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En ocasiones, los docentes encuentran serias dificultades para mantener las disciplina escolar y resolver los conflictos en el aula. La mayoría de maestros coinciden en que en casi todas las clases coinciden dos o más alumnos o alumnas con una personalidad complicada, a los que les cuesta mucho seguir las normas de convivencia e intentan imponer sus formas de pensar a través de la fuerza, ya sea verbal o física.

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Hay que partir de la base de que gestionar los conflictos en cualquier grupo humano, y más aún entre adolescentes y jóvenes, no es una cuestión fácil. El conflicto forma parte de la vida humana como una manifestación de la necesidad de tomar decisiones en algún aspecto. La necesidad de escoger un camino de varios posibles, que en ocasiones son contradictorios, en ocasiones genera situaciones de inevitable tensión.

Algunos consejos que ayudan a manejar los conflictos

No existe una fórmula mágica para la resolución de las situaciones conflictivas. Ninguna estrategia ni método constituye la panacea para esta cuestión. No obstante, el día a día ha llevado a identificar una serie de prácticas como bastante eficaces y positivas.

Adoptar el rol del mediador

Salvo en las situaciones de mucha gravedad, el profesor no debe erigirse en una especie de juez ni emitir sentencias  incuestionables. En realidad, debe adoptar el papel de mediador en el conflicto, escuchando a todas las partes implicadas y haciendo todo lo posible para que, finalmente, se alcancen acuerdos y consensos.

Durante esta etapa de mediación el profesor tiene que:

  • Hacer todo lo posible por calmar los ánimos. Inclusive,  separar a las partes si fuera necesario.
  • Hacer ver a los alumnos que los gritos, las discusiones violentas y acaloradas y mucho menos la violencia física no son aceptables, ni van a servir para resolver nada.
  • Escuchar todas las posiciones existentes.
  • Aprovechar para enseñar a los alumnos a tomar la decisiones más convenientes para todos.
  • Poner en marcha actividades educativas preventivas de resolución de conflictos para que los alumnos puedan desarrollar las habilidades sociales necesarias.

Aplicar la estrategia conocida como «Lluvia de ideas»

En cualquiera conflicto, todo el mundo puede ofrecer soluciones interesantes o que, por lo menos, puedan aportar un grano de arena  que ayude, sino a resolverlo completamente, sí al menos a minimizar el problema. Para ganar efectividad en estas aportaciones colectivas conocidas como lluvia de ideas, es aconsejable seguir los siguientes pasos:

  • El profesor plantea el problema.
  • Los alumnos exponen  lo que se les ocurra para resolverlo.
  • Se escuchan y anotan todas las ideas.
  • Se seleccionan la idea o ideas que, colectivamente y de forma consensuada, se consideran las más adecuadas.
  • Un vez que se ha elegido la mejor solución, que incluso se puede votar entre todos, llega el momento de su aplicación  en el aula.

Elaborar reglas y normas

Una buena forma de prevenir los conflictos antes de que se produzcan es la elaboración de reglas y normativas de convivencia. Pero hay que tener en cuenta que pierden mucha efectividad cuando se plantean desde una perspectiva unidireccional. Por lo tanto, es necesario elaborar las reglas entre todos, discutirlas tranquilamente, consensuarlas, recordarlas y revisarlas en grupo.

La comprensión de problemas ajenos al aula y al contexto escolar, como podrían ser los conflictos sociales e incluso las guerras y explicar a los alumnos sus terribles consecuencias, puede ser también una buena forma de concienciar a los chicos y chicas sobre la necesidad de resolver los conflictos sin violencia, y de motivar a adquirir las habilidades necesarias para hacerles frente de forma constructiva.