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Expertos VIU

Expertos VIU | Dr. José Miguel Arce Martínez: la curiosidad como el viento que aviva la llama del conocimiento

El Dr. José Miguel Arce Martínez es un torrente de creatividad, conocimiento y apetito por aprender. Dueño de un CV tan extenso que resumirlo en un párrafo biográfico como este resulta imposible, en VIU ejerce la docencia en el Pregrado en Comunicación,  en el Pregrado en Educación Infantil, en el Pregrado en Humanidades y en la Maestría Oficial en Patrimonio y Gestión Cultural. Pero la docencia es solo una de las facetas en que el Dr. Arce Martínez aplica su extenso conocimiento y múltiples talentos. A finales del año pasado, comisarió la exposición del diseñador gráfico y artista Pepe Gimeno en la Fundación Bancaja, un hito que al que ha dado continuidad, comisariando la exposición “Rafael Contreras y Los Mongrell”, que se inaugura este próximo noviembre en el Ayuntamiento de Valencia.   

Para conocer más sobre esta faceta de su actividad profesional, nos pusimos en contacto con él y le planteamos una entrevista sobre la experiencia. Una conversación que sirvió también de coartada para conocer sus puntos de vista sobre el arte, las humanidades, y el devenir de nuestra cultura. Fue un intercambio muy fructífero, y esta es solo la primera entrega surgida de ella, centrada, esta vez, en su experiencia como comisario.

Tienes una extensa formación en los campos de las Bellas Artes y el Diseño, pero también en Filosofía, Marketing y Educación ¿Nos puedes contar un poco sobre ti y qué campos del saber son los que más te apasionan?

Desde que tengo uso de razón me ha gustado la figura del humanista del Renacimiento, ejemplo de virtudes, que pretende aunar para sí todas las áreas del saber con una curiosidad y avidez de conocimiento propia de un niño. El ejemplo más preeminente está en Leonardo Da Vinci, dibujante, pintor, escultor, anatomista, ingeniero, inventor, tañedor de laúd, y aficionado a la cocina. En mi opinión la vida tiene dos modos de vivirla, un sentido práctico y un sentido espiritual, o dicho de otro modo el plano profesional y el pensamiento existencial, que dota de autenticidad a nuestra vida mortal.

A lo largo de mi trayectoria formativa y vital me he dado cuenta de que las áreas del conocimiento están interconectadas, que un campo te lleva al otro.

En el Renacimiento con la maravillosa aparición masiva de las universidades se ampliaron las fronteras de la escolástica donde el conocimiento se reducía al monasterio como reducto sapiencial. En esto la aparición de la imprenta resultaría crucial en la difusión de la cultura.

Cierta es la frase del fundador de la escuela ática, cuando más sabes, más sabes que no sabes… porque se amplía el campo de visión y nos quedamos pequeños frente a la inmensidad del insondable Universo. Efectivamente en la vida tenemos que ser consecuentes con el “sólo sé que no se nada” de Sócrates y estar abiertos a aprender con humildad todos los días. Newton afirmaba que el conocimiento humano es algo así como una gota de agua en un inmenso océano, y a pesar de que Montaigne afirmaba que aquellos que se quejan de lo corta que es la vida es porque no la aprovechan, la verdad es que lo preocupante es que en nuestro empeño por salir de la caverna comprometemos mucho tiempo del que carecemos.

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Creo que la humanidad progresivamente va evolucionando en sensibilidades, puede que por momentos se retrotraiga, pero es innegable que históricamente vamos hacia adelante en muchos sentidos. Parece que fue ayer cuando por un agravio nos matábamos a garrotazos como en el cuadro de Goya, o en pleno romanticismo “muy educadamente” echábamos el guante y nos batíamos en duelo a espada o pistola. Esto ha cambiado. Como decía al principio, creo que tenemos que superar el error de los humanistas que nos han precedido, partieron del ego en sus disquisiciones, el ego concibe individuos y por ende cae con frecuencia en el individualismo. Somos seres “dividuos” tenemos que fijar nuestras miras en la colectividad, en el bien común, superando los intereses personales. Cuanto bien haría este tipo de educación en los futuros políticos superando la corruptibilidad de sus acciones si éstas se focalizaran en la ciudadanía y no en el enriquecimiento propio. A fin de cuentas, para Platón el buen gobernante debía ser “filósofo”, y el gobernado estar cualificado para elegir a sus representantes para lo cual debía de pasar el “examen” de aptitud, la Paideía.

