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La Dra. Beatriz Valles-González es fonoaudióloga, máster en Lingüística y doctora en Educación. Ha realizado estudios postdoctorales en genética en la Universidad de Columbia y de bioética clínica en la Universidad de Chicago. Cuenta con una amplia experiencia de práctica profesional e investigadora y es autora de artículos y capítulos de libros sobre los trastornos del lenguaje en enfermedades neurodegenerativas y sobre la atención logopédica de la persona con demencia. Actualmente es directora de la Carrera en Logopedia en VIU.

Su línea de Investigación actual se centra en las funciones ejecutivas y conversación en personas con deterioro cognitivo. Por ello le pedimos que nos explicara algunos aspectos fundamentales de la relación entre cerebro, lenguaje y envejecimiento y la importancia del trabajo interdisciplinar en salud para conseguir una mejor calidad de vida en la población adulto mayor.

 

¿Cómo puede definirse el envejecimiento?

Envejecer es sinónimo de transformación en los niveles de funcionamiento, la cual obedece a factores de carácter biológico, y provoca una serie de cambios en la estructura física (músculos, huesos) y en la función de diversos sistemas: cardiovascular, respiratorio, endocrino, auditivo y visual. Ahora bien, es necesario aclarar que, a pesar de estos cambios, la actividad del adulto mayor y su calidad de vida en general responderán a variables no sólo ligadas con lo orgánico, sino también con eso que llamamos estilo de vida. Las creencias y los valores (positivos o negativos) arraigados en diferentes culturas, marcan el cómo se envejece y el cómo se trata al adulto mayor. Además, la manera cómo se maneja este proceso puede impactar de forma negativa el desarrollo integral del adulto mayor. Por esto es importante impulsar programas de salud que incluyan la atención por parte de un equipo interdisciplinar de esta población, para garantizar una mejor calidad de vida.

¿Hay cambios en el lenguaje y en la comunicación que pueden considerarse normales al envejecer?

A medida que envejecemos algunas funciones lingüísticas cambian pues como parte del proceso de envejecimiento normal, se producen limitaciones en la memoria operativa, lo que afecta el desempeño en el sistema atencional y de control, especialmente en los procesos de inhibición que hacen posible la selección, planificación y supervisión de los mensajes que elaboramos. Por esto, procesos lingüísticos como el acceso al léxico, la comprensión y producción de oraciones complejas de forma oral o escrita se pueden ver afectados. Lo que inciden negativamente en la comprensión y producción exitosa del discurso (oral y escrito), y obligan a la persona mayor a prestar más cuidado cuando conversa o cuando lee.

También se pueden presentar dificultades para encontrar la palabra adecuada o en recordar un nombre. De esta manera, los episodios de palabra en la “punta de la lengua” se hacen más frecuentes. Cabe destacar, que, a pesar de no dar con el nombre, el objetivo de la conversación se alcanza en la mayoría de las veces, ya que quien los presenta sólo necesita más tiempo para encontrar la palabra. Por ello, estos episodios pueden considerarse como normales y pueden darse incluso en hablantes muy jóvenes en situaciones de fatiga o estrés.

La mayoría de adultos mayores que presentan un envejecimiento sano pueden exhibir una adecuada ejecución comunicativa (Petersen, 2009). Pero es necesario tener en cuenta que las deficiencias sensoriales (especialmente las auditivas), que suelen ser frecuentes en esta etapa, generan limitaciones en las funciones lingüísticas o comunicativas y hasta emocionales. De hecho, investigaciones recientes, (Lin y otros (2013); Amieva, y otros (2015)) relacionan las pérdidas auditivas con deterioro cognitivo, pues a menudo al no oír bien tendemos al aislamiento social, no buscamos ayuda y, en consecuencia, evitamos las situaciones donde no podemos seguir una conversación y dejamos de lado actividades placenteras como escuchar música.

¿Cuáles serían las señales que deben preocuparnos o indicarnos que algo no va bien en el lenguaje del adulto mayor?

La presencia de dificultades persistentes para el recuerdo de información reciente y en la elaboración del discurso coherentemente estructurado, así como fallos muy frecuentes en la atención y concentración, que obligan a preguntar lo mismo o a repetir información. Otra señal de alarma puede ser el aumento en la velocidad para procesar los datos, por ejemplo, la necesidad del interlocutor de la persona mayor de tener que repetir muchas veces. Evidentemente que, ante estos cambios o síntomas, la evaluación neuropsicológica es absolutamente necesaria.

