Este 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Según cifras de la ONU, casi 1 de cada 3 mujeres ha sufrido abusos a lo largo de su vida. Una cifra que, además, ha empeorado con el COVID19, ya que como señala el informe de ONU Mujeres, basado en datos de 13 países desde la pandemia, 2 de cada 3 mujeres padecieron alguna forma de violencia o conocían a alguna mujer que la sufría. Para saber un poco más sobre la actualidad relativa a las violencias contra las mujeres y cómo combatir esta lacra, le realizamos la siguiente entrevista a Pau Crespo Donet, licenciado en sociología y en criminología, máster en Derecho y Violencia de Género y director del Maestría Oficial en Intervención Interdisciplinar en Violencia de Género de VIU, además de docente en el Carrera en Criminología de la Universidad.    

Aunque se ha avanzado en la visibilización de la violencia de género, aún queda camino por recorrer ¿Cuáles son algunos de los principales desafíos a que se enfrentan quienes trabajan activamente por prevenir y erradicar esta lacra? ¿Crees que estamos en un momento de inflexión estructural frente a esta problemática, gracias al cambio generacional, o las personas jóvenes siguen perpetuando y naturalizando los estereotipos y conductas heredadas?  

Desde finales de los años noventa del siglo pasado los movimientos de mujeres han tenido entre sus principales objetivos visibilizar y erradicar las violencias contra las mujeres. Además, por primera vez, dadas las características del mundo actual, con la capacidad de organización en redes a nivel global. Ello ha posibilitado que las reivindicaciones por los derechos y por la vida de las mujeres estén más presentes y activas civil, política y académicamente y que exista cada vez más mayor sensibilización de las nuevas generaciones, especialmente entre las mujeres. Tenemos ejemplos a nivel global como el movimiento Me too (“Yo también”), el movimiento “Ni una menos” (iniciado en Argentina y expandido globalmente) o las manifestaciones y movilizaciones en el Día Internacional de la Mujer en los últimos años previos a la pandemia; y a nivel nacional, como la reacción en España ante diferentes violaciones colectivas (Pamplona, recientemente Igualada, etc..) o en Colombia el asesinato de Elvira Cely que impulsó importantes cambios legislativos.

Sin embargo, por el contrario, como ha sucedido en otros momentos de la historia, ante los avances de los derechos de las mujeres surgen las denominadas “revanchas del patriarcado” poniendo en duda las desigualdades de género existentes y minimizando, ocultando o incluso justificando las violencias contra las mujeres en cualquiera de sus formas.

En este sentido apuntan las cifras del último barómetro sobre juventud y género de 2021[1]. Por un parte el estudio indica que se han logrado importantes avances sobre la percepción sobre desigualdad e igualdad y los roles y estereotipos de género y que mayoritariamente se considera la violencia de género como muy grave. Sin embargo, por otra parte, casi un 10% de chicas y el doble de los chicos (20%) considera que se trata de un invento ideológico con incrementos en ambos sexos respecto al mismo estudio de 2019 (tres años antes); un 15% de las chicas y un 25% de los chicos, uno de cada cuatro, considera que la violencia de género es inevitable y que siempre ha existido; y el 7,3% de las chicas y el doble de los chicos (15,4%) considera que si la violencia es de baja intensidad no resulta un problema.

La juventud que niega o minimiza las violencias contra las mujeres como un problema social es minoritaria, pero, atendiendo sobre todo a los incrementos de los últimos años, es fundamental seguir desarrollando campañas de sensibilización dirigidas a la juventud y seguir desarrollando la coeducación y las políticas de igualdad en las instituciones educativas.

Según datos de la ONU, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental ¿Nos falta aún educación y concienciación para identificar y prevenir estos abusos en las relaciones afectivas? ¿Qué debemos hacer para prevenir estas violencias?

Fundamentalmente se requiere continuar con la sensibilización y la visibilización de las violencias contra las mujeres como un grave problema social y como una grave vulneración de los derechos humanos para lograr su prevención -que no se produzcan- o en todo caso, detectar lo antes posible las situaciones de violencia para poder realizar una intervención y poner fin a la misma. Por supuesto un pilar fundamental debe ser la educación de las nuevas generaciones, sin embargo, si primero las generaciones adultas no toman conciencia y actúan frente a las situaciones de discriminación o violencia contra la mujer, difícilmente podrán transmitirlo de forma eficaz a las nuevas generaciones. La escuela, como agente de socialización esencial debe ser un pilar en la construcción de un modelo de igualdad entre sexos y de erradicación de las violencias contra las mujeres, pero es totalmente necesaria la implicación de otros agentes de socialización esenciales como son la familia y los medios de comunicación.