En contra de lo que se cree, sabio no es aquel que acumula conocimientos, a eso se le llama ser un polímata. La figura del sabio no se resume en un saber enciclopédico del mundo. Resulta llamativo, pero en la actualidad podemos acceder a cualquier contenido a través del “Big Data” de internet o con la Inteligencia Artificial. El sabio no se caracteriza por ser un ejemplo mental sino por su conciencia vital y sentir espiritual. Pensamiento, palabra y acción trascienden el materialismo positivista. Los maestros espirituales de oriente son los verdaderos sabios, un ejemplo de vida.

Creo que en mi inclinación para las Artes ha tenido algo que ver lo fenotípico, aunque hay mucho de connatural o congénito. Esta sensibilidad fue adquirida genealógicamente a través mis tíos abuelos y de su madre venida de Italia -mi bisabuela- de la que a buen seguro heredaron éstos buena parte de esa sensibilidad propia de la cuna del arte. Es muy probable que ya en Gandía donde se instaló al casarse con un valenciano abonara con su cariño el buen gusto entre sus hijos. Uno de ellos, mi abuelo José fue modisto o sastre, hacía trajes o vestidos a medida. Sus hermanos también mostraron ciertas cualidades artesanas o artísticas. Fuensanta estudió corte y confección, especializándose en bordados, Melchor era pintor de cuadros, le gustaba la interpretación, por sus venas rezumaba pura bohemia, su refinamiento llegaba al punto de echar colonia por la calle para que oliera bien, frascos que tomaba de la perfumería-droguería de su hermano, de nuevo mi abuelo. Negocio que le puso el padre de éste, mi bisabuelo, para asegurar su futuro profesional. Resulta llamativo que Melchor, como pintor, en vez de firmar sus obras con el primer apellido, lo hiciera con el segundo de la madre: “Bruno”. Esto prueba el influjo evidente que debió ejercer el matriarcado en sus hijos. El primo de éstos también fue pintor de caballete, con una técnica más depurada, empleaba un tenebrismo propio del costumbrismo de Bartolomé Mongrell. Lo sé porque por fortuna de mis tíos abuelos conservo varias pinturas al óleo cuyas temáticas van del retrato al paisaje, hasta llegar al bodegón.

Si hablábamos de la presunta sensibilidad de mi bisabuela por la huella indeleble que dejaría en sus hijos, no fue menos la de su marido, padre de todos ellos, que laburaba otro oficio artesano, el de zapatero. Muy probablemente pensó que esto no bastaría para mantener a sus cinco hijos y velar por su bienestar, por lo que con emprendimiento desde su modesta posición acabo regentando el Casino Republicano de Gandía. En su nueva faceta como empresario demostró su refinado gusto y gentileza, haciendo él mismo el tueste del café, renovando la vajilla cada año, o implicándose en obras benéficas con las monjas clarisas.

Has comisariado la exposición de Pepe Gimeno en la Fundación Bancaja ¿Nos puedes contar cómo ha sido la experiencia?

En 2017, interesado por toda la obra artística y de diseño gráfico de mi admirado amigo Pepe Gimeno, le plantee la posibilidad de hacer una exposición antológica en la que confluyeran ambas disciplinas. Combinar ambos campos, lo plástico y lo gráfico, supone dentro del sector de la comunicación gráfica un elemento diferenciador de este artista multidisciplinar, por lo que plantee esta disruptiva filosofía expositiva en la Fundación Bancaja. El 21 de octubre del 2019 tengo una primera conversación para presentar la idea general de la exposición, y el 13 de diciembre del mismo año se amplía el ideario de la muestra. La idoneidad del proyecto en el contexto de la Capitalidad Mundial del Diseño de Valencia era total, y su idiosincrasia novedosa, donde piezas de arte y diseño de un mismo autor relacionadas formal y conceptualmente suponían un hito, no sólo en la filosofía expositiva de la Fundación Bancaja, como se ha dicho, sino en la de otros espacios museísticos del ámbito nacional. Asimismo, la selección de piezas y el montaje de éstas en sala supuso un reto en el que logramos como novedad desplegar el espacio plano en tres dimensiones mediante unos paneles adosados a la pared en perpendicular que contenían la gráfica, que subdividían por áreas o secciones las piezas de artes plásticas cuyos originales se relacionaban directamente con la gráfica colindante mediante la correlación de analogías yuxtapuestas. Asimismo, esta segmentación visual favorecía la focalización pausada en el visionado de las obras de la muestra. Pepe Gimeno asumió la que ha sido la exposición más difícil y la más representativa o ilustrativa a su vez de sus 50 años de carrera. La gran acogida que ha tenido por la didáctica, conceptual y experiencial, ha sido magnífica y ahora estamos estudiando su itinerancia extramuros.

