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Uno de los efectos secundarios de la crisis socio sanitaria provocada por el COVID es el impacto nocivo que ha tenido y sigue teniendo sobre la salud mental de la población. No sólo se han incrementado las recaídas en personas con condiciones preexistentes, sino que han aumentado los casos nuevos de trastornos psicológicos. Aunque dentro de este crecimiento son sin duda los cuadros de ansiedad y depresión los más prevalentes, las fobias también han experimentado un aumento importante. Por ello pedimos a los docentes de VIU Dra. Aránzazu Duque Moreno, doctora en Neurociencias, directora y profesora del Grado en Psicología y Profesora del Máster en Psicología General Sanitaria y del Máster en Neuropsicología Clínica; y a Basilio Blanco Núñez, Psicólogo clínico y profesor adjunto en el Máster Universitario en Neuropsicología Clínica; en el Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela; y en el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria; para que nos explicaran exactamente qué constituye una fobia, cómo se originan y cómo afectan nuestro día a día.

¿Cómo saber que estamos ante una fobia? Es decir, ¿cuándo un miedo "normal" se convierte en patológico?

Al igual que ocurre en cualquier otro trastorno psicológico, estamos ante una fobia cuando ésta produce una interferencia en el funcionamiento de la persona en alguno de los ámbitos de su vida, alejándole de su normalidad. En el caso concreto de la fobia, esto se debe a que un estímulo o situación genera emociones negativas como el miedo, adquiriendo un carácter desproporcionado, irracional e infundado como consecuencia de la instauración de una asociación desadaptativa previa. Como resultado de no querer sufrir las emociones negativas generadas por el estímulo o situación fóbica, la persona tiende a huir, mediante escape o evitación, lo que puede llegar a mantener el sufrimiento mientras no sea abordado. Por tanto, aunque el miedo asociado a la fobia es disfuncional, la persona cree que tiene sentido huir de la situación.

¿Qué dice la ciencia en cuanto al origen de las fobias? ¿Cree que son aprendidas o innatas?

En la base de las fobias encontramos una emoción básica, el miedo. El miedo es una de las emociones que los seres humanos compartimos con otras especies en nuestra escala filogenética. Tiene una función eminentemente adaptativa para la supervivencia, ya que permite detectar amenazas inminentes reales, movilizando al organismo mediante la generación de un conjunto de cambios en sus diferentes sistemas. De hecho, a nivel biológico, contamos con un sistema de alarma cerebral, que incluye entre sus estructuras principales a la amígdala, el cual se activa frente a cualquier estímulo que suponga un peligro para la persona. Esto explicaría el carácter innato o no aprendido de las fobias. Sin embargo, para que se desarrolle y se mantenga una fobia se requiere que haya un proceso de aprendizaje en forma de experiencia directa (condicionamiento clásico), de modelado (aprendizaje vicario) o de transmisión de información (conducta gobernada por reglas). De esta forma, independientemente de cuál de estas vías sea la que lleva al establecimiento de una fobia, normalmente existe un acontecimiento pasado donde el objeto o situación causante del miedo, a pesar de no ser un peligro real, es percibido como tal por la persona. Esto explicaría el carácter ambiental o aprendido de las fobias. Por tanto, aunque todas las personas tenemos la capacidad de sentir miedo, esto no significa que todos-as tengamos necesariamente que desarrollar una fobia.

¿Podría mencionar breve y sencillamente qué tipos de fobia existen?

Pueden desarrollarse tantas fobias como estímulos hay en el ambiente que nos rodea siempre y cuando sean percibidos como amenazantes por la persona. Sin embargo, la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013) señala que, además de la fobia social caracterizada por un miedo o ansiedad intensos en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas, existen las fobias específicas en las que el miedo o ansiedad se circunscriben a objetos o circunstancias concretas (como animales, inyecciones, sangre, volar, ascensor, fenómenos naturales). Asimismo, el DSM-5 incluye la agorafobia donde el individuo teme o evita determinadas situaciones (uso de transportes públicos, estar en espacios abiertos, estar en sitios cerrados, etc.) debido a que escapar podría ser difícil o no disponer de ayuda si aparecen los síntomas tipo pánico u otros síntomas incapacitantes o embarazosos. Por último, también existe el trastorno de ansiedad conocido como trastorno de pánico, caracterizado por la aparición súbita de miedo o malestar intensos que alcanzan su máxima expresión en minutos.

