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La corrupción desde la vertiente criminológica se equipara con cualquier actividad irregular de decisión tomada con todo abuso de poder o a cambio de una ventaja indebida, siempre que se relacione con una ganancia ilícita ya sea de tipo económico o quede referida a la mejora de una posición para desarrollar alguna actividad dentro del contexto de la administración o en el ámbito de las relaciones económicas nacionales o internacionales[i]. Este fenómeno tiene una gran trascendencia en la actualidad, los casos de corrupción están a la orden del día en los medios de comunicación, hecho íntimamente relacionado con la percepción que tiene la sociedad acerca del mismo. Los datos recogidos en los barómetros publicados mensualmente en el CIS nos acercan a la preocupación generalizada de los ciudadanos sobre este tipo delictivo. Mediante sus encuestas realizadas en la franja temporal entre enero de 2015 y marzo de 2016 se puede observar que, las puntuaciones de las preguntas referidas a la corrupción y al fraude se mantienen prácticamente constantes, concretamente, alcanza la tercera posición de los problemas que más les afecta a nivel individual, mientras que, ocupa el segundo lugar respecto a los problemas principales que afectan a España. Conviene resaltar en este punto que no siempre la percepción de las personas coincide con la realidad en la medida en que su visión puede verse modulada por la información ofrecida por los medios de comunicación. Lo único que se puede extraer en claro es que es una de las preocupaciones actuales más relevantes, incluso, los demás ítems que ocupan las primeras posiciones están relacionados con ella, exactamente los problemas de índole económica, los políticos en general, los partidos y la política y los problemas de índoles social. No obstante, no quiere decir que sea un fiel reflejo de los acontecimientos. Una de las posibles razones de esta visión puede ser el tratamiento mediatizado que se le está dando a todos los casos de corrupción, si bien también se puede hacer otra lectura de la atención prestada por los medios de comunicación a los supuestos de corrupción, el correcto funcionamiento del control social formal integrado por la Administración de Justicia, sin perjuicio de que éste pueda mejorarse y que sean necesarias otras medidas de carácter diferente para su integral prevención y control. Es cierto que, han aparecido numerosas propuestas enumerando una serie de estrategias para prevenir y combatir a este fenómeno social, no obstante, las medidas sugeridas sin tener en cuenta la etiología de la corrupción no tiene razón de ser. Para poder trazar unas directrices coherentes, adecuadas y útiles de prevención de los comportamientos corruptos es ineludible realizar antes un examen de las posibles causas de su aparición, de esta manera, este estudio nos facilitará información fiable tanto para combatirlo como para prevenirlo, si no se atiende a esta premisa básica y se recurre sin más a técnicas generales sin soporte contrastado nuestro empeño posiblemente no alcance nuestros objetivos deseados[ii]. La Criminología puede prevenir este tipo de conductas desde un abordaje interdisciplinar, pues entre sus funciones se encuentra mantener la delincuencia entre ciertos límites ya que nunca va a poder ser completamente erradicado, para este fin el primer paso consiste en explicar la aparición del mismo. Las teorías del crimen presentan un modo alternativo de entender el fenómeno criminal. Bajo esta denominación se agrupan un conjunto de teorías cuya característica común es la introducción de la noción oportunidad en su explicación del hecho delictivo. No buscan, como las teorías de la criminalidad, las causas últimas del delito, sino que por el contrario, están interesadas en las formas de aparición del delito y su posible prevención a través de programas que neutralicen esas oportunidades. Parten de la premisa de que existen individuos motivados a cometer infracciones penales. Dicho de otro modo, estudian los síntomas del delito con el objetivo de reducir los factores externos al sujeto que influyen en su oportunidad de llevar a cabo una conducta criminal concreta. Cohen y Felson señalaron que el crimen se produce en el momento en que convergen tanto en el espacio como en el tiempo tres factores: un objetivo adecuado, un delincuente motivado y que no haya ningún guardián capaz de proteger al primero. Esta situación se produce durante los actos cotidianos del día a día[iii]. Lo que hace que un delito aparezca en un determinado lugar y tiempo está relacionado con aquellas oportunidades que ofrecen y favorezcan la comisión de los hechos delictivos[iv]. Además de este componente oportunístico, estos enfoques destacan la racionalidad de la conducta delictiva. Esto es, todo delincuente es un ser racional que decide llevar a cabo o no sus acciones al valorar los daños o beneficios que de ellas se pueden derivar para él. En esta línea, si se incide en ese balance que hace el criminal, aumentado su riesgo de ser capturado o disminuyendo las ganancias que pueda tener de sus hechos, se conseguirá reducir sus oportunidades y, además, el delito será considerado menos atractivo para él[v]. La corrupción puede explicarse a través