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Miguel Verdeguer Segarra es doctor con mención Internacional en Derecho y Economía por la Universidad CEU San Pablo en Madrid y la Universidad de Fordham en Nueva York. Imparte docencia en el Grado en Derecho en VIU, y es autor del libro “Non-controlling Minority Shareholdings under EU Competition Law” de la Editorial Thomson Reuters, y de números artículos científicos. Está especializado en Derecho Europeo y de la Competencia Cuenta con experiencia profesional en la gestión y ejecución de Fondos Europeos como Stagiaire de la Comisión Europea, la Delegación de la Comunidad Valenciana en Bruselas, y como junior Project Manager en Unesco-Valencia/Mediterráneo.

Con motivo del Día de Europa, celebrado este 9 de mayo, le realizamos una entrevista para que nos aportara su visión experta del pasado, presente y futuro de la Unión Europea.

¿Cuál consideras que es la importancia histórica de la Unión Europea?

Su trascendencia es indiscutible. Ya han pasado 71 años desde aquel 9 de mayo de 1950 en el que Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores Francés, inspirase uno de los proyectos políticos más ambiciosos y apasionantes que se pueda conocer. La Unión Europea. La histórica Declaración Schuman marcó un antes y un después en la historia de la vieja Europa. Un antes, que venía desgraciadamente manchado por los conflictos bélicos que llevaron en dos ocasiones al continente a la catástrofe. Catástrofe de la que parecía imposible resurgir. Y un después, que se construía sobre unos cimientos sólidos de un proyecto común basado en la solidaridad entre países vecinos.

Lo que en aquel entonces podía parecer una utopía hoy en día es una realidad. Una realidad social, cultural, política y económica que cruza la geografía europea, desde Malta hasta Finlandia, desde Francia hasta Croacia. Una realidad merecedora de un Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento a quién tuvo una idea de unión, un reconocimiento a quienes desarrollaron esa idea y un reconocimiento a quienes hicieron de la idea la realidad de la que hoy en día hablamos, y en la que hoy en día vivimos. Por tanto, no hay duda acerca de la importancia histórica de la Unión Europea.

¿Qué le dirías a los jóvenes desencantados con el proyecto común que atribuyen los éxitos únicamente a la política nacional?

Siempre me gusta escuchar los motivos, las ideas, cualquier razonamiento que la gente en general y los más jóvenes en particular puedan tener acerca de la Unión Europea. Es importantísimo escuchar.

En todo caso, a mí me gusta invitar a la reflexión acerca de la realidad en la que todos vivimos. La Unión Europea no reemplaza a los Estados miembros, todo lo contrario, la Unión crea un marco común de convivencia orientado a preservar las particularidades de cada uno de sus miembros. Eso es lo bonito de la Unión Europea, que no tiene vocación de reemplazar sino de preservar la cultura de cada uno de sus miembros, de forma que todos podamos disfrutar de su diversidad.

Por supuesto, muchas de las libertades y derechos que disfrutamos son fruto del esfuerzo nacional de cada uno de los Estados miembros. La Unión Europea no pretende esconder esos logros. Pero no por ello hay que obviar las numerosísimas aportaciones de grandísimo valor, de un valor intergeneracional, procedentes de la Unión Europea. Y lo mejor para hacerlo entender es enumerar ejemplos de estas aportaciones de la Unión. Al menos algunos de los más significativos:

En primer lugar, y como he mencionado a raíz de la pregunta anterior, no nos podemos olvidar que la Unión Europea ha creado un marco de paz, ha permitido la convivencia pacífica entre los pueblos. Creo que esto es más que de agradecer. Los más mayores, nuestros abuelos, han conocido la guerra. Han conocido un entorno donde su derecho más básico, el derecho a la vida, estaba en riesgo. Nosotros llevamos más de 70 años de paz gracias a la Unión Europea.

Por otro lado, no hay que olvidarse de la ciudadanía europea. La Unión Europea nos ha permitido gracias a la ciudadanía, entre otros derechos y libertades, poder circular y residir libremente dentro del territorio de cualquier Estado miembro. Es más, podemos viajar sin pasaporte dentro de los países signatarios del acuerdo Schengen. ¿Cuánto nos gusta esto?

Nos podemos ir de viaje sin, a priori ninguna restricción, por parte de los países de la Unión pertenecientes a Schengen como si lo hiciéramos dentro de nuestro propio país. Esto es una ventaja en mayúsculas.

Desde una perspectiva económica esto es mejor entenderlo atendiendo al “mercado interior y único de la UE”. Gracias a tener un solo mercado, y no un mercado fragmentado en 27 trocitos, podemos vender nuestros productos en cualquier país de la Unión sin limitaciones ni restricciones, podemos trabajar en cualquier estado de la UE sin ser discriminado frente a los nacionales del estado de acogida, podemos ofrecer nuestros servicios profesionales a nacionales de otros Estados de la Unión como si se los ofreciéramos a nuestro vecino, y podemos hacer circular nuestro dinero en el territorio de la Unión.

Estas cuatro libertades, libre circulación de bienes, personas, servicios y capitales, son fruto de décadas de esfuerzo por parte de la Instituciones europeas y por parte del esfuerzo individual, pero compartido, de los Estados miembros.

Podemos ir incluso más allá en lo que a la integración económica se refiere. A día de hoy contamos con una moneda única, el euro. Son muchísimas las ventajas de tener una sola moneda:

  • Se eliminan los costes de transacción asociados a la necesidad de cambiar de moneda cuando se realizan transacción en el territorio euro.
  • Se elimina la incertidumbre asociada a la volatilidad de los tipos de cambio, protegiendo simultáneamente a los países del Eurogrupo de ataques especulativos, con lo que es de esperar, según la teoría económica convencional, una mejora en la asignación de los recursos dentro de la Unión.
  • En consecuencia, aumenta el comercio. La dificultad añadida que supone la existencia de diversas políticas monetarias, hace necesaria su homogeneización. De ahí que solo haya una única política monetaria en el Eurogrupo.

Y diría mucho más, hay un aumento de la productividad de nuestras empresas, gracias a la eliminación de las barreras que impedían la competencia efectiva, y facilitaban la aparición de comportamientos oligopolistas, con lo cual el consumidor también acababa pagando precios más altos.

Por otro lado, algún argumento euroescéptico habla de que la UE absorbe mucho capital nacional. ¿Es esto cierto? ¿Está fundada esta argumentación? Por supuesto que no. El presupuesto de la UE representa el 1% del PIB de la UE y el 94% vuelve a los EEMM en forma de ayudas. Aquí en España hemos sido beneficiarios de muchísimos fondos europeos:

  • Fondos Estructurales y de Cohesión. Seguro que, dentro de los Estructurales, hemos oído hablar de los fondos FEDER.
  • Del Fondo Social Europeo, de las ayudas de la PAC. El Fondo Europeo Marítimo y de Pesca, del que España ha sido el gran beneficiario.

Y con esto he mencionado algunos de los beneficios que se desprenden de la Unión. Y me dejo muchos en el tintero, como el ERASMUS+ sin ir más lejos. Ese tengo entendido que gusta mucho.

¿Crees que la Política Exterior de la UE está lo suficientemente consolidada para liderar a la sociedad internacional junto a EEUU?

La evolución de la política exterior de la Unión ha sido lenta pero progresiva. Todavía hay que seguir profundizando mucho en ella. Si bien con Lisboa, al reconocerse la personalidad jurídica única de la Unión se produce un salto indiscutible en esta área. Básicamente porque la Unión Europea puede negociar acuerdos internacionales de forma eficaz.

A día de hoy, creo que la Unión Europea es actor protagonista en la esfera internacional. El peso de la Unión en la sociedad internacional es indiscutible. Los estándares de calidad fijados en la Unión son envidiables, lo cual tiene una repercusión muy positiva sobre el comercio internacional. La UE y los EEUU representan 1/3 del PIB mundial y del Comercio mundial y el 60% de las inversiones extranjeras en el mundo. De ahí que es de esperar un mayor entendimiento entre la Unión Europea y los EEUU a efectos de mantener estas cifras o hacerlas progresar.

Por ello, es de esperar que funcione la Agenda Transatlántica con la Administración Biden. Además, hay intenciones compartidas con los EEUU en trabajar en favor de un mayor multilateralismo, con una agenda económica fuertemente trabajada en términos de lucha contra la pandemia y desde luego en términos de lucha contra el cambio climático.

Y, precisamente, a raíz de la pregunta relacionada con el cambio climático, la Unión Europea como protagonista en la sociedad internacional, lleva trabajando durante mucho tiempo en la transformación del modelo económico europeo dentro de lo que se conoce como “El Pacto Verde Europeo”.

La Unión Europea persigue que Europa sea la primera región que alcance la llamada neutralidad climática en el año 2050. Para lo cual se está apostando desde ya, en el paso de un modelo lineal, (donde el ciudadano compra, consume, tira y contamina), por un modelo circular, que en definitiva permitirá fortalecer nuestra industria por medio del reciclaje.

De hecho, ya hace años, tuve la oportunidad a comienzos del 2015 de exponer en Bilbao el área de trabajo que estimaba primordial para ser emprendida a nivel supranacional. Y señalé precisamente la línea de actuación que en esta materia consideraba que era esencial implantar dentro de lo que constituía el llamado Plan Juncker.

Hablando con el Vicepresidente de la Comisión en aquel entonces, Mr. Jyrki Katainen, le comenté a título personal que había que apostar por darle la vuelta al modelo económico, apostando fuertemente por las renovables, y que, haciéndolo, efectivamente lograríamos reducir el desempleo al tiempo que lograríamos una mayor independencia energética, y, lo más importante, al tiempo que lucharíamos contra nuestro objetivo número 1: El cambio climático.

Unos meses más tarde, me encontré con el Sr. Katainen en la cafetería del Berlaymont, el edificio de la Comisión, y me comentó que recordaba la conversación. Y que efectivamente ya se iban a adoptar medidas encaminadas a profundizar en el estudio del cambio del modelo económico.

Con ello, no quiero decir que la idea fuera mía, sino que hay muchos estudios de fondo, que se llevan muchos años trabajando en el tema, y que efectivamente esto se va a materializar.

¿Cuál ha sido la actuación de la Unión en materia sanitaria en la lucha contra el Covid-19? ¿Podrías dar ejemplos?

El problema epidemiológico planteado por el COVID-19 ha subrayado la importancia de la actuación conjunta frente a los problemas globales. Desde todos los ámbitos sociales se enfatiza, quizá con más fuerza que nunca, el concepto de “actuación conjunta”.

Ahora, salud y economía van de la mano, ya que mientras el coronavirus ha estado bloqueando el sistema sanitario de cada país llevándose la vida de muchísimas personas (y sigue haciéndolo) las cifras macroeconómicas reflejan el duro golpe que, a nivel micro, están recibiendo todos y cada uno de los trabajadores y profesionales que integran el tejido productivo de cada rincón, no solo de Europa, sino de nuestro planeta.

La falta de coordinación apreciable en Europa cuando el virus aterrizó no puede repetirse. Pero esa falta de coordinación es derivada de la falta de competencias de la Unión para trabajar en materia sanitaria, y no de la “incompetencia” de la Unión como algunas voces euroescépticas erráticamente han querido señalar.

Pensar esto último es incurrir en un error gravísimo de comprensión de nuestro modelo político. La Unión únicamente puede moverse dentro del marco que dibuja el principio de atribución consagrado en el Tratado de la Unión Europea. En otras palabras, toda competencia no atribuida a la Unión en los Tratados, como es el caso de la sanidad, corresponde a los Estados Miembros.

En consecuencia, la Agenda 2021 de la Unión viene necesariamente marcada por más Europa, más integración, más Unión. Se necesita aunar esfuerzos y liberarse de individualismos para ser más eficaces a la hora de abordar los retos ante los que sin excepción todos nos encontramos. Por ello, las dos instituciones que mejor encarnan el carácter supranacional de la Unión, Comisión y Parlamento, están liderando el proceso de toma de decisiones en estos momentos tan transcendentales.

En lo que al problema sanitario respecta, más allá de la movilización y aprovisionamiento de material sanitario destinado a la prevención del coronavirus, el Servicio Jurídico de la Comisión saltó rápidamente a negociar con las grandes farmacéuticas acuerdos de opción de compra de las vacunas que permitirían la inmunización activa progresiva del conjunto poblacional de la Unión.

En aras a la consecución de una “Unión de la Salud”, la Comisión puso en marcha una Decisión de Ejecución por la que se establecería un marco normativo de intercambio de información entre las autoridades sanitarias nacionales de los Estados Miembros.

Y a efectos de facilitar la libre circulación de personas dentro de unos parámetros que garanticen la seguridad y la salud dentro del “territorio UE”, la Unión ha acordado la creación de un mecanismo de reconocimiento mutuo de pruebas del Covid que facilitará el rastreo del virus a nivel transnacional.

Por otro lado, bajo la premisa de que “nadie está a salvo hasta que todo el mundo esté a salvo”, la Unión Europea está contribuyendo a la creación de una reserva de vacunas que, con carácter solidario, será facilitada a aquellos países que carecen de los medios económicos necesarios para desplegar un plan de vacunación a gran escala. Este programa de vacunación mundial, conocido como COVAX, fue iniciativa conjunta lanzada en abril del 2020 entre la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea y Francia, y permitirá aglutinar todas aquellas aportaciones que cualquier país desee realizar.

Adicionalmente, la Unión Europea tiene intención de ensanchar los márgenes de actuación de sus agencias: el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). En el caso de esta última agencia, resultan destacables las competencias que se le pretenden atribuir en materia de seguimiento y evaluación del abastecimiento de equipos básicos de protección contra el Covid.

Del mismo modo, y con el objetivo de solucionar las deficiencias estructurales de la Unión debidas a la falta de acceso a contramedidas médicas frente a imprevistos sanitarios, la Unión está desarrollando una propuesta de creación de una Autoridad para la Respuesta Sanitaria de Emergencia.

¿Y en materia económica?

