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Expertos VIU | Emilio Servera Martínez: Reciclaje, el poder de la acción individual en el contexto global

El 17 de mayo, se celebra el Día Mundial del Reciclaje, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el fin de crear conciencia acerca de la importancia que tiene esta práctica, como parte de las medidas indispensables para frenar la situación climática y medioambiental en que nos encontramos globalmente. Aunque, afortunadamente, la práctica del reciclaje es cada vez más extendida y la conciencia acerca de su importancia está internalizada por gran parte de la población, aún persisten ciertos mitos y existe un relativo desconocimiento acerca del impacto que nuestras acciones tienen dentro de un contexto universal.

Por ello hemos acudido a uno de nuestros expertos, Emilio Servera Martínez, docente en el Maestría Oficial en Economía Circular y Desarrollo Sostenible, para que nos ayude a entender más en profundidad la importancia de reciclar. Emilio Servera es doctorando en Ingeniería del Agua y Medioambiental por la Universitat Politècnica de València, Master of Science in Natural Resource Management por la Cranfield University, e Ingeniero Agrónomo, intensificación: Recursos Naturales y Medio Ambiente por la UPV. Cuenta con una amplia trayectoria profesional en el campo medioambiental, ejerciendo actualmente como técnico en I+D+i en Las Naves. Además, a su faceta docente y profesional, suma una activa labor de investigación en temas relacionados con el cambio climático, publicando diversos artículos, capítulos de libros y comunicaciones sobre el tema y participando en varios proyectos con fondos europeos.

¿Qué impacto real tiene sobre el panorama global, el reciclaje que como individuos podemos realizar en nuestros hogares y sitios de trabajo?

El reciclaje es, ni más ni menos, uno de los modos en que desde casa o desde el trabajo podemos combatir crisis tan importantes como las de la biodiversidad o la climática. Creo que es importante destacar esas relaciones, porque pueden no ser evidentes. Tendemos a pensar en el reciclaje como algo aislado, algo que afecta sólo a la gestión de los residuos, pero tenemos que ir más allá, y entender que es parte de nuestra responsabilidad (y nuestro poder) como consumidores y consumidoras. El Panel Internacional de Recursos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que los procesos de extracción y procesado de recursos naturales son responsables de más del 90% de pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico, y de aproximadamente la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero. Transformar ese modelo extractivo y generador de residuos en uno circular y regenerativo es imprescindible como parte de nuestra estrategia de lucha contra la pérdida de biodiversidad o la emergencia climática.

‘Todo termina en el mismo sitio/se mezcla en los camiones’, ‘da igual tirar todo junto, ya se encarga la empresa/administración de separar todo’ o ‘es más contaminante reciclar que producir productos nuevos’. Son algunos de los mitos más extendidos en torno al reciclaje ¿Se te ocurre alguno más y nos puedes clarificar cuál es la realidad frente a estos mitos?

La realidad es que vivimos en un planeta con recursos limitados, y es totalmente insostenible seguir consumiendo como si las materias primas fueran infinitas. Acabamos de pasar el “día de la sobrecapacidad” en España, el día en que los recursos que el planeta es capaz de generar en un año se habrían consumido si toda la humanidad consumiera recursos al mismo ritmo que lo hacemos aquí. Según estimaciones de Naciones Unidas, si no cambiamos las tendencias actuales, necesitaríamos tres planetas en 2050 para poder proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los estilos de vida actuales. Como eso es imposible, no tenemos más remedio que cambiar drásticamente el rumbo. Por ejemplo, el pacto verde europeo incluye como una de sus piezas fundamentales un plan de acción para la economía circular. Ignorar esa realidad supone dejar de lado una oportunidad clave para realizar transformaciones urgentes en nuestra sociedad.

Más que indicar algún otro mito en torno al reciclaje, prefiero aprovechar la oportunidad para hacer referencia a un dato que creo que es poco conocido pero muy importante: un litro de aceite de cocina usado mal gestionado, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, puede llegar a contaminar mil litros de agua. Otras fuentes proporcionan estimaciones aún mayores de esa capacidad de contaminación, pero más allá de la cifra exacta, lo que está claro es que es fundamental evitar desechar estos residuos por el fregadero u otros elementos de la red de saneamiento. Gestionarlo de manera adecuada es muy sencillo, sólo hay que recogerlo en casa en una botella de plástico usada, y cuando esté llena entregarla en los sistemas de recogida específica habilitados en cada municipio.

¿Cómo funciona el reciclaje de residuos de un hogar una vez estos son recogidos desde los contenedores? ¿Qué proceso sigue?