Otras señales que deben tenerse en cuenta son: la apatía, el aislamiento y los cambios en rutinas de actividades que antes se disfrutaban. Como ya se dijo, en ocasiones este tipo de conductas se relacionan con pérdidas auditivas, lo que ocasiona cambios en las rutinas sociales y marcan una reducción en la posibilidad de recibir estimulación integral y en seguir siendo activos. De allí la necesidad de realizar una evaluación audiológica completa y recibir orientación psicológica, seguida de una adaptación protésica eficiente que incluya un programa de seguimiento para garantizar la adherencia al uso del auxiliar auditivo.

Otro aspecto importante en el ámbito logopédico que puede verse afectado en el adulto mayor, son los procesos de masticación y deglución. En ocasiones, las dificultades para masticar se relacionan con el deterioro de las piezas dentales, con una inadecuada adaptación protésica o con una pobre higiene oral, por todo esto, atender nuestra salud oral y visitar al odontólogo periódicamente es una prioridad como parte de las acciones para promover una adecuada dieta. En cuanto a la deglución, en algunas personas mayores se pueden presentar algunas dificultades para tragar de forma eficiente o segura por alteraciones de base motora o neurológica. La presencia de tos o de dolor es señal de una posible disfagia y es razón suficiente para solicitar una evaluación con el logopeda y así recibir la adecuada atención para evitar complicaciones como la neumonía o una mala nutrición, eventos que comprometen la salud en general y afectan el buen funcionamiento cerebral.

¿Qué debemos hacer para mantener nuestra función lingüística?

Muchos autores creen que podemos mantener un buen funcionamiento lingüístico al seguir un estilo de vida saludable que beneficie nuestro cerebro. Por lo que se recomienda hacer ejercicio físico de forma regular bajo la supervisión médica y de un fisioterapeuta, leer diariamente, tener una dieta adecuada a los requerimientos individuales (fundamental consultar con un nutricionista), realizar actividades sociales placenteras, conocer personas y lugares nuevos, evitar ver la televisión por largos periodos de tiempo y explorar otros campos, en resumen, disfrutar la vida y tratar de aprender cosas agradables, como por ejemplo otro idioma, alguna manualidad o cantar, pues este tipo de actividades puede estimular la socialización y nuestras reservas cognitivas (Stern y otros, 2018).

Uno de los retos actuales es poder educar al adulto mayor sobre su autocuidado, solo así podrá ser proactivo y autogestionar la búsqueda de posibles soluciones en caso de factores de riesgo. Este es una tarea compleja y necesaria en el momento actual. A continuación, ofrecemos otras alternativas:

Evaluación integral que incluya una evaluación logopédica completa (con examen audiológico incluido) cuando se presenten alguna de las señales de alerta ya descritas.

Evaluación integral continua especialmente en casos de riesgo establecido, por ejemplo, en adultos con enfermedades cardiovasculares o con enfermedades degenerativas como el Parkinson (evaluación del equipo: médico, nutricionista, fisioterapeuta, psicólogo, logopeda).

Desarrollar programas educativos para estimular el empoderamiento del adulto para la autogestión de un estilo de vida saludable y activo.

Informar sobre los peligros de la automedicación, especialmente el uso de calmantes, somníferos o antigripales que puedan generar cambios cognitivos.

Fortalecer el tejido socio-sanitario para garantizar una atención integral del adulto mayor en todas sus dimensiones (física, emocional, social, cognitiva y comunicativa).

 

 

 

Referencias

Amieva, H y otros. Self-Reported Hearing Loss, Hearing Aids, and Cognitive Decline in Elderly Adults: A 25-Year Study.  Journal of the American Geriatrics Society.  Volume 63, Issue 10, October 2015, pp. 2099–2104.

Lin, FR y otros. Hearing loss and cognitive decline in older adults. JAMA Internal Medicine. Volumen 173, No. 4, 2013, pp. 293-299.

Petersen, R; Knopman, D; Boeve, B;  Geda, Y; Ivnik, R; Smith, G; Roberts, R  and Jack, C. Mild Cognitive Impairment: Ten Years Later.  Arch Neurol. 2009 Dec; 66(12): 1447–1455.

Stern, Y y otros. Defining and investigating cognitive reserve, Brain reserve and Brain maintenance. Alzheimer´s & Dementia: The Journal of the Alzheimer´s Association, 16(9), 1305-1311. https://doi.org/10.1016/j.neuro-biolaging.2018.07.219