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Héctor Ruiz Martín es investigador en psicología cognitiva de la memoria y el aprendizaje en contextos educativos y director de la International Science Teaching Foundation. Es autor de los libros ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza (Editorial Graó, 2020), Conoce tu cerebro para aprender a aprender (ISTF, 2020) y Aprendiendo a aprender (Vergara, 2020). El martes 22 de junio dará una masterclass online en VIU titulada “Estrategias de aprendizaje basadas en la ciencia de cómo aprendemos”. Puedes inscribirte de forma gratuita haciendo click aquí

¿Cómo nace tu interés por el aprendizaje y la memoria? ¿Cómo llegas a la psicología cognitiva?

Yo estudié biología y empecé una tesis en genética evolutiva, pero además de la investigación, siempre estuve muy interesado en la docencia y la divulgación. Fue entonces cuando llegó a mis manos un libro sobre neurobiología del aprendizaje y la memoria, y me fascinó saber que era posible hacer ciencia sobre cómo aprendemos. Me metí de lleno en ese campo buscando respuesta a las preguntas que me hacía como docente, tales como "¿qué puedo hacer para que los estudiantes aprendan mejor?"; pero pronto vi que la neurociencia poco podía ayudarnos a ese respecto. Es un nivel de estudio fascinante, pero que queda demasiado lejos de lo que nos puede resultar informativo para el aula. Entonces fue cuando, residiendo en los EE.UU., descubrí la psicología cognitiva, una rama de la psicología que estudia cómo el cerebro obtiene, almacena y utiliza la información, a un nivel de estudio conductual. Esta disciplina me cautivó porque estaba en mejor posición para responder a mis preguntas sobre qué hacer para que los esfuerzos dedicados a la enseñanza y el aprendizaje fueran más productivos, y desde entonces no he dejado de estudiarla, divulgarla y trabajar en proyectos para llevar sus hallazgos a las aulas.

¿Cuáles dirías que son los principales conceptos y creencias que asociamos de forma equivocada a la memoria?

En general, creo que existe una concepción popular del término memoria que provoca varios malentendidos. Muchos conciben la memoria como un mero almacén de datos carentes de sentido por sí mismos que proceden de nuestras experiencias; pero la memoria no es eso. La memoria es nuestra capacidad de aprender cualquier cosa. Es resultado del hecho que nuestro cerebro es plástico y se modifica a partir de todas y cada una de nuestras experiencias y acciones para lograr responder de una forma más adaptativa la próxima vez que experimenta o hace algo igual o parecido.  De hecho, no existe una sola memoria, sino que contamos con distintos sistemas de memoria, que nos permiten aprender cosas distintas. No es lo mismo la memoria que nos permite recordar los acontecimientos de nuestra vida o la que guarda nuestros conocimientos, que la que nos permite aprender a leer o ir en bicicleta. En cuanto a la memoria que guarda nuestros conocimientos, debemos entender su naturaleza indisociable de las habilidades cognitivas como el razonamiento o la imaginación, pues la memoria no solo guarda datos, sino también las relaciones que establecemos entre ellos para crear representaciones del mundo, conceptos y unidades de significado mayores.

A un nivel más concreto, otra creencia sobre la memoria que resulta incorrecta es la noción de que funcione como si fuera un músculo, en el sentido de que se pueda reforzar ejercitándola. La memoria no funciona así. Cuando aprendo sobre algo, mi memoria se hace más eficaz para aprender más cosas relacionadas con ello, pero no para aprender cualquier otra cosa.

¿Cómo nos puede ayudar la ciencia a la hora de mejorar los procesos de aprendizaje y enseñanza?

La ciencia ha investigado, y lo sigue haciendo, cómo aprende el cerebro y, en relación con esto, qué acciones y circunstancias hacen que nuestros esfuerzos por aprender sean más eficaces. Así, sabemos que la capacidad de aprender no es solo una cuestión innata, sino que depende extensamente de aquello que decidimos hacer cuando tratamos de aprender algo. Usando una analogía, la habilidad para nadar con eficacia no solo depende de nuestras cualidades físicas, sino que también de la técnica que usemos. Puesto que enseñar es ayudar a otros a aprender, saber qué cosas harán que los estudiantes aprendan mejor también nos ayudará a ser mejores docentes. En cualquier caso, quisiera remarcar que no solo las ciencias cognitivas pueden aportar información valiosa a los procesos de enseñanza y aprendizaje. Hay otras disciplinas también muy interesantes, como las didácticas varias, la sociología, etc. de las que podemos valernos para tomar mejores decisiones.

¿Qué conocimiento o descubrimiento científico en el campo de los procesos de aprendizaje consideras fundamental implementar en el corto plazo en las aulas?

Obviamente ante esta pregunta barreré hacia mi terreno, pues creo que la enseñanza y aplicación de buenas estrategias de aprendizaje basadas en lo que hemos constatado sobre cómo aprenden las personas puede aportarnos beneficios en el corto plazo. De hecho, ya tenemos evidencias de ello. A los estudiantes siempre les hemos pedido que aprendan, pero pocas veces les hemos explicado cómo hacerlo de la forma que más buenos resultados les va a proporcionar, con lo que eso implica para la motivación. Damos mucha importancia al esfuerzo, que la tiene, pero nos olvidamos de que también hay que esforzarse bien. Un esfuerzo mal invertido no solo no sirve para nada, sino que además genera frustración. Si no enseñamos a los estudiantes a aprender, hacen lo que pueden, crean espontáneamente sus propias estrategias, y con frecuencia no son las más productivas, incluso cuando parece que funcionen. Las buenas estrategias sacan lo mejor de cada estudiante y le permiten llegar más lejos. En cualquier caso, la verdad es que hay muchas otras cosas que la ciencia ha revelado o constatado a las que recomendaría prestar atención. Para darlas a conocer escribí el libro "¿Cómo aprendemos?" y también realizo una labor de divulgación en Twitter cuando me dejan.

¿Qué podemos hacer a nivel personal para mejorar nuestros procesos de aprendizaje? ¿Podemos ‘aprender a aprender mejor’?

Sí, esa expresión que suena tan rara, «aprender a aprender», cobra sentido cuando se aprecia que se refiere al hecho de aprender a ser más eficaz aprendiendo. En ese sentido, una de las cosas que mayor impacto tienen en nuestro aprendizaje es desarrollar buenas estrategias, basadas en lo que sabemos sobre cómo aprende el cerebro. Pero aprender a aprender también es aprender a planificarse, a monitorizar los avances, a rehacer los planes para resolver dificultades... Y también incluye aprender a regularse a nivel emocional, en especial a saber mantenerse motivado, a superar los reveses, a no procrastinar y a seguir con la tarea cuando uno preferiría estar haciendo otra cosa, por ejemplo. Todas estas cosas se pueden aprender, aunque no todas son fáciles de aplicar. Pero lo que todas tienen en común es que nos ayudan a ser mejores estudiantes, más autónomos, con más iniciativa y más exitosos en lo que se refiere a alcanzar nuestros objetivos de aprendizaje.

No puedo terminar sin remarcar que las buenas estrategias de aprendizaje no solo nos ayudan a superar retos puntuales, sino que también hacen que lo que aprendemos perdure más y sea más transferible a nuevos contextos. Al fin y al cabo, para eso aprendemos, ¿no?

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