de la teoría criminológica de las actividades rutinarias y la elección racional[vi], estableciendo como punto de partida que sus conductas típicas pueden circunscribirse a la rutina cotidiana no ya del ciudadano medio sino de las denominadas “rutinas institucionales del Estado”, pertenecientes a un nivel organizativo superior. El primer elemento que configura esta formulación coincide con su protagonista el delincuente motivado para cometer un acto delictivo. Las razones que pueden mover a un individuo a llevar a cabo un comportamiento corrupto responden a dos tipos de motivaciones, la primera de carácter individual como su personalidad, y la segunda de índole estructural. Si bien, a efectos criminológicos, dentro de estas características destaca por su relevancia la elección racional del sujeto corrupto, quien decide si va a cometer o no el hecho delictivo, valorando para ello los riesgos que debe asumir (ser descubierto, detenido y sancionado), los esfuerzo para que salga hacia adelante y los eventuales beneficios que pudiera obtener, siempre dentro de un determinado contexto social y económico que lo favorezca. El segundo componente que aparece junto al delincuente motivado es la oportunidad. Dentro de este elemento existen variables favorecedoras que posibilitan la corrupción, la principal responde al poder discrecional ostentado por el individuo corrupto, en el sentido de que las oportunidades para efectuar actos corruptos incrementan a la vez que aumenta su poder de discreción debido a que a su vez lleva aparejado un menor control sobre sus actos. Además, existen otras variables que pueden influir en la toma de decisión discrecional como el número de personas que intervienen y la sujeción a posibles procedimientos de control, pues a medida que aumentan las personas que deben decidir sobre una resolución también lo hace el control que se ejercen entre los decisores evitando adoptar decisiones puramente discrecionales. El último, se refiere a la ausencia de guardianes o, en un sentido más amplio, a los controles eficaces, ya pertenezcan al ámbito formal o informal. En cuanto al control social formal, destacan por su relevancia los controles administrativos y penales, los primeros ejercidos en el seno de las administraciones públicas como pueden ser la auditorías, mientras que en los segundos, generalmente quedan circunscritas las sanciones penales que castigan los comportamientos corruptos, aunque es cierto que plantea tres debilidades relacionadas con la independencia de los jueces, los medios para investigar este tipo de delitos y su prueba, y en ciertos casos, su tipificación en las figuras penales. Por su parte, dentro del control social informal sobresale el papel de los medios de comunicación en su misión de informar a los ciudadanos. Una vez constatado que la aparición del delito de corrupción puede explicarse conforme a los postulados de la teoría de la oportunidad, es factible reconsiderar las estrategias que se han propuesto ante el auge de los casos de corrupción, en cuanto consigan incidir en los tres elementos básicos, delincuente motivado, oportunidad y ausencia de guardianes. De esta manera, todas las estrategias formuladas en aras a combatir el fenómeno social de la corrupción deben revisarse conforme a dichos postulados. Así pues, el siguiente paso de las futuras investigaciones criminológicas deberá centrarse en evaluar la eficacia de las estrategias basadas en los tres elementos citados, entre las medidas a examinar se distinguen las dirigidas al delincuente motivado como la concienciación social a nivel educativo y cultural y el derecho de los ciudadanos a poder acceder a la información del funcionamiento y financiación a nivel estructural con el fin de fomentar el reproche y la censura; las destinadas a la oportunidad, como la trasparencia y la ética profesional desde el propio ámbito estructural; y, las que ejercen de guardián eficaz, ya sean los canales de denuncia de los ciudadanos o los programas de evaluación periódicas de las medidas. Y por último, fomentar la armonización de las figuras delictivas y la cooperación en el ámbito internacional.   [embed]https://www.youtube.com/watch?v=fU4R-y4UXUw[/embed]   [i] DE LA CUESTA, J. L. “Iniciativas internacionales contra la corrupción”, en Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, núm. 17, 2003, pp. 5-26. [ii] BLANCO CORDERO, I. “La corrupción desde una perspectiva criminológica: un estudio de sus causas desde las teorías de las actividades rutinarias y de la elección racional”, en Serta: in memoriam Alexandri Baratta, p. 268. [iii] FELSON, M. Y CLARKE, R. V. “La ocasión hace al ladrón. Teoría práctica para la prevención del delito”, en Serie Claves del Gobierno Local 6, Fundación Democracia y Gobierno Local, p. 197. [iv] MEDINA ARIZA, J. J. “El control social del delito a través de la prevención situacional”, en Revista de Derecho y Criminología, Madrid, 1998, p. 284. [v] SUMMERS, L. “Las técnicas de prevención situacional del delito aplicadas a la delincuencia juvenil”, en Revista de Derecho Penal y Criminología, nº 1, 2009, p. 396. [vi] BLANCO CORDERO, I. “La corrupción desde una…, op. cit., pp. 274-291.     Mireia Company Alcañiz colaborador docente Máster en Criminología, delincuencia y victimología