Selecciona tu país

Joaquín Mateu Mollá es doctor en Psicología Clínica y de la Salud, fundador del Instituto Valenciano de Psicología Sanitaria, investigador en Consorcio Hospital General Universitario de Valencia (Neurología, Nefrología, Cardiología, Psicología Clínica y Cirugía Digestiva) y docente del Grado en Psicología y el Máster Oficial en Gerontología y ACP de VIU.

Además de su práctica clínica, el Dr. Mateu cuenta con una extensa trayectoria de investigación y divulgación en múltiples ramas del conocimiento. Por ello y con la idea de seguir indagando en el papel que tienen las vacaciones para nuestro bienestar mental y físico, le pedimos al Dr. Mateu que nos profundizara en un concepto que solemos relacionar con este período de asueto: el de desconexión. En el resultado, que puedes leer a continuación, Mateu desgrana y explica la importancia de desconectar realmente y nos da varios consejos prácticos de cómo hacerlo.

¿Qué pautas nos recomienda seguir para lograr desconectar y descansar del trabajo durante este verano?

Las actividades relacionadas con la vida laboral requieren, en muchos casos, una enorme inversión de tiempo y recursos. No en vano, aproximadamente la mitad de las horas que pasamos despiertos las dedicamos directa o indirectamente a ellas, e incluso hay ciertos casos en los que se mantiene tal inercia mucho más allá. Es por este motivo que resulta fundamental encontrar momentos adecuados para el descanso, tanto a lo largo del año como durante los periodos vacacionales. Estos últimos no solamente nos ofrecen la ocasión de desconectar de la rutina, sino también de “reconectar” con facetas muy importantes de la propia vida y que no podemos descuidar (la familia, los amigos, el ocio, etc.).

Debemos ser conscientes de que la desconexión del trabajo no es sencilla, y que puede suponer un esfuerzo. Esto se explica por el hecho de que “obliga” a un cambio de rutinas respecto a lo que entendemos por ordinario, lo que implica distribuir el tiempo del cual disponemos y reinterpretar su significado. Es un momento oportuno para acometer proyectos largamente demorados; o simplemente para dedicar horas a tareas que se valoran como agradables, divertidas y relevantes (ver una película o serie, leer un buen libro, etc.). También es una coyuntura privilegiada para estrechar los lazos con nuestros seres queridos, programando momentos compartidos y minimizando el uso de las redes sociales.

Puede ser importante informar tanto a los compañeros de trabajo como al resto de las personas implicadas (clientes, proveedores, etc.) de que efectivamente nos hallamos en periodo de descanso, reseñando asertivamente que no podremos responder a sus solicitudes hasta el día concreto en que este finalice. No podemos olvidar que el descanso jamás ha de entenderse como un privilegio, sino como algo esencial para preservar la salud física y emocional en un mundo que se mueve a velocidades vertiginosas.

¿No es peor desconectar totalmente y sentir cierta ansiedad por cómo irán las cosas en el trabajo?

Trabajar puede traducirse en la necesidad de mantenernos constantemente activos con el objetivo de identificar y de resolver eficientemente una serie de problemas asociados a nuestras competencias y a nuestro rol laboral. Supone el mantenimiento a largo plazo de un esfuerzo notable a diversos niveles, tanto físicos como psicológicos, con el consecuente desgaste que todo ello pudiera generar. Así, puede definirse como una situación de estrés más o menos importante, o como una serie de retos que ponen a prueba nuestros recursos de afrontamiento y que no es posible sostener indefinidamente (al menos no sin consecuencias). Recordemos que el cuerpo humano está diseñado para soportar situaciones altamente demandantes, pero que los mecanismos fisiológicos y psicológicos que sirven a este fin no pueden prolongarse excesivamente.

Pese a que la mayoría somos conscientes de esto, muchas personas sufren ansiedad en el momento en que asumen una distancia provisional de sus responsabilidades. La irrupción de estas sensaciones es sugerente, precisamente, de que descansar puede ser más necesario que nunca. En tal sentido, debemos recordar que la ansiedad puede ser adaptativa cuando sus niveles son óptimos, y que surge en el momento en que experimentamos incertidumbre sobre cómo discurrirán ciertos hechos futuros, por lo que no hemos de enfrascarnos en tratar de erradicarla de nuestro acervo experiencial. En el supuesto de que su intensidad nos abrume, existen estrategias mediante las que podemos aprender a gestionarla eficazmente y a aprovechar los aspectos positivos que también tiene. Una pequeña parte de las vacaciones podría dedicarse a practicar técnicas de relajación (respiración diafragmática, por ejemplo) o a realizar actividades que incorporen componentes de placidez y calma (diferentes para cada cual).

