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Alejandro Pozo es doctor en paz y conflictos y docente de la Carrera en Relaciones Internacionales de VIU. Es vicepresidente del Centro Delàs de Estudis per la Pau, asesor sénior de Asuntos Humanitarios en Médicos sin fronteras España, analista de conflictos armados y coordinador de proyectos humanitarios. Cuenta con más de 20 años de experiencia en proyectos de asistencia humanitaria en zonas de conflicto armado, sobre todo en contextos en los que operan grupos designados como terroristas. Para conocer un poco más sobre qué implica la asistencia humanitaria, qué preparación se necesita para ejercerla y cuál es su importancia en el contexto geopolítico actual, le realizamos la siguiente entrevista.

¿Qué significa exactamente el término asistencia humanitaria? ¿Qué acciones/proyectos/iniciativas/organizaciones etc. se agrupan bajo este término?

La expresión sugiere sencillamente asistir a otros seres humanos, pero para mí, esa asistencia estaría dentro de la acción humanitaria (que también incluye actividades de incidencia política para mejorar la situación de algunas poblaciones) y entiendo esa acción a partir de los principios humanitarios, que es como se concibió en origen, cuando se reguló el derecho de asistencia en el Derecho Internacional Humanitario, el derecho de los conflictos armados. El principio más importante sería, aparte del de humanidad, el de imparcialidad, que prioriza la asistencia a las personas en función de sus necesidades, con independencia de su identidad o afiliaciones. Este principio se incumple en muchas zonas de guerra, donde se niega el derecho de asistencia a las personas que se asocian con el enemigo. También lo niegan, incluso, gobiernos donantes, cuando impiden o limitan el trabajo en algunos lugares.

Diferencio claramente entre acción humanitaria y otros ámbitos de actuación, como el desarrollo económico, la democratización, la estabilización, los derechos humanos o los derechos ambientales. De hecho, algunos de estos enfoques pueden encontrarse en conflicto en la práctica. Con todo, la tendencia en las últimas dos décadas ha sido la de integrar todos esos ámbitos y construir sinergias. En muchos contextos, esto ha podido conducir a resultados positivos. Sin embargo, en otros lugares, como en algunos conflictos armados o contextos antiterroristas, esta superposición de objetivos ha supuesto, en la práctica, la subordinación de la acción humanitaria a objetivos políticos, facilitando que muchas personas no hayan recibido asistencia humanitaria alguna.

La arquitectura del sistema de ayuda (en realidad, conviene hablar de “ecosistema”) incluye a las agencias de la ONU (el Programa Mundial de Alimentos, ACNUR, Unicef, la Oficina de Coordinación Humanitaria, entre otras), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR, el guardián del Derecho Internacional Humanitario, no confundir con la otros componentes del movimiento de la Cruz Roja), los donantes de ayuda humanitaria y los implementadores, en buena parte organizaciones no gubernamentales, locales, nacionales e internacionales. Conviene hacer una diferencia entre las agencias de la ONU y el CICR, por un lado, y las ONG humanitarias por el otro. Aquellas tienen un mandato oficial reconocido por el sistema internacional, con derechos y obligaciones derivados de ese estatus, mientras que para las segundas el mandato es auto-asignado. Es decir, estas hacen, todas ellas, funciones que les corresponde a otros actores, principalmente los Estados.

Actualmente ¿Cuál es la importancia de la asistencia humanitaria a nivel global? ¿y desde una perspectiva histórica?

En las relaciones internacionales contemporáneas, puede percibirse como una oportunidad perdida no vender la propia acción (sea cual sea) en términos humanitarios. La asistencia humanitaria se ha convertido en un instrumento para gobiernos, instituciones, ejércitos y empresas de todo tipo. No comento esto para cuestionar sus motivaciones, que deberán ser debatidas en otro momento y lugar, sino para argumentar que la definición de asistencia humanitaria depende mucho del criterio utilizado. En cualquier caso, puede sostenerse que la asistencia humanitaria es un componente de política exterior de primer orden, y que esta relevancia es creciente. Además, también son crecientes no solo la instrumentalización política (o económica) de la ayuda, sino también la defensa pública de que los intereses de política exterior como compatibles con ayudar a otras personas. Mientras que en algunos lugares, esto puede ser cierto, en otros, al menos algunos contextos de conflicto armado que conozco, la instrumentalización me parece obscena. Por ejemplo, en 2018 el 85% de la financiación humanitaria para una de las peores crisis en muchos años, en Yemen, fue proporcionada, en ese orden, por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, EEUU, Reino Unido y Kuwait. Los tres países árabes son parte en el conflicto armado que asola a Yemen, y según la ONU, quienes han ocasionado la mayor parte de las víctimas civiles, mientras que EEUU y Reino Unido les han apoyado en esa guerra de maneras muy diversas, pero relevantes, implicando responsabilidad. En muchos lugares, la asistencia humanitaria es independiente e imparcial, muy necesaria, y tiene un impacto muy positivo en las poblaciones asistidas. Sin embargo, no puede descartarse el uso interesado marcado por agendas que no ponen en su centro a las personas supuestamente destinatarias de esa ayuda.

¿Se ha incrementado la necesidad de asistencia humanitaria con el Covid19? ¿Puede la asistencia humanitaria jugar un papel importante en el reparto de vacunas a zonas desfavorecidas?

Se ha incrementado y se ha complicado. Por un lado, se ha sumado una nueva e importante preocupación (el COVID-19) a una larga lista de problemas sanitarios, muchos de ellos con una mortalidad superior. Por el otro, la asistencia en su conjunto se ha visto limitada por restricciones de movimientos de todo tipo, que han afectado