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Quienes superen las dos décadas de vida recordarán con nostalgia un género que poblaba las estanterías a finales de los 90 y encandilaba a cualquier niño con su jugabilidad frenética, sus divertidas, desenfadadas tramas y sus rimbombantes melodías. Hablamos, por supuesto, de los plataformas 3D y de sus memorables personajes que en muchas ocasiones se han alzado como iconos del videojuego.

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Sin embargo, con la llegada del juego online –primero– y de los mundos abiertos –después–, la atención de los medios y del público pasó a otros géneros, eminentemente los shooters y sandbox. ¿Dónde han quedado los antaño ubicuos plataformas 3D? Hoy echaremos la vista atrás para repasar el auge, caída y renacimiento de este género.  

Unos inicios erráticos

Hubo una época en la que los plataformas bidimensionales reinaban en el Olimpo de la industria del videojuego. Los side-scrollers como Mario, Donkey Kong Country, Wario Land o Sonic se repartían el mercado de los 80 y principios de los 90 y ni los juegos de lucha ni los de matamarcianos podían hacerles sombra. Sus características y requerimientos los hacían idóneos dadas las limitaciones de las máquinas en las que corrían. Entonces, y tras los escarceos con el 3D del Modo 7 de SNES y del accesorio 32X de Mega Drive, surgieron PlayStation, Nintendo 64 y Sega Saturn, las que consolas que cambiarían para siempre los sprites por polígonos. La transición al 3D había llegado y, aunque los juegos en 2D no desaparecerían, nada mejor que un entorno tridimensional para que las empresas mostraran músculo tecnológico. Pasar a 3D las franquicias que ya gozaban de buena salud parecía el paso lógico, mas muchos de los primeros intentos al incorporar la tercera dimensión a sagas consolidadas quedaron en agua de borrajas: tales son los casos de 3D Lemmings o Mega Man Legends, que echaron por tierra el buen hacer de sus entregas en sprites, desvirtuando o entorpeciendo la jugabilidad original e introduciendo en demasiadas ocasiones problemas de cámara.  

La fiebre de los plataformas 3D

En 1996, Nintendo dio con la tecla con un Super Mario 64 dispuesto a impartir lecciones sobre cómo llevar una franquicia a las 3D y cómo crear unos entornos ricos y llenos de actividades para justificar el salto dimensional. Con el 3D acaparando la atención de los medios, el paso lógico para los pesos pesados de los videojuegos –eminentemente plataformeros– fue apuntarse al carro en sus entregas más mediáticas. Así surgieron Crash Bandicoot o Spyro the Dragon en PlayStation, y Banjo Kazooie o Donkey Kong 64 en Nintendo 64, entre muchos otros. La atención, publicidad y repercusión de los títulos que podían considerarse superproducciones no dejaban lugar a dudas: los videojuegos tenían un nuevo género rey, y ése era el de los plataformas 3D. ¿Qué los hacía tan especiales? El indiscutible carisma de sus personajes, el derroche de imaginación de sus niveles y su enfoque centrado en la pura diversión, sin tapujos, fueron sin duda ingredientes clave, pero el factor determinante fue, de nuevo, la simbiosis software-hardware. La necesidad comercial de mostrar entornos tridimensionales casaba a la perfección con el concepto que acuñaron los plataformas 3D. La libertad de recorrer los escenarios buscando la forma de llegar al siguiente saliente y la exploración de todos sus rincones para conocer el nivel al 100% eran experiencias totalmente nuevas para el jugador y encajaban como un guante con las prestaciones de las nuevas máquinas.  

El declive del siglo XXI

Por muy adorados que fuesen sus protagonistas y muchas portadas que acapararan en los noventa, el presente siglo no favoreció al género en modo alguno. Durante la sexta generación (1999-2006) algunos estudios veteranos le siguieron insuflando vida con trilogías como Jak and Daxter de Naughty Dog o Sly Cooper de Sucker Punch, pero a la generación siguiente sendos desarrolladores se apartaron de ellas para abordar otros géneros. Tan sólo Insomniac y su Ratchet y Clank (aunque ha coqueteado con otros géneros), junto con las excelentes entregas de Mario en 3D, animaron un estilo de juego que fue cayendo en desuso. Pese a que casi todas las sagas que hemos mencionado fueron retomadas en algún momento, su desarrollo pasó a manos de otros estudios que pocas veces estuvieron a la altura, y sus juegos quedaron opacados por las superproducciones de otros géneros. Por su parte, el mediático Sonic fue protagonista de verdaderas aberraciones jugables y sólo tras numerosos experimentos fallidos encontró una fórmula en 3D con buenos resultados. En los últimos años la sequía de lanzamientos ha sido cada vez más acuciante, llevándose los juegos online y de cariz más adulto y realista toda la atención, portadas y ventas. La crisis de los plataformas 3D se puede achacar a diversos factores, desde la sobreexplotación que sufrieron en su época, al envejecimiento del público, a la fuga de desarrolladores, hasta la dificultad de incorporar elementos online a su fórmula. En todo caso, es innegable la decadencia de un género que una vez fue el abanderado de la industria y del que hoy en día los jóvenes apenas distinguen a sus protagonistas. A pesar de todos estos elementos en contra, hay uno que está devolviendo los plataformas 3D a la vida.  

La nostalgia siempre vuelve

Si no te has pasado los últimos años incomunicado bajo tierra, seguro que te has percatado del fenómeno del momento. No sabemos si a Hollywood se le ha acabado la imaginación, si son los ciclos de la moda o una serie de casualidades, pero podemos constatar que en materia de entretenimiento existe una tendencia a recuperar elementos del pasado, en particular de los noventa. El futuro próximo está salpicado de continuaciones y reboots. Incluso en el mundo de la moda, en el cual hoy en día casi todo vale, parecen surgir ramalazos de los eclécticos noventa. En el batiburrillo de públicos, plataformas y tecnologías de los videojuegos, entre innumerables secuelas de títulos fotorrealistas, también se percibe el impulso de una industria que trata de revivir los plataformas 3D. Tan sólo este año hemos vivido la llegada de la pareja Yooka Laylee (cuyo Kickstarter batió récords) y la remasterización de la trilogía original de Crash Bandicoot, mientras que las nuevas entregas 3D de Mario y Sonic podrán toda la carne en el asador estas Navidades. A su vez, más de una docena de indies han visto en Steam otro filón en el que poner de moda este estilo de juego. Tanto la vuelta de franquicias consolidadas como la irrupción de nuevas IPs promueven el retorno de lo simplista, de personajes memorables capaces de soportar el nombre del título en sus hombros, y se inclinan por un tipo de juego que, al igual que los entornos en los que se desarrolla, valora las mecánicas y sensaciones por encima de la verosimilitud del mundo y sus acciones, conformando la más pura de las experiencias de juego.   ¿Quieres participar activamente en el resurgir de los plataformas 3D? El máster en diseño y desarrollo de videojuegos que te ofrecemos en VIU puede ser el impulso que necesitas para convertirte en el desarrollador del próximo Mario.  

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia