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Este viernes 18 de diciembre se celebra el Día Internacional del Migrante, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas el año 2000. Por ello, desde la Universidad Internacional de Valencia, contactamos con la escritora, periodista y coordinadora del Máster en Edición y Gestión Editorial de VIU, Violeta Serrano, para que nos respondiera algunos preguntas sobre la inmigración y la población migrante, un tema que trata en profundidad en su libro ‘Poder Migrante’.

 

En ‘Poder Migrante’ afirmas que “migrantes somos todos” ¿Podrías explicarnos un poco el significado de esta frase?

Debido a la situación de inestabilidad mundial que atravesamos en estos tiempos a causa de la COVID-19, entre otras razones, estamos más posibilitados que nunca para entender qué siente una persona que se va de su país, de su entorno cercano, que deja todo atrás y se ve obligado a abrirse camino en un mundo nuevo, con una cultura distinta, con unas reglas diferentes que deberá comprender y asumir a medida que se va a incorporando al lugar de llegada. ¿Por qué? Bien, porque justo eso es lo que estamos sintiendo todos nosotros ahora. Sentimos que nuestro mundo conocido se desvanece e intuimos que a partir de ahora deberemos readaptarnos y navegar en una incertidumbre muy potente. Esto tal vez era sólo patrimonio de los países no desarrollados y lo mirábamos de lejos incluso con cierto paternalismo, sin embargo, a partir de ahora, y creo que con la pandemia esto se ha hecho incuestionable, somos más conscientes que nunca de que todos viajamos en el mismo barco y deberemos remar en la misma dirección para salir a flote. Los problemas que enfrenta la humanidad hoy son globales: desde las migraciones por razones diversas hasta el desafío del cambio climático. En este sentido, tal y como explico en mi libro ‘Poder migrante’ (Ed. Ariel), las personas extranjeras que llegan a nuestro país no son enemigos, sino aliados: gente valiente que tienen mucha más experiencia que nosotros en abrirse camino en situaciones de inestabilidad y de incertidumbre. Y, dentro de poco, me atrevo a decir que con mucha más conciencia ambiental también, porque las migraciones ya no serán únicamente por razones económicas y/o humanitarias por desplazamientos debido a conflictos bélicos, por ejemplo, sino también debido a la escasez de recursos esenciales como puede ser el agua. Nos conviene, a todos, replantear la gestión de los recursos y de la demografía mundial porque el desequilibrio es brutal y estamos llegando a límites insostenibles.

¿Cuáles son, a tu juicio, los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente la población migrante en Europa y en España?

Estamos atravesando un periodo bisagra. Un mundo viejo se muere y otro nuevo comienza y, en ese espacio, surgen monstruos. Eso decía Gramsci, y creo que tiene razón. Traigo esta cita aquí porque creo que ese es el mayor desafío al que se enfrentarán las personas migrantes que están llegando -y lo seguirán haciendo- a España y a Europa en general. No tanto conseguir un trabajo con un sueldo digno, cosa difícil ya para los autóctonos directamente, sino sentirse aceptados en medio de una situación de crisis. La población autóctona se siente insegura y atemorizada. Ciertas narrativas políticas van a utilizar -ya lo están haciendo- la figura del migrante como una palanca para construir odio y ganar votantes por la vía fácil, esto es, no atendiendo a la lógica discursiva de respeto al lenguaje que todo político debería respetar, sino instalando mentiras del tipo: ‘los inmigrantes vienen a robarte el trabajo’, o, ‘son vagos y delincuentes’. Esto es lo que Christian Salmon denomina ‘la era del enfrentamiento’. Bien, ninguna de las afirmaciones anteriores es rigurosamente cierta y creo que es labor de la propia ciudadanía enfrentar esas lógicas binarias de discusión que sólo crean problemas de conflictividad social. Debemos saber que los migrantes no sólo no son enemigos a temer, sino una necesidad económica para una Europa -y una España- con unos datos demográficos muy preocupantes: somos un continente envejecido con una tasa de natalidad muy baja. Tenemos la suerte de recibir población joven con ganas de trabajar y hacerse cargo de labores esenciales que muchos en España y/o Europa no quieren asumir, ya no porque no les gusten, sino porque lo que se pagan por ellas no da para vivir con dignidad en un estándar de vida europeo. Lo inteligente es incorporar a esa población migrante joven a nuestro sistema de manera legal, de tal modo que puedan pagar impuestos como el resto de trabajadores. Hoy en España, según Gonzalo Fanjul, economista de PorCausa, un migrante en situación irregular le cuesta al Estado 2.000 euros por persona y año. No pueden aportar más que por impuestos indirectos. Sin embargo, si se regularizase su situación, cada uno de ellos haría una contribución neta positiva de 3.250 euros por persona y año.

¿De qué manera influyen las nuevas dinámicas de auto representación e interacción en red, en la percepción y formas de relacionarse de la población ‘nativa’ con la población migrante?

Las redes sociales tienen muchas cosas positivas, pero también varias negativas en todos los campos, y la gestión de las migraciones no es una excepción. Se puede generar odio de una forma muy sencilla a través de las cámaras de eco que ciertas narrativas políticas usan de manera sistemática, desde luego. Es muy fácil convencer y fortalecer prejuicios a través de la comunicación exclusivamente online. Sin embargo, no es menos cierto que las redes sociales también han posibilitado un acercamiento entre personas de lugares absolutamente dispares unidas a través de un hashtag, que no es otra cosa, al fin y al cabo, que una emoción común, un eslogan, un sentimiento de solidaridad global. Pasó, por ejemplo, tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en EEUU. Esto supuso una ola de solidaridad global a través del #BlackLivesMatter que, sin duda, tuvo incidencia como movimiento social en las últimas elecciones generales de Norteamérica.

¿Cuáles son las oportunidades y beneficios que la población migrante aporta y/o puede aportar a las sociedades europeas y a la española en particular?

Beneficios culturales, sin duda, porque como he dicho al principio, las personas que migran son aquellas que han tenido el arrojo suficiente para dejar todo atrás y atreverse a hacer camino lejos de su mundo conocido. Eso, justamente, es lo que necesitamos aprender ahora. Todos. Y, como he dicho antes también, beneficios económicos. Según la OCDE España va a necesitar incorporar al mercado de trabajo a 900.000 personas entre 2020 y 2050 si quiere mantener su Estado del Bienestar. Es imposible que se sostenga con la demografía que presenta nuestro país. Europa, por su parte, creo que tiene dos puntos para ganar en esta lucha: uno, el simbólico. En una geopolítica mundial en la que se está dando una batalla por el poder hegemónico entre China y EEUU, el continente europeo corre el riesgo de convertirse en una pieza de museo. Puede, sin embargo, recuperar su posición como estandarte de los Derechos Humanos y revisar desde esta óptica sus políticas migratorias y de trato a los refugiados. No es costoso, al revés: Europa necesita juventud y revertir una tasa de natalidad que, si miramos en detalle, es espeluznante. Me parece que lo primero que tenemos que hacer es dejar de tener miedo al diferente: el mundo es global, bien, aceptémoslo y empecemos a entender que lo único que hace que no nos guste que vengan extranjeros a nuestro territorio es una lógica de pureza que ya no existe más. Y el miedo no conduce a nada bueno. Superémoslo, caminemos juntos: la mezcla no es peligrosa, lo que realmente debería darnos miedo es encerrarnos en nosotros mismos y fortalecer el enfrentamiento cuando necesitamos, más que nunca en las últimas décadas, cooperar y salir adelante. Los migrantes son aliados para esto, no enemigos. Ahora, todos lo somos.