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La International Agency for Research on Cancer ha estimado que en el 2020 se diagnosticarán aproximadamente 19,3 millones de casos nuevos de cáncer. En España, según cálculos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), la cifra ascendería a un total de 276.239 casos. Ambas cifras ejemplifican de forma clara la razón por la que el cáncer es uno de los principales problemas de salud pública de nuestras sociedades.

Por ello, la investigación, tanto la orientada hacia los tratamientos y posibles curas, como la que enfoca sus esfuerzos a la prevención, es fundamental e indispensable a la hora de encontrar soluciones y respuestas a los desafíos planteados por este conjunto de enfermedades. En esta segunda línea es en la que Juan Pablo Rey López, Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte e Investigador Senior de VIU, ha desarrollado una investigación conjunta con científicos de la Universidad de Harvard de Estados Unidos, de la Universidad Federal de San Pablo de Brasil, Universidad de Santiago de Chile y la Universidad Pública de Navarra (UPNA). El trabajo, titulado ‘Muscle-strengthening activities and cancer incidence and mortality: a systematic review and meta-analysis of observational studies’ ha sido publicado en la prestigiosa revista International Journal of Behavioural Nutrition and Physical Actvit y ha recibido amplia cobertura de parte de la prensa, tanto especializada como generalista.

El estudio, un meta análisis de diversos estudios existentes, analiza la la relación entre la realización de ejercicios de fuerza muscular y el riesgo de padecer o morir de cáncer. Para conocer un poco más acerca de sus resultados, la aplicación de estos a la práctica y cómo fue el proceso de investigación y colaboración internacional, nos pusimos en contacto con Juan Pablo Rey y le realizamos la siguiente entrevista.

¿Nos puedes explicar las conclusiones a las que ha llegado el estudio en que has participado?

En 2016 murieron 4.5 millones de personas en el mundo prematuramente (entre los 35 y 69 años) debido al cáncer. Hoy en día sabemos que un gran porcentaje de cánceres se pueden prevenir si el ambiente en el que trabajas y vives no tiene un gran carga tóxica y si adoptas conductas saludables a lo largo de tu vida. En nuestro trabajo publicado en la revista International Journal of Behavioural Nutrition and Physical Actvity, revisamos todos los estudios observacionales (estudios de cohortes y de caso-control) publicados en la literatura hasta la fecha, que evaluaron la relación entre realizar ejercicios de fuerza muscular y el riesgo de cáncer. Encontramos un total de 12 estudios observacionales (11 cohortes y un caso-control) en más de 1 millón de personas. Las personas eran sanas (sin cáncer al inicio del estudio) y se comparó (después de varios años de seguimiento) el riesgo de desarrollar un cáncer en función de la duración y frecuencia de entrenamiento de fuerza de los participantes. Las principales conclusiones fueron las siguientes: Encontramos evidencia observacional de que el entrenamiento de fuerza puede disminuir la incidencia de cáncer de riñón. Para otras localizaciones no se encontró evidencia. Sin embargo, cuando prestábamos atención al riesgo de mortalidad por cáncer (todos los tipos de cánceres) observamos un efecto protector del entrenamiento de fuerza. En realidad, el aumento de la supervivencia a través de la práctica de ejercicio aeróbico está bien establecido desde hace años. Otro hallazgo interesante fue el hecho de que el ejercicio combinado de fuerza y resistencia se asocio con casi un riesgo 30% menor de mortalidad por cáncer comparado con los participantes inactivos.

¿Qué implicaciones tiene de cara a cómo entendemos el beneficio que tiene el ejercicio para nuestra salud?

Bajo mi punto de vista, lo primero que debemos pensar al hablar de la prevención del cáncer es que hay muchos factores ambientales y conductuales implicados en su desarrollo a lo largo de la vida. Algunos, son más controlables que otros por los propios individuos. Otros no tanto (ejemplo: calidad del agua potable, ambiente laboral, construcciones de amianto etc..) requiriendo urgentes acciones que ayuden a mejorar la salud pública. No deberíamos, por lo tanto, considerar el ejercicio físico como una píldora anti-cáncer que es independiente del contexto en el que cada comunidad y persona vive. En realidad, el ejercicio es un factor más (de los muchos existentes) que puede ayudar a poner una mayor harmonía molecular en tú organismo. Sin embargo, los expertos en salud publica reconocen la importancia de las conductas y sus interacciones. Es por tanto razonable sugerir que cambios en los niveles de ejercicio físico pueden mejorar la salud de una manera holística. Por ejemplo, iniciarse en las carreras de fondo (running) puede ayudar a algunas personas a consumir menos alcohol, a fumar menos, o ayudar a disminuir el consumo de carne, o de alimentos ultra-procesados para mantener un bajo peso corporal. Sin duda, para prevenir las enfermedades no transmisibles (como el cáncer) la actividad física es un componente muy importante.