Inicialmente me pareció interesante llamar a la exposición “diálogos-diágrafos” que significa conversación a través de lo visual, o diálogos a través de la imagen. En este título no disociativo, artes plásticas y diseño gráfico quedan equiparadas en un mismo plano como elementos parejos dentro de una misma realidad visual. A Pepe Gimeno le pareció ocurrente, pero pensó que muchos no entenderían el mensaje por la sofisticación empleada en el código, un tanto críptico, por eso finalmente nos quedamos con la segunda opción “Diálogos entre Arte y Diseño”, cuya frase acabará reduciéndose de modo casi telegráfico a “Diálogos Arte Diseño”. Publicitariamente se optó por emitir los tres sustantivos tomando la conocida consigna “menos es más”.

Dr. José Miguel Arce junto a Pepe Gimeno

El Dr. José Miguel Arce junto a Pepe Gimeno

¿Qué es lo que más destacarías del trabajo realizado?

La contribución de la muestra es absoluta. Supone no sólo exponer la magistral antológica de Pepe Gimeno mediante las relaciones dialógicas entre la gráfica y la plástica, sino incluir sus núcleos temáticos, cuya gráfica forma parte del patrimonio valenciano, que va desde la archiconocida “palmera” de la Comunitat Valenciana, hasta la marca de la EMT, Metro Valencia, Les Corts Valencianes, etc., llegando a la marca de sanitarios Roca. La filosofía expositiva es innovadora y pretende potenciar el diseño y visibilizarlo al mismo nivel que las artes plásticas. La equiparación del diseño gráfico como artes visuales o plásticas en cualquier espacio museístico es algo que tiene que estar más vigente que nunca. Esta exposición es también una punta de lanza o puesta en valor del diseño como disciplina artística, dentro del concepto Arte como “forma de expresión de vía múltiple” definición que dejé plasmada en el introito del desarrollo del catálogo editado por Gràffica, línea editorial de primer orden a nivel nacional, especializada en el ámbito nacional sobre el Diseño.

La redacción de este trabajo la simultaneé con la elaboración de un sonado artículo de investigación sobre Óscar Mariné, quién también confió en mí la tarea de realizar un opúsculo monográfico sobre su vida profesional y su obra. Este texto trajo la atención de los lectores, y goza de una sobresaliente crítica del propio protagonista.

¿En qué consiste exactamente el trabajo de un comisario? ¿Qué formación se debe tener para poder ejercer el rol?

El comisario es aquel cuya labor “vocacional” es fomentar la cultura a través de la vía expositiva como plataforma de divulgación. Lo que se le exige al comisario, es un compromiso firme y honesto con las artes, una formación especializada de aquello que exhibe, para lo cual debe conocer de primera mano la temática, al autor y su obra, o en su defecto en caso de que su conocimiento sea parcial, tener la capacidad de saber encontrar aquello digno de mostrarse, como el que criba con el tamiz los sedimentos de un rio para quedarse la pepita áurea.  Como valor añadido es importante poseer cierto bagaje conceptual y experiencia visual en el mundo de las artes plásticas, conocimientos de historia del arte, música o literatura, y un pensamiento transversal integral o cultura general, requerible para poder establecer dialécticas interesantes dotadas de una visión lo más completa y aguda posible. Estas cuestiones son puestas de relieve en la asignatura de la que soy profesor Gestión del Patrimonio Cultural y Museología.

Para plantear una exposición en un espacio museístico o galería de arte hay que presentar la idea general o filosofía expositiva, mediante un dossier breve o memoria de una o dos páginas, a lo sumo tres, en el que se adjunta y resalta el currículo del artista juntamente con el del comisario; las motivaciones justificadas y a ser posible un título orientativo o aproximativo, que puede variar. Se acompañará de imágenes que ilustren la muestra.