Al respecto y concretamente sobre la violencia sexual, por una parte seguimos viendo en algunos contenidos mediáticos y en constantemente en las redes sociales imágenes discriminatorias de la mujer como su “cosificación sexual”, y por otra parte, la pornografía es en la actualidad uno de los principales mecanismos de educación sexual para las personas más jóvenes[2]: el consumo de pornografía tiene edad media de inicio en los 12 años, más del 70% de los chicos adolescentes y cerca del 30% de las chicas adolescentes indica visitar páginas de contenidos pornográficos y el 90% indicaba haber realizado prácticas vistas en la pornografía con su pareja sin previo aviso.

¿Por qué es importante trabajar desde un enfoque interdisciplinar en la prevención e intervención de las violencias contra las mujeres?

Las desigualdades de género y las violencias contra las mujeres están estrechamente vinculadas: las violencias contra las mujeres son un mecanismo para el mantenimiento individual o colectivo de las desigualdades de género. Tanto en las desigualdades como en las violencias el objeto de estudio y de intervención son las mujeres víctimas de las discriminaciones y de las violencias y por ello, más allá de los ámbitos científicos o disciplinares, todo el conocimiento e intervención debe realizarse en un único sentido: la construcción de un sistema igualitario en mujeres y hombres y la erradicación de las violencias contra las mujeres.

Así pues, por una parte, respecto a las desiguales de género, dado que están presentes en las todas las dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales, se precisa de intervención desde todas ellas y sus diferentes ámbitos científicos y disciplinas: brecha salarial en el ámbito del trabajo remunerado, estereotipos y/o prejuicios de género en el ámbito judicial, feminización de la pobreza, etc.  

Y, por otra parte, respecto a la intervención con mujeres víctimas de violencia, se requiere de una asistencia y de una intervención integral sobre la víctima para evitar una victimización secundaria. No basta con dotar una ruta de atención a la víctima con asistencia desde diferentes ámbitos de intervención, estos deben estar totalmente coordinados tanto en la intervención como en el manejo de información para evitar declaraciones o trámites repetitivos para la víctima que impiden su adecuada recuperación y/o incluso su desistimiento en los procesos judiciales. 

¿Cómo ha afectado el COVID y el confinamiento a las violencias contra las mujeres?

Respecto al impacto del confinamiento en las violencias contras las mujeres debemos distinguir dos periodos o fases:

  • El primer periodo o fase, correspondiente a los meses iniciales el confinamiento, tuvo un doble efecto. Por una parte, propició una disminución de la violencia dado que muchos agresores ya no requerían de la violencia directa como mecanismo de control sobre la víctima dada la convivencia permanente. Por otra parte, graves situaciones de violencia quedaron totalmente invisibilizadas debido al incremento del aislamiento de las víctimas.
  • En el segundo periodo o fase, correspondiente a la prolongación del confinamiento, se produjo un incremento general de la violencia y el surgimiento de nuevas situaciones de violencia debido por una parte a la prolongación de la fase del ciclo de la violencia de Acumulación de la Tensión con la consiguiente Explosión de la Violencia y por otra, debido al aislamiento prolongado de las víctimas.

Por todo ello tras el confinamiento se ha producido un incremento importante de las denuncias y de las situaciones de violencias contra las mujeres[3].

Por último, también es importante destacar el grave impacto y las graves consecuencias que ha tenido la pandemia y el confinamiento sobre las cientos de mujeres explotadas sexualmente en España ya que a la existente situación de explotación sexual se ha incrementado todavía más su aislamiento e incluso se han incrementado las carencias de necesidades básicas (recursos económicos, alimentación, salud, etc.).

 

 

 

 

[1]             Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad (2021). Barómetro juventud y género 2021. Identidades, representaciones y experiencias en una realidad social compleja. Disponible en: https://bit.ly/3uruYoE

[2]             Save the Children (2020). (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. Disponible en: https://bit.ly/3CE37nZ

[3]             Consejo General del Poder Judicial (2021). La violencia de género en 10 indicadores 2021 (Primer semestre). Disponible en: https://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Violencia-domestica-y-de-genero/Actividad-del-Observatorio/Datos-estadisticos/