Silvia Herreros de Tejada VIU cabecera
Expertos VIU

Expertas VIU | Silvia Herreros de Tejada “la literatura infantil y juvenil se dirige a los lectores más exigentes del mercado”

El crecimiento de la literatura infantil y juvenil es un fenómeno que parece no tener techo. A pesar de la competencia omnipresente de internet, móviles, videojuegos o la televisión y sus múltiples servicios de streaming, la lectura, ya sea en formato físico o digital, sigue siendo una de las formas favoritas de utilizar el tiempo libre de niños y jóvenes. De hecho, en España, en 2021, crecieron un 68,8% el número de lectores de literatura infantil y juvenil respecto a 2019 según la 13.ª edición del Anuario Iberoamericano sobre el Libro Infantil y Juvenil 2021 de la Fundación SM.

Para conocer un poco más acerca del por qué de este fenómeno y qué es lo que hace especial a este tipo de literatura, le pedimos a nuestra experta Silvia Herreros de Tejada, docente de la Maestría en Creación Literaria con Grupo Planeta de VIU que nos respondiera a nuestras dudas. Herreros de Tejada es doctora en Estudios Fílmicos. Ha recibido becas para estancias de investigación en UCLA y en Yale, donde trabajó con el archivo personal de J. M. Barrie. Es cofundadora de la compañía de teatro La Abducción y colabora en los monográficos literarios del programa de radio Carne cruda. Ha escrito numerosos guiones de radio, televisión y teatro y es autora de las novelas La otra isla (Espasa, 2020); La mano izquierda de Peter Pan (Espasa, 2017) y del ensayo Todos crecen menos Peter (Lengua de Trapo, 2009). Además, es traductora habitual de la Editorial Bruño.

¿Qué peculiaridades tiene la literatura infantil y juvenil?

En mi opinión, la primera peculiaridad que tiene la literatura infantil y juvenil es que se dirige a los lectores más exigentes del mercado. Cuando a un niño pequeño se le cuenta un cuento y el narrador se alarga en el principio, por ejemplo, éste enseguida está preguntando “y entonces, ¿qué pasa?, ¿cuándo empieza?” Los niños y jóvenes tienen una disposición casi innata hacia la narrativa y saben perfectamente cuando una historia está bien contada y si les interesa o no. Además, la literatura infantil y juvenil posee, creo yo, una función más allá de lo eminentemente literario. Si en general la perspectiva funcional de la narrativa se engloba en los conceptos horacianos de lo ‘dulce’ (o agradable) y lo ‘utile’ (o didáctico), en este género todavía más. Una historia para este tipo de público tiene que entretener, enganchar, enseñar y emocionar. Si es posible, a partes iguales. Los lectores niños, adolescentes y jóvenes se adentran en la lectura con expectación, esperando que el mundo que se despliega ante sus ojos sea capaz de sorprenderles, de atraparles, de hacerles experimentar y sentir otras vidas.

¿Qué evolución ha tenido la literatura infantil y juvenil?

La literatura infantil y juvenil como género es un invento reciente. Antes del siglo XIX, los primeros libros que podríamos considerar como infantiles son las compilaciones de cuentos de hadas o de folklore popular. Pero no eran exclusivamente para niños, sino para todas las edades. Una de esas primeras compilaciones fue el Pentamerón de Giambattista Basile. Y de este beben volúmenes posteriores como los que realizaron Charles Perrault, los Hermanos Grimm o Hans Christian Andersen. El primer libro que se considera verdaderamente del género es A Little Pretty Pocket-Book, escrito en 1744 por John Newbery. A Newbery, de hecho, se le conoce como el padre de la literatura infantil. A partir de la aparición de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll en 1865, surgen un montón de novelas hoy consideradas clásicos del género: Mujercitas de Louisa May Alcott, Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain, El maravilloso mago de Oz de L. Frank Baum, Peter Pan y Wendy de J.M. Barrie… Por citar solo unos pocos.

En cuanto a la literatura juvenil, hay que tener en cuenta que la palabra teenager empieza a utilizarse en 1944, momento en que la adolescencia o primera juventud comienza a considerarse una etapa diferenciada entre la niñez y el mundo adulto, siendo un grupo de población específico con sus propios rituales, necesidades y gustos. El término Young Adult que alude ya al género como tal, se acuñó en 1975, cuando la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos dio lugar a la Asociación de Servicios de Bibliotecas para Jóvenes Adultos.

¿En qué se diferencia la literatura actual de este tipo de la ‘original’?

Bueno, hay que pensar, por ejemplo, que la literatura juvenil bebe de una saga que revolucionó la historia de la literatura en general: El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien dio origen a las raíces del género fantástico y también a los grandes temas de la literatura para jóvenes adultos. Como es, por ejemplo, el de la búsqueda externa que simboliza la búsqueda de la identidad personal, tan importante en la franja de edad que tratamos. Colaborador y amigo de Tolkien era C.S. Lewis, autor de otro de los grandes clásicos de literatura juvenil, Las crónicas de Narnia. Entonces, una de las diferencias entre la literatura actual y la ‘original’, por llamarla de alguna manera, es que esos libros no estaban tan categorizados como juveniles, en su momento. Hoy en día, muchas de las novelas para adolescentes son claramente solo para adolescentes y no tanto para leer a todas las edades. En la actualidad, la literatura infantil y juvenil se distingue muy claramente por las franjas de edad específica a la que se dirigen y por los temas concretos que tratan. Por ejemplo, hay un subgénero de literatura juvenil que es el apocalipsis, otro de viajes en el tiempo, otro de novelas románticas paranormales (que inició Crepúsculo de Stephenie Meyer)… En cualquier caso, también a veces ocurre que novelas pensadas inicialmente para jóvenes adultos han acabado triunfando en el mercado general. Se llaman crossovers y es el caso, por ejemplo, de El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon.