Más que un único proceso deberíamos hablar de múltiples procesos, ya que cada una de las fracciones que recogemos de manera separada, y que depositamos luego en un contenedor o punto de recogida distinto, será procesada de una manera diferente, y por distintos gestores. No existe tampoco una solución única, o un único proceso de gestión para cada tipo de residuos, sino que las distintas administraciones tienen cierta libertad a la hora de decidir que procesos quieren implantar en su territorio, o cuáles no. Por poner un ejemplo, la recogida selectiva de materia orgánica no se lleva a cabo de manera generalizada aún. Donde se desarrolla, puede permitir comenzar a aplicar a gran escala la economía circular, por ejemplo, procesando esos residuos orgánicos mediante procesos de compostaje, que permiten la producción de un abono (llamado compost), de gran calidad. La utilización de ese compost en agricultura permite regenerar los suelos almacenando carbono en ellos, y recircular materiales y nutrientes a la vez que se reducen las dependencias e impactos que se derivan del uso de fertilizantes químicos.

¿Qué evolución han tenido los procesos de reciclaje durante las últimas tres décadas? ¿Qué reciclamos a día de hoy que antes no se podía? ¿Hay algún avance o futuro avance (en que se esté trabajando, o falte poco para implementar, por ejemplo) que te parezca importante destacar?

El grado de avance depende mucho aún del compromiso y recursos de las administraciones y de otras entidades responsables de la gestión de residuos. En municipios como València, por poner un ejemplo que conozco bien, el cambio ha sido enorme. Tenemos cada vez más tipos de contenedores cerca de casa, que nos permiten reciclar residuos orgánicos y los aceites usados que comentaba antes, o ropa, por poner tres ejemplos que antes no existían. Además, tenemos acceso a ecoparques móviles, que se sitúan cada día de la semana en zonas diferentes de la ciudad para que podamos usarlos de manera más fácil, y que nos permiten hoy en día poder gestionar de manera adecuada prácticamente la totalidad de los residuos que producimos. También me gustaría destacar el denominado “reciclaje de alto valor” o “supra-reciclaje”, dos de las posibles traducciones del término inglés “upcycling”, que estuvimos debatiendo hace poco en la asignatura de “Sistemas Alimentarios y Territorio Sostenible” del Máster en Economía Circular y Desarrollo Sostenible. Son procesos en los que mediante el reciclaje se consiguen transformar residuos en productos de mayor valor. Es decir, procesos que permiten que dejemos de gestionar ciertos materiales como residuos, y que se mantengan en uso mediante su transformación en productos de alto valor. Son técnicas con muchísimo potencial, por ejemplo, en el sector alimentario, donde determinados subproductos que hoy en día se gestionan como residuos o simplemente se dejan pudrir en el campo, como las cerezas del café o la pulpa del fruto del cacao, podrían emplearse para la fabricación de edulcorantes. Por dar una cifra, la Fundación Ellen Macarthur estima que mediante el “upcycling” de sólo el 1.4% de los residuos de cultivos a nivel mundial se podría cubrir la demanda global de jarabe de glucosa, que es un producto ampliamente utilizado en la industria alimentaria.

¿Qué consejos nos puedes dar para mejorar nuestras prácticas de reciclaje? ¿Qué cambios podemos hacer en nuestras rutinas para ayudar a disminuir el impacto negativo que tenemos sobre nuestros entornos?

Igual que en salud hablamos de que es mejor prevenir que curar, en gestión de residuos también se habla de prevención, y se dice habitualmente que el mejor residuo es el que no se genera. Enlazando con la primera pregunta, y con la referencia que hacía a nuestro poder y responsabilidad como personas consumidoras, mi consejo sería pensar en el reciclaje no cuando estemos en casa y vayamos a tirar algo a la basura, sino cuando estemos comprando. Evitemos comprar en exceso, evitemos comprar cosas que no necesitemos, evitemos comprar productos con excesivos envases o embalajes, o que no sean reciclables, y evitemos comprar productos de un solo uso cuando tengamos alternativa. Si queremos aspirar a vivir dentro del espacio seguro y justo para la humanidad que define Kate Raworth en su modelo de la “economía del donut”, si queremos conseguir ese desarrollo económico inclusivo y sostenible sin exceder los límites planetarios, tenemos que intentar tener en cuenta, entre otras muchas cosas, cual el destino final de todo lo que consumimos cada vez que elegimos un producto o un servicio.

Emilio Vivallo autor
Emilio Vivallo

Equipo de Comunicación de la Universidad Internacional de Valencia.