¿Cómo podemos aplicar estas conclusiones a nuestra vida diaria y práctica deportiva?

A nivel práctico, hoy deberíamos usar el ejercicio en todos los pacientes oncológicos dado que existe una fuerte evidencia que aumenta la supervivencia en dichos pacientes. A nivel de prevención del cáncer, deberíamos transmitir el mensaje claro que realizar ejercicios variados (tanto de fuerza y de resistencia aeróbica) puede maximizar el estado de salud de las personas. Sin embargo, me gustaría aclarar 2 aspectos. Primero, es mejor comenzar pronto en la vida a hacer ejercicio regularmente. El ejercicio debe ser placentero en base a los gustos de cada persona. Empezar tarde, no suele ser sostenible en el tiempo e incluso puede llegar a ser perjudicial para algunas personas (lesiones musculo-esqueléticas, daño cardiaco). Segundo, hay que formar buenos profesionales en ciencias del deporte, ofreciéndoles oportunidades laborales atractivas, con mayor prestigio social y hacer que sus servicios de ejercicio sean accesibles a todos los grupos sociales. Es muy frustrante observar como personas con un peor estado de salud siguen sin tener experiencias positivas con el ejercicio físico. El fantástico papel preventivo y terapéutico del ejercicio no está siendo usado en grandes segmentos de la población.

¿Se ha planteado alguna hipótesis de por qué los ejercicios de fuerza tienen los efectos protectores que ha demostrado el estudio?

Los mecanismos biológicos que pueden explicar el efecto protector de la actividad física según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (de la OMS) son diversos: Mejoras en la composición corporal (menor acumulación de grasa corporal), un perfil hormonal y metabólico más saludable (por ejemplo, menores valores en sangre de insulina, glucosa, testosterona, estrógenos, IGF-1, leptina; y mayores de SBHG, IGFBP, adiponectina); un perfil inflamatorio más saludable (menores valores de TNF-alpha, IL-6, CRP, cortisol) y una mayor estabilidad genómica (mayor reparación del ADN dañado). En particular, un estudio reciente de la Universidad de Harvard concluyó que la combinación de ejercicios de fuerza y resistencia aeróbica se asoció a un perfil inflamatorio más saludable comparado con programas exclusivos de fuerza o bien programas de ejercicio de resistencia aeróbica.  

Considerando que se trata de un trabajo realizado por un grupo con investigadores residentes en distintas partes del mundo ¿Cómo fue el proceso de trabajo del grupo?

En los últimos años he colaborado con numerosos investigadores internacionales, algunas como principal autor en otras como coautor. Es muy gratificante compartir conocimientos y aprender junto a otros autores de Universidades de altísimo prestigio. Después de trabajar en Universidades de 3 continentes diferentes, he aprendido que la ciencia no se puede entender hoy en día sin establecer colaboraciones multidisciplinares. Para el trabajo que mencionas, recuerdo que hubo una excelente sintonía en el diseño, análisis y escritura del artículo con el resto de colaboradores. Pero no siempre es así. En mi carrera profesional he tenido algunos conflictos bioéticos en la investigación. A veces, la integridad individual de los investigadores es inexistente, primando sus interés personales sobre el verdadero, genuino avance del conocimiento científico. Pero pienso que esto pasa en todas las profesiones, no sólo con la investigación.

¿Qué medios tecnológicos usasteis para trabajar conectados?

Nuestras comunicaciones fueron las habituales hoy en día entre investigadores (correos electrónicos, llamadas telefónicas). Con una buena conexión a internet y ganas de trabajar se pueden conseguir resultados en el mundo de la investigación, a pesar de las muchas barreras que existen hoy en día para publicar. Esto quizá sea el lado más positivo de la revolución tecnológica que hemos experimentado en los últimos años.

¿Tienes planes de continuar la investigación en esta línea ya sea con este grupo o con otro?

La Universidad VIU me ha dado la increíble oportunidad de impartir algo de docencia que me está ayudando a madurar mucho como investigador. Me siento muy orgulloso de trabajar junto a excelente profesionales de mi país. Por ejemplo, recientemente mi docencia me ha permitido conocer mejor aspectos bioéticos de los ensayos clínicos. Participar en un ensayo clínico en ejercicio y cáncer es mi ambición a corto-medio plazo. Pero hay que ser realista. Saber escribir un protocolo de investigación competitivo requiere experiencia y una red de contactos fuerte. Mis deseos son intentar compaginar la epidemiologia (continuando con nuevas colaboraciones internacionales), con un trabajo experimental novedoso en cáncer y ejercicio.