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El Dr. Alfredo Crespo Alcázar es licenciado en Ciencias Políticas y en Ciencias de la Información, Máster Oficial en Análisis y Prevención del Terrorismo y doctor por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es docente de VIU en las Carreras en Relaciones Internacionales, en la de Criminología y en la Maestría en Política Exterior. A lo largo de su carrera ha desarrollado una prolífica labor investigadora que le ha llevado a publicar numerosos artículos, ejerciendo de colaborador habitual de la Revista Atenea y Atenea Digital (2011-2013), del Grupo Vocento (2011-2016), de FAES (2009-actualidad) y CIDOB (2014-actualidad). Además, actualmente ocupa el cargo de vicepresidente 2º de ADESyD, Asociación de Diplomados Españoles en Seguridad y Defensa.

Con motivo de la intensificación de los conflictos geopolíticos en Oriente Próximo y Asia del Sur, le pedimos que nos hiciera un breve repaso por las principales amenazas terroristas presentes hoy en día y cómo las problemáticas por las que están pasando Siria, Afganistán o Iraq afectan o modifican el peligro de la amenaza terrorista a nivel internacional.

¿Cuáles son a tu juicio las principales amenazas terroristas a día de hoy?

Además de los atentados con los cuales las organizaciones terroristas buscan introducir vulnerabilidad física y psicológica entre las poblaciones, persiguiendo en última instancia el desistimiento, cabe apuntar otras amenazas de notable enjundia.

En primer lugar, el atractivo de la narrativa empleada por el terrorismo yihadista. Dicho con otras palabras: se le ha podido derrotar militarmente en Siria e Iraq al Dáesh, pero el atractivo de su mensaje se mantiene intacto. En este sentido, debe ponerse en valor el esfuerzo realizado tanto por los gobiernos nacionales como por las organizaciones supranacionales a hora de aprobar e implementar programas para prevenir la radicalización, en los cuales, y esta parte es la fundamental, no sólo tienen que participar las fuerzas y cuerpos de seguridad, sino también actores de la sociedad civil (en particular, docentes y familiares).

Asimismo, existen escenarios físicos especialmente sensibles, como las prisiones.

En segundo lugar, nos encontramos con el fenómeno de los Combatientes Terroristas Extranjeros Retornados. Estos podrían convertirse en referentes entre determinadas comunidades a la hora de adoctrinar y reclutar; además, su estancia, principalmente en Siria e Iraq, les ha dotado de un adiestramiento militar que les capacita para llevar a cabo atentados de mayor letalidad.

En tercer lugar, se ha observado en los últimos tiempos una sinergia cada vez mayor entre organizaciones terroristas y organizaciones de criminalidad organizada. Este último rasgo se aprecia con mayor intensidad en aquellos enclaves donde el Estado de Derecho es una entelequia, por ejemplo, Sahel, lo que contribuye a la desestabilización tanto de la región como del entorno más cercano (especialmente Magreb, con las repercusiones que ello genera para Europa).

¿Cómo afecta la situación de Afganistán a la dinámica de poderes asociada al terrorismo yihadista? ¿Lo fortalece? ¿O, teniendo en cuenta que hay diversas facciones agrupadas bajo este paraguas, crea algún tipo de desequilibrio entre estos grupos?

Afganistán, bajo el gobierno talibán, va encaminado a convertirse en un Estado fallido como ya lo fue en los años 90. En dicha década, dio cobijo a Al Qaeda (recuérdese la Resolución 1267 de del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, año 1999, que ponía de manifiesto los vínculos entre ambos actores).

Hoy en día, cuando menos potencialmente, Afganistán puede convertirse en un país receptor de Combatientes Terroristas Extranjeros Retornados que gozarían de la impunidad del régimen talibán.

¿Cómo ha cambiado la forma de actuar de los grupos terroristas con la incorporación de las nuevas tecnologías entre sus recursos? ¿Cómo de importante es la ‘batalla’ mediática en la prevención y control de estos grupos?

El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información ha facilitado que los grupos terroristas transmitan su mensaje a un público mayor en cuanto a número de receptores potenciales. Esto se ha observado en procesos de radicalización express, mucho menos dilatados en el tiempo que en los años de Al Qaeda.

Al mismo tiempo, a través de estas tecnologías de la comunicación, los grupos terroristas desacreditan a las sociedades libres y abiertas, estigmatizándolas y proyectan un agravio permanente que alimenta el victimismo. El mensaje es simple y dicotómico: ellos vs nosotros. Así, realizan un desplazamiento de responsabilidad constante que, en última instancia, legitima la comisión atentados.

¿Cuáles son desde tu perspectiva los recursos y herramientas más eficientes con que cuentan los gobiernos y las fuerzas de seguridad e inteligencia de estos para luchar contra el terrorismo? ¿Cuáles crees que hacen falta?

En lo que a Europa Occidental se refiere, ha existido siempre un riesgo: subestimar las partidas presupuestarias designadas a seguridad. Un escenario en el que durante un tiempo no se cometan atentados podría incentivar esa (peligrosa) tendencia.

Por otra parte, se ha incrementado la coordinación y la cooperación entre los servicios de seguridad y las unidades de inteligencia; sin embargo, informes de EUROPOL insisten en que todavía en este apartado hay carencias notables.

Además, hay que tener en cuenta que no todos los países consideran al terrorismo como la amenaza principal a su seguridad. Ello depende mucho de la historia y de la relación que el país en cuestión haya tenido con el fenómeno terrorista. Esta característica se aprecia a nivel de la UE: mientras que para España o Francia el terrorismo es una amenaza preferente, no sucede lo mismo para los países del Este de Europa. Este hecho debilita la cooperación y la adopción de un enfoque común.

¿Se ha incrementado el terrorismo a nivel global a partir del 2000 o simplemente se ha hecho más visible? ¿Cuál es la mayor diferencia entre el terrorismo de los años 60, 70 y principios de los 80 con el del nuevo siglo?

La principal diferencia es que el terrorismo de los años 60-70-80 (Brigadas Rojas, Eta…) tenía aspiraciones estrictamente locales, lo cual limitaba cuantitativamente los procesos de captación. Era un terrorismo local.

Sin embargo, el terrorismo de inspiración religiosa, cuyo punto de partida podemos ubicar en 1979 (revolución iraní e invasión soviética de Afganistán) tiene aspiraciones globales, complejas de conseguir evidentemente, pero hay que tener en cuenta que el terrorismo, tanto ayer como hoy, actúa a largo plazo sabedor de la situación de inferioridad con relación a los Estados. Sin embargo, este desequilibrio es capaz de transformarlo en una ventaja a través del desarrollo de una guerra de desgaste prolongada y permanente.