridad que no van ligadas exclusiva o predominantemente a los enfoques militares, como la seguridad humana, y la interdependencia entre diferentes problemas que sólo cabe abordar en marcos multilaterales. Hay que visibilizar y apoyar los esfuerzos de la ONU, de algunos gobiernos, y de otros actores, para plantear alternativas a un orden que dejado a su libre albedrío nos conducirá a un sistema internacional más turbulento y violento. Y cuyo impacto lo sentirán especialmente las poblaciones más vulnerables en muchos lugares del mundo. Y que ya se está sintiendo aquí, como crisis múltiples como las de la energía, materias primas, inflación, etc.

En este sentido, es difícil pero inevitable intentar no dejarse llevar por los intentos interesados de movilizar y tomar partido en juegos de suma 0, donde cualquier discurso crítico se analiza como alineamiento con el enemigo. Hay que romper esta dinámica, y el papel de la educación y de los medios resultaría fundamental. En el caso de Rusia en Ucrania, es evidente e indiscutible que el agresor es Rusia. Esta constatación no debería, sin embargo, hacernos olvidar que después del fin de la Guerra Fría hubo propuestas para construir una arquitectura de seguridad compartida para Europa, en la que no hubiera bandos sino atención a las preocupaciones de seguridad legítimas de todas las partes. Desafortunadamente, se desaprovecharon las oportunidades que produjo el fin de la URSS y del Pacto de Varsovia, la creación de la OSCE, y se despreciaron las oportunidades de distensión. Hay que estar atentos a si, en algún futuro próximo, surge una oportunidad de pensar y promover un nuevo orden de seguridad en Europa, y es importante ir pensando en las propuestas que podrían hacerse para que estén listas cuando surja la oportunidad.

En este momento de turbulencias es clave no perder de vista los factores estructurales de los problemas que afrontamos. Hay múltiples actores e instituciones analizando y haciendo propuestas sobre enfoques de seguridad alternativos, sobre la interrelación de las amenazas y las opciones para hacerles frente, y sobre cómo contribuir a resoluciones negociadas de los conflictos violentos. Creo que es importante visibilizar esos esfuerzos y dar apoyo político a esos enfoques.

Emilio Vivallo
Emilio Vivallo-Ehijo

Equipo de Comunicación de la Universidad Internacional de Valencia.