El COVID19 ha afectado nuestra forma de vida en prácticamente todas sus facetas. Una de las más notorias es la aceleración e intensificación de los proceso de digitalización que ya estaban en marcha: desde el consumo explosivo de medios en línea, pasando por el desplazamiento de la socialización a entornos virtuales, hasta el teletrabajo y el cambio forzado de la enseñanza presencial a la online. Se trata de un proceso que, aunque ya se encontraba en marcha, se ha acelerado a una velocidad vertiginosa producto de las necesidades impuestas por la pandemia.

Para conocer un poco más sobre la consecuencias de este proceso a nivel psicológico, nos pusimos en contacto con la Dra. Arantxa Duque Moreno, doctora en Neurociencias y directora de la Carrera en Psicología de la Universidad Internacional de Valencia.

¿Qué costumbres se han visto más afectadas con la digitalización obligada por la pandemia?

 Uno de los aspectos más destacables es el aumento del consumo de medios, especialmente de canales digitales como la prensa digital o la televisión multimedia, que se inició con el aislamiento al que se ha vio forzada la mayor parte de la población como consecuencia de la medida generalizada de confinamiento para hacer frente al brote inicial. Con el fin de poder interactuar con los demás, también se empezó a utilizar, experimentando un aumento exponencial el uso de internet y, de forma más concreta, el consumo de juegos y de aplicaciones de comunicación como Whatsapp o Skype.

 ¿Qué impactos tanto negativos como positivos en la salud mental han traído las tecnologías digitales?

Las tecnologías digitales han dado paso con fuerza a la sociedad hiperconectada. Esta hiperconexión representa al mismo tiempo las dos caras de la misma moneda. Por un lado, es positiva debido a que permite satisfacer uno de los conjuntos de necesidades básicas según la Pirámide de necesidades de Abraham Maslow, las necesidades sociales como la facilidad de las interacciones y de la afiliación a través de la pertenencia a los grupos y redes sociales. Por otro lado, puede ser negativa, ya que estamos permanentemente conectados a algún tipo de dispositivo electrónico, lo que no es una conducta adaptativa, como, de hecho, ocurre con cualquier conducta realizada de forma excesiva. Además, estamos conectados, pero solos, esta es la gran paradoja de las tecnologías digitales. Podemos pensar en la imagen de varios amigos reunidos, pero cada uno mirando hacia su dispositivo móvil.

 ¿Cómo han visto los individuos, en su dimensión de trabajadores, afectada su salud mental con estos cambios a la virtualidad?  

Se podría decir que hay un lema fundamental en la sociedad actual: digitalizarse o morir. La transformación hacia la virtualidad ha afectado a prácticamente todos los sectores económicos en tres sentidos: ha habido destrucción de algunos empleos, expansión de otros empleos y el tercer cambio muy representativo ha sido la irrupción del teletrabajo que o bien ha desbancado al trabajo presencial o bien, como mínimo, le ha quitado mucho terreno. Así, una gran cantidad de empresas han tenido que asumir nuevos estilos de trabajo. En principio, el teletrabajo ofrece mayor libertad para gestionar el contexto espacio-temporal de trabajo y coordinarlo con el del resto de tareas y obligaciones de la vida de la persona. Sin embargo, un problema a destacar es que esta reinvención digital ha sido dramáticamente rápida, se ha producido a un ritmo tan frenético que de forma inevitable afecta a la salud mental, simplemente por el hecho de no disponer de un margen temporal que permita un ajuste adaptativo a la nueva situación. Asimismo, la hiperconectividad tampoco ha ayudado mucho, ya que podemos trabajar desde prácticamente cualquier lugar, lo que hace que se diluya enormemente el contexto espacio-temporal que separa el ámbito laboral del personal. Por tanto, la libertad que da el teletrabajo es positiva para la salud mental si se gestiona de forma adecuada, pero adquiere un carácter negativo y desadaptativo si se pierde el control sobre el tiempo y el espacio dedicados al trabajo.

 ¿Cuál ha sido y está siendo el papel de las aplicaciones en este contexto pandémico?

Antes de la pandemia ya existían las aplicaciones y la sociedad hacía uso de ellas. Por ejemplo, Facebook se fundó en 2004 y Twitter se creó en 2006. Sin embargo, durante la pandemia, las aplicaciones móviles ayudaron a mantener o recuperar muchas de las actividades cotidianas como reuniones de trabajo, la interacción con los seres queridos e, incluso, la actividad física y el deporte. En efecto, los datos muestran que las aplicaciones han impactado con fuerza en todo el mundo y que su tendencia va en aumento. Según los datos del estudio “Situación Global Mobile” realizado en los años 2020 y 2021, de las personas que utilizaron un dispositivo móvil al menos una vez al mes: el 89% utilizó medios sociales y mensajería instantánea en el año 2020 y el 89,6% en el año 2021; el 66% utilizó aplicaciones de compras y el 69,4% en el año 2021; el 65% utilizó aplicaciones de entretenimiento y vídeos y el 67,2% en el año 2021; el 65% utilizó aplicaciones de mapas y el 61,8% en el año 2021; el 52% utilizó aplicaciones de música y el 52,9% en el año 2021; el 47% utilizó aplicaciones de videojuegos y el 52 % en el año 2021; el 35% utilizó aplicaciones financieras y el 38,7% en el año 2021; el 26% utilizó aplicaciones relacionadas con la salud y el deporte y el 29,4% en el año 2021; y el 11% utilizó aplicaciones de citas y el 11,4% en el año 2021. De esta forma, se puede ver que prácticamente todas las aplicaciones han experimentado un aumento de su uso.