¿Son una patología crónica o tienen curación?

Como cualquier trastorno psicológico, las fobias se pueden cronificar si no se tratan. Sin embargo, si se lleva a cabo una intervención psicoterapéutica, se pueden superar, incluso en el caso de aquellas que estén más arraigadas. Un aspecto esencial es que el terapeuta oriente a la persona hacia el cambio en la forma en que reacciona ante el objeto o situación temida. De esta forma, el éxito depende de varios factores. Uno de los ellos es el rol del paciente, quien debe convertirse en el principal agente protagonista de su tratamiento e implicarse en un proceso de colaboración activa con el terapeuta, ya que la pasividad cronifica el problema. Otro de los factores es la formación del profesional, quien debe disponer de una preparación específica cualificada que le dote de herramientas con las que intervenir en la situación-problema y guiar a la persona en la superación de su fobia. Asimismo, el objeto o situación fóbica también es un factor a tener en cuenta, ya que su mayor o menor disponibilidad en el entorno en el que vive la persona determinará la intensidad del miedo y supondrá, por tanto, diferencias en el desarrollo de la intervención.

¿Qué tipo de tratamiento aconseja para su tratamiento?

La evidencia disponible indica que las terapias cognitivo-conductuales son el tipo de tratamiento elegido con mayor frecuencia (Capafons, 2001), el cual consiste, en el caso concreto de las fobias, en la aplicación de diferentes técnicas que se centran en la eliminación del malestar asociado a la misma. De forma más específica, las técnicas de exposición son las que se emplean con mayor frecuencia desde la Psicología Clínica. A continuación, se citan algunas de las más utilizadas: exposición en vivo, en imaginación, interoceptiva, mediante ayudas audiovisuales, mediante realidad virtual y simulada. El tipo de exposición que se aplique para cada caso dependerá del objeto o situación fóbica y del paciente. Asimismo, para facilitar la puesta en práctica de la exposición por parte del paciente, es recomendable entrenarle previamente en otras estrategias que aporten recursos para enfrentarse al objeto o situación fóbica con mayor éxito. Entre estas últimas, destacan las técnicas de respiración y/o relajación, entrenamiento en autoinstrucciones, reestructuración cognitiva o entrenamiento en habilidades sociales. Asimismo, en el caso de las fobias que generan mayor incapacitación como la agorafobia, es recomendable considerar la posibilidad de combinar la psicoterapia con el tratamiento mediante psicofármacos. Aunque por si solos no van a solucionar el problema, sí que representan en los casos más graves un coadyuvante importante.

¿Cree que las actuales restricciones de movilidad y el confinamiento debido a la pandemia pueden convertirse en el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo y arraigo de la fobia social o quizá algún otro tipo de fobia?

Se sabe que la actual pandemia, tanto por el problema de salud pública que supone como por las restricciones de movimiento y el confinamiento que lleva asociados, ha supuesto, en personas vulnerables o con predisposición, un aumento alarmante de los trastornos mentales y, más concretamente, los más prevalentes son la depresión y la ansiedad (Organización Mundial de la Salud, 2020). El miedo que genera cualquier situación alarmante o catastrófica como es una pandemia como la generada por la COVID-19 hace más probable la aparición y desarrollo de fobias (por tener a su base el miedo patológico), las cuales, de hecho, son englobadas por el DSM-5 dentro de los trastornos de ansiedad. Así, además de la fobia social, otros tipos de fobia que se pueden desarrollar como consecuencia de la pandemia son el miedo a la enfermedad, a la muerte, a ser tocado, a la suciedad, a salir y a la soledad entre otros. De este modo, la nueva normalidad puede cambiar la forma y reducir la cantidad de exposiciones a objetos o situaciones a las que se puede enfrentar una persona, lo que puede llevar a cronificar las fobias ya instauradas, a desarrollar nuevas fobias o a intensificar las ya existentes. Por tanto, no sólo estamos hablando de nuevos diagnósticos, sino de exacerbación de la sintomatología o, incluso, de recaídas en antiguos pacientes.