Seguidamente se trabajará el inventariado o la catalogación de las obras que van a estar en sala, incluyendo las características formales a modo de ficha tales como título, dimensiones, paradero, propietario, y fotografías seleccionadas de las mismas que a posteriori los fotógrafos profesionales capturarán en alta resolución con el fin de introducirlas en el catálogo.

Se preparará un croquis con la distribución y organización de las piezas en sala, tanto en planta como en alzado. Asimismo, si las hubiera, se incluirán algunas indicaciones con carácter general para el montador/diseñador de la exposición y diseñador del catálogo.

Se plantea el catálogo de la exposición, su línea gráfica en consonancia con la obra expuesta y con el marchamo que caracteriza al artista. Redactar para éste un artículo de fondo a modo de memoria del monográfico del autor, abordando en profundidad a nivel global y específico la obra expuesta, contando con fichas técnicas. El catálogo puede contar puntual o parcialmente con colaboraciones o articulistas externos.

Una vez se efectúa el montaje de la exposición hay que llevar un seguimiento de la misma para cuidar los detalles o reconducir situaciones. Por ejemplo, es importante el número, distribución, intensidad e inclinación de los focos, posición de las cartelas… Son fundamentales las conversaciones sostenidas en el tiempo con el técnico de montaje de la exposición, dado que a todos los efectos será encargado de la apariencia final, lo que va a ver el visitante de lo expuesto lo será a través del cómo.

La inauguración de la exposición requiere de una presentación formal por parte de los actores principales en rueda de prensa, donde los protocolos estarán marcados por la jefa de comunicación que pautará las intervenciones del artista, comisario, representante del museo, galería o espacio expositivo.

La función del comisario fundamentalmente es la de presentar al artista y a su obra y difundir su mensaje. A menudo los comisarios mantienen una relación ficticia con el artista que secundan, sin embargo, hay que ser honestos y creer en su obra. Si no crees difícilmente puedes convencer.

El comisario también tiene que conocer en profundidad la obra del artista para explotar al máximo las posibilidades que ofrece ésta, destacar sus virtudes y ser capaz de transmitir las ideas fundamentales que representa. En ocasiones el creativo es un excepcional comunicador visual, pero puede ser que más allá de su canal visual para el cual está excepcionalmente dotado, le cuesta servirse de las palabras habladas o escritas para transmitir el mensaje que pretende. No todos los artistas tienen una faceta didáctica, como la de Gimeno o la de mi mentor Rafael Contreras. El comisario en esos casos tiene que servir de correa de transmisión, vehículo de expresión directa y embajador de su obra.

Toda exposición mientras está en vigor está viva, pero al final forma parte de una programación y se sabe que es árbol de hoja caduca, lo que importa son sus frutos, es la consolidación paulatina del caché del artista en el mercado. Lo que queda tras la muestra es el catálogo de la exposición, un valioso registro gráfico testimonio para la posteridad. El reconocimiento de la muestra quedará en los anales de la historia según la cobertura mediática que se le dé. Ese es el verdadero legado a la posteridad. No obstante tarde o pronto, como se ha dicho, todos sucumbimos al implacable tiempo que acaba cercenando y socavando los cimientos de las más altas torres, abatidas por el dios Cronos, y soterradas en el olvido.

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El museo es una ventana a la obra de arte física, que compite con lo virtual, con internet, y acaba por unirse a él como plataforma informativa para no ser anulado. En internet encontraremos siempre una imagen reproducida fotográficamente exenta del aura de la obra original. Nunca es lo mismo una visión virtual que una presencial, pero en cualquier caso es una visión complementaria enriquecedora. Sería equiparable en el deporte a ver un partido en casa o en el estadio.

La iniciativa parte del comisario, el artista pone su obra. En este caso Pepe Gimeno es quien mejor la conoce. Un profesional metódico disciplinado, que cuida siempre hasta el más mínimo detalle. En ese sentido ha sido fácil. Es un privilegio ser comisario de la obra que tanto admiro, y de ser comisario en la entidad privada Fundación Bancaja, cuya trayectoria museística es la de mayor prestigio y raigambre histórico. Hace años trajo de la Hispanic Society la Visión de España de Sorolla, de la que fue comisario Felipe Garín Llombart, a la postre buen amigo y director de mi Tesis Doctoral.

¿Qué es lo que más destacarías o que te resulta más gratificante de ejercer de comisario?