¿Qué importancia tiene este tipo de literatura en la creación de hábitos de lectura?

Toda. Creo, por un lado, que entrar en contacto con la lectura y la narrativa desde niños nos hace conscientes de la importancia que tienen las historias para la vida en general. Los seres humanos tendemos a explicarnos y construirnos mediante historias. Desde bebés, nos duermen con cuentos que enseñan de manera simbólica a lidiar con el mundo exterior. De niños, jugamos a ser otros. Se nos explican nuestros antecedentes, de dónde venimos, quiénes son nuestras familias o las creencias a las que debemos adherirnos con relatos, paradigmas, fábulas. De adolescentes, forjamos una identidad en torno al deseo de quién nos gustaría ser (seguramente, alguien muy distinto a nuestros padres porque la suya es otra “historia”). Vivimos acompañados por las historias propias y ajenas. La posibilidad de contar nuestra historia, de defender nuestros valores y creencias, se relaciona con la libertad más profunda y, además, desde tiempos inmemoriales, concede la noción de inmortalidad. Por eso, adquirir el hábito de lectura desde niños, nos ayuda a entender, por ejemplo, que, aunque el mundo pueda parecer un lugar hostil, uno siempre puede salir victorioso. Leer acompaña y proporciona calidez al alma infantil y joven porque demuestra que nadie es tan extraño y diferente como piensa. Creo que, además, adquirir el hábito de leer tiene mucho que ver con las personas que te leen cuentos de niños… y también con ser consciente de que el tiempo y la “tabula rasa” que se tienen de niño y de joven ya después nunca se vuelve a tener igual. Y por eso es entonces cuando hay que caer enamorados de los libros.

¿Qué grandes temas podemos encontrar en la literatura infantil y juvenil?

En general, los grandes temas que se encuentran en estas literaturas son los relacionados con las crisis específicas de cada franja de edad. Hay un momento en torno a los seis años, por ejemplo, en que el niño tiene que aprender a ser independiente de su madre y de su zona de confort y la literatura muestra historias donde esto sucede. También existe una amplia gama de libros que se dedican a la transición entre niño y adolescente. O sea, a lo que implica crecer y hacerse mayor. A partir de los 13 años, las historias suelen lidiar con conflictos familiares, el primer amor, el despertar sexual, la necesidad de la individualidad y de adquirir la fuerza para poder ser uno mismo… Al mismo tiempo, casi siempre tratan el tema de entender (y reconciliarse) con la condición humana de la mortalidad a la vez que transmiten el concepto, tan apreciado en la juventud, del carpe diem.

¿Existe un boom de este tipo de literatura? ¿Qué consejos le darías a un/a aspirante a escritor que se quiera dedicar a ella?

Existe un boom del género sin precedentes, no solo en la cantidad sino en la variedad y calidad de estos libros. Un fenómeno como la saga de Harry Potter hizo que la literatura para los más jóvenes tuviera su propia lista de best sellers y que, además, surgiera una afición (hasta ahora nunca vista) por el fan fiction. Es decir, por la necesidad de los lectores de continuar esas historias que tanto les apasionaban. Creo que un aspirante a escritor infantil y/o juvenil debería (1) leer todo lo que se pueda del género y por supuesto, los clásicos; (2) mirar el mundo alrededor con los ojos de un niño o un joven; (3) ser capaz de recordar cómo eras tú en aquella edad, qué te gustaba, qué te importaba, qué odiabas; (4) tener en cuenta el momento histórico en el que vivimos, imbuirse de las preocupaciones sociales, del zeitgeist que podemos incluir en nuestras historias para aquellos que tienen que “aprender” a vivir; (5) tener un estilo claro, cuidado, pulcro, saber cómo escribir para que a uno le lean bien;  (6) descubrir qué es lo que te hace único como escritor: ya sean los temas, los personajes o las tramas. Y, por último, (7) hacerle siempre mucho caso a J.R.R. Tolkien, que consideraba que el “caldero de las historias” comenzó a bullir en el albor de la especie humana por una necesidad tan básica como la de darle sentido a nuestra existencia. Este caldero se compone, primero, de los cuentos y leyendas que forjaron la tradición oral y después de ingredientes varios: ciclos histórico-culturales, vivencias personales y colectivas, ficciones y realidades, fantasías y pánicos, deseos y frustraciones, intelecto e inconsciencia… Y todo aderezado con ese asombro que solamente poseen los niños.

Emilio Vivallo autor
Emilio Vivallo

Equipo de Comunicación de la Universidad Internacional de Valencia.