Sea como fuere, interrumpir las vacaciones para ceder a la ansiedad no va a reportarnos ningún resultado positivo a medio o a largo plazo, pues el alivio inicial acabará cediendo paso a una más profunda y duradera sensación de frustración o desasosiego.

¿Nos va a resultar más difícil este año desconectar por las dinámicas seguidas durante el teletrabajo y la pandemia?

Es muy posible. El teletrabajo ha impuesto cambios muy importantes en la forma en que entendíamos el trabajo, y en concreto ha hecho que este se inmiscuya en la privacidad de nuestros propios hogares. Las cuatro paredes que antaño estaban reservadas al relax y al esparcimiento ahora son también el espacio en el que ejercemos nuestras funciones laborales, de modo tal que ambos mundos se fusionan de una forma que no siempre se concilia fácilmente. Se trata de una circunstancia que nos obliga a asumir mayores niveles de organización, y que implica el “riesgo” de que acabemos dedicando más horas de las previstas a trabajar (y menos a la familia o al ocio).

Si hemos teletrabajado durante los últimos meses es más probable que, si las vacaciones discurren en el propio hogar, acudan a nuestra cabeza más frecuentemente pensamientos relacionados con la necesidad de ponerse en marcha. Esto es así porque las diferentes habitaciones de la casa se han asociado a lo largo de este tiempo con nuestras responsabilidades laborales, actuando como estímulos discriminantes cuando estamos en ellas. Para evitar que esto suceda es útil limitar el espacio en que trabajamos a una sola estancia (una suerte de despacho), reservando todas las demás a actividades familiares y sociales.

Existe cierta tendencia de teletrabajar en los destinos de vacaciones antes de que comiencen, ¿qué impacto puede tener para nuestro descanso?

La decisión de disfrutar de las vacaciones ha de ser firme y decidida, y no algo que asumamos solo parcialmente. Viajar es una de las actividades más gratificantes que podemos realizar en los periodos de descanso (cuando resulta económicamente viable), pues abre los horizontes de la propia experiencia y nos recuerda que la vida es algo más que la rutina en la que suele discurrir nuestra cotidianidad. Por ello, debemos evitar seguir trabajando allá donde hayamos decidido estar, y dedicar todo el tiempo a disfrutar tanto como sea posible.

¿Qué consecuencias puede tener no desconectar del trabajo a nuestra vuelta de vacaciones?

La consecuencia más importante, sin duda, es la persistencia del estés que se asocia de forma directa al trabajo. Si bien el estrés no es en sí mismo negativo; cuando este acaba manteniéndose demasiado tiempo promueve una serie de cambios fisiológicos que pueden afectar órganos, sistemas y funciones cognitivas. Una de las resonancias más comunes es la aparición de quejas tales como dificultad para concentrarse o para memorizar, las cuales se asocian al efecto nocivo del cortisol (la hormona del estrés) sobre las células del hipocampo y de la corteza prefrontal. Tal estrés perjudicial, también conocido como distrés, puede perturbar también al estado de ánimo y la calidad del sueño.

Otra resonancia muy relevante es el conocido burnout, una cascada de síntomas que se relacionan con las condiciones del trabajo y con nuestros mecanismos de afrontamiento frente a las demandas que impone. Cuando no descansamos adecuadamente estamos contribuyendo de forma decisiva a su aparición; y por tanto a la irrupción de sentimientos de desesperanza, a la erosión de la motivación e incluso a una posible despersonalización (trato desconsiderado hacia clientes, pacientes, alumnos, etc.). Asimismo, es una situación que puede precipitar síntomas de ansiedad y depresión, así como sensaciones de vacío y de pérdida de sentido respecto al proyecto que algún día trazamos para nuestra vida.

El descanso en las vacaciones es por tanto una estrategia más de autocuidado, y nunca algo que podamos obviar. No solo nos va a permitir rendir mejor en nuestras responsabilidades cuando volvamos a incorporarnos al trabajo, sino que también facilitará el necesario enriquecimiento de nuestras vidas y de las de quienes nos rodean.