Lo más importante es esencialmente que el artista quede satisfecho por sentirse plenamente representado con la muestra. La labor de un comisario es gratificante cuando ha sabido conectar con esto. Como promotor de la exposición la motivación viene dada por la admiración hacia el artista y su obra. Sumergirse de pleno en ella, y ser capaz de extraer lo mejor es su cometido. He recibido propuestas de otros creativos interesados en exponer, cuya oferta he declinado porque no creo en su producción artística o gráfica.

El comisario es a efectos prácticos un divulgador, pero también un apasionado de la cultura, de la que es apostol. Compartir la vivencia y la ilusión del artista, propiciar que una exposición se lleve a cabo y ver la consecución de un sueño compartido es algo maravilloso. En ese sentido, contemplar la emoción en la mirada de Pepe Gimeno, embajador del diseño gráfico valenciano, tras leerle, viva voz, mi texto con motivo de la exposición que nos ocupa. Contar con su total confianza, aprobación y entusiasmo es algo que no tiene precio, una alegría difícil de describir, máxime cuando siento una profunda admiración en lo profesional y un hondo afecto en lo humano.

Muchos comisarios reducen su labor exclusivamente a la determinación temática, la selección de obra, interlocución y gestación de la exposición. Pero la exposición tiene que actuar como plataforma, resorte o trampolín de comunicación, un catalizador cuya cinegética es dirigida por el comisario para difundir los parabienes. El significado del artista tiene que quedar a ex puertas. Por ello, mientras está en vigor la exposición, es crucial saber leer las sinergias y aprovechar los vientos favorables.

¿El rol de comisario entra dentro de lo que entendemos por gestión cultural? ¿Nos puedes dar otros ejemplos de gestión cultural dentro del mundo de las artes?

En el mundo de la gestión cultural encontramos diferentes perfiles afines como el de marchante, que abre al mercado la obra del artista; representante, que obra como interlocutor de éste; crítico o teórico del arte, que opina; esteta, que aconseja como “coach” a los compradores en la adquisición de obras de arte; semiólogo, especialista en analizar los signos gráficos; galerista o director de museo o fundación; director de arte; director de patrimonio; guía de exposición; monitor de taller didáctico; escenógrafo; asesor artístico, de imagen, o cultural; guionista; periodista especializado en arte. Ser director del área de cultura en prensa, radio o televisión también es una posible vía laboral del sector.

Por otra parte, sabido es que toda empresa que se precie tiene que estar preocupada por la imagen que transmite, y velar por preservar la filosofía de empresa o marca empresarial que se ha constituido, para lo cual requerirá de un filósofo, un psicólogo, o un comunicador, que sepa expresar o transmitir los valores que la representan. Las grandes empresas además de contar con matemáticos que velan por mejorar la contabilidad o las finanzas, contratan precisamente este tipo de perfiles.

En tu experiencia ¿Qué aplicaciones del campo artístico y de las humanidades en general son las más demandadas? (gestión patrimonial, gestión artística, musealización, gestión de comunicación y/o de interculturalidad y diversidad en entornos empresariales/corporativos, etc.).

En primer lugar, destacaría por encima del resto la inversión en comunicación de cualquier ámbito, y en particular de la comunicación cultural por su espectro tan amplio o línea de acción tan diversificada. La comunicación cultural, sea en el plano audiovisual o escrito, es un valor añadido que infunde prestigio o valor a la empresa. Aunque en muchos casos está impostado, éste le confiere el empaque necesario para cubrir el “factor humano”, que imbuye confianza y acerca la empresa al plano social.  Cualquier empresa no puede descuidar esta línea de acción, pensar que en realidad la mayor parte de negocios se crean mayormente para lucrarse es una realidad un tanto obscena difícil de digerir en crudo.

Por debajo de la comunicación cultural (extensible a más áreas) el segundo escalafón sería la gestión patrimonial de los bienes materiales o inmateriales. Todo territorio tiene su historia, sus tradiciones, su folklore, etc.  Unos valores culturales, sean artísticos, etnológicos, antropológicos, o sociológicos que sin duda hay que preservar y mostrar. A nivel local, las poblaciones se sirven de ello para atraer negocio. La arqueología es una disciplina que provee de patrimonio artístico.

 

Emilio Vivallo VIU
Emilio Vivallo-Ehijo

Equipo de Comunicación de la Universidad Internacional de Valencia.