Hay algo que fue inevitable, y fue precisamente la necesidad del confinamiento. ¿Y qué pasa cuando estamos todos en casa? Pues que se paraliza la economía.

Por tanto, esto implicó inevitablemente un sobreesfuerzo de las arcas públicas por amortiguar la paralización productiva del sector privado. Los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo se convirtieron en la mejor fórmula a disposición del empresario para mantener a sus trabajadores. No obstante, la sostenibilidad de este mecanismo era bastante cuestionable dada la escasez de recursos económicos a disposición de la Administración.

Ante esta situación, la Unión Europea activó de inmediato el “Instrumento Europeo de Apoyo Temporal para Atenuar los Riesgos de Desempleo en una Emergencia” (instrumento SURE, por sus siglas en inglés).

Es un instrumento, como bien señaló la Comisión Europea, cuya creación es otra expresión tangible de la solidaridad de la Unión, mediante la cual los Estados Miembros acuerdan apoyarse mutuamente por medio de la aportación de recursos financieros adicionales. Con un importe total de 90,3 billones de euros, países como España o Italia, cuyos mercados laborales quedaron gravemente afectados, llegaron a recibir (si no recuerdo mal…) 21,3 y 27,4 billones de euros respectivamente dentro del marco SURE. Sin los mecanismos europeos de ayuda económica los cimientos del mercado laboral se habrían tambaleado hasta su total colapso.

¿Cómo siguió actuando la Unión Europea? Pues con más Europa, más Unión, más integración.

Reflejo de ello fue la primera emisión de bonos sociales por parte de la Comisión Europea con ocasión de la activación del marco SURE. La decisión de emitir bonos es un hecho histórico para la Unión, así como un factor de cambio para el mercado mundial de bonos sociales, tal y como puntualizó el Comisario de Presupuesto y Administración, Johannes Hahn.

Hablamos de 17.000 millones de euros destinados a proteger el puesto de trabajo del ciudadano europeo.

Otro hito histórico, fruto igualmente de la capacidad de reacción de la Unión, ha sido la aprobación del instrumento “NextGenerationEU”, el cual complementa el Marco Financiero Plurianual 2021-2027 con 750.000 millones de euros adicionales.

Dentro del marco NextGenerationEU se integran otros instrumentos de financiación, entre los cuales destaca, dada su mayor dotación presupuestaria, el llamado “Mecanismo Europeo de Recuperación y Resiliencia”. destinado a impulsar una reforma estructural en el modelo socioeconómico tradicional de cada Estado miembro.

Asimismo, dentro del NextGenerationEU, otra partida económica de gran relevancia, en atención a su cuantía presupuestaria, es el instrumento REACT-EU, cuyos 47.500 millones de euros están directamente destinados a hacer frente a las consecuencias derivadas de la pandemia. Estos fondos se canalizan a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), el Fondo Social Europeo (FSE) y el Fondo de Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas (FEAD).

Por ello, en aras a facilitar la devolución de los préstamos y a reducir la presión de los presupuestos nacionales, la Comisión previó la creación de nuevos recursos propios para el Presupuesto Europeo. Aumentando el límite máximo de recursos propios la Comisión contaría con un mayor margen de maniobra, lo que en definitiva garantiza al inversor la capacidad de la Unión Europea para el reembolso de la deuda.

Y, por último, ¿Más Europa o menos Europa tras el Brexit?

La Unión Europea cerraba el 2020 con el éxito de las negociaciones del Acuerdo Comercial con el Reino Unido.

El negociador jefe de la UE para el Brexit, Michel Barnier, afirmaba tras el cierre del mencionado acuerdo que no hay ganador en el Brexit y que, si bien el acuerdo satisface a todas las partes negociadoras, la salida del Reino Unido sigue siendo motivo de tristeza para la Unión.

Hay quien puede pensar que la puesta en marcha del nuevo acuerdo comercial con el Reino Unido ha dejado a los 27 Estados miembros con dudas en cuanto a su futuro compartido, aunque lo cierto es que las ideas son claras en el seno de la Unión:

  • El proyecto tiene que seguir escribiéndose en clave supranacional y alejar el intergubernamentalismo para afrontar una ambiciosa agenda común repleta de objetivos que individualmente resultan inalcanzables (Hablábamos en preguntas anteriores de Cambio climático, Covid. Y podríamos incluir otros retos, como el Mercado Digital)

Por ello, yo apuesto, sin duda, por más Europa. Tiene que haber respeto mutuo. El respeto mutuo nos enriquece, nos hace más Europa, nos permite mirar al futuro y defender mejor nuestros intereses. Repito, son Intereses comunes.

Yo creo que con una solidaridad de hecho como la que quiso Robert Schuman tal día como hoy en 1950, podemos seguir combatiendo juntos los grandes retos a los que nos enfrentamos.