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Este 15 de mayo pasado se celebró el Día Europeo contra la obesidad, una fecha que busca crear conciencia de los efectos negativos de la obesidad y promover acciones y políticas que la prevengan.

Respecto al aumento de las cifras de obesidad en España y la influencia que ha tenido la irrupción del COVID en este crecimiento, la Dra. Aurora García Tejedor, doctora en Ciencias de la Alimentación y Directora de la Maestría Oficial en Nutrición y Salud de VIU, señala que “La pandemia ha agravado el número de personas que padecen sobrepeso y obesidad, un aspecto que era previsible ya que, durante los confinamientos, se redujo de forma considerable la realización de actividad física y se aumentó el consumo de alimentos superfluos, así como el picoteo entre horas. De hecho, los datos de consumo indicaron que, durante el confinamiento, se produjo un aumento considerable en la venta de productos insanos, como snacks, chocolate y bebidas alcohólicas”.

Los efectos que el sobrepeso y la obesidad tienen sobre la salud en términos generales son bien conocido: se considera un factor de riesgo para el desarrollo de numerosas patologías, sobre todo a nivel cardiovascular y metabólico, pero también para la incidencia de ciertos tipos de cáncer, afecciones musculoesqueléticas, enfermedades respiratorias y trastornos de la salud mental, por ejemplo. Pues a esta larga lista de riesgos se añade uno más, como señala la Dra. García Tejedor “en los últimos meses se ha demostrado que la obesidad es un factor de mal pronóstico también para el coronavirus, ya que hay una mayor probabilidad de tener complicaciones, necesitar ventilación mecánica, ingresar en la UCI y, por lo tanto, mayor riesgo de muerte”.

Asimismo, subraya que “la obesidad es la epidemia más importante del siglo XXI, principalmente, la obesidad infantil, ya que, si no cambiamos la tendencia actual, demasiados niños van a crecer con obesidad, y con ello mayores probabilidades de padecer a edades más tempranas otras enfermedades como las mencionadas”.

Sobre este punto que señala la Dra. García Tejedor, los datos del Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE) indican que el 34 % de la población española de entre 3 y 24 años tiene sobrepeso u obesidad, una cifra que asciende hasta casi el 40% en el caso de los niños de entre 3 y 8 años. Una realidad que a juicio de la docente de VIU se debe en gran parte a que “hay una carencia de educación alimentaria y nutricional en toda la población, pero cabe destacar especialmente la que existe en padres e hijos. A lo que se suma la falta de tiempo para emplear técnicas culinarias más saludables y utilizar menos productos precocinados”. En esta misma línea, recuerda el hecho de que los niños aprenden a través de sus padres por lo que el ejemplo de estos es clave para desarrollar preferencias saludables.

“Por otro lado, en los niños y adolescentes se ha observado un aumento importante en el consumo de comida rápida en los últimos años. Muchas familias, especialmente aquellas con dos padres que trabajan fuera de casa, escogen este tipo de restaurantes para salir a comer o cenar porque suelen ser los preferidos de sus hijos y baratos. El problema es que en estos locales los alimentos que se sirven tienden a contener una gran cantidad de calorías con bajos valores nutricionales”, señala.

“También, hay que resaltar el elevado consumo de bebidas azucaradas, como gaseosas y zumos, en esta población, un producto que contribuye a la obesidad, ya que supone un consumo elevado de energía. De igual forma, explica que “el sedentarismo es otra de las principales claves del problema, los niños, cada vez están más horas delante de las pantallas, en lugar de estar en la calle corriendo y jugando”.

García Tejedor recalca la necesidad de establecer una rutina en la que se incluyan horarios fijos de comidas, en torno a 5 al día, para evitar comer entre horas, así como practicar ejercicio físico de manera habitual. A esta pauta añade evitar la ingesta de snacks, comida rápida, refrescos, bebidas azucaradas y alcohol. “Para ello, es imprescindible llenar la nevera y despensa de alimentos saludables, así como hacer la compra con una lista y tras haber realizado una de las comidas principales del día. Es imprescindible crear hábitos de vida saludables tanto en los padres como en los niños, lo que pasa por una educación alimentaria a toda la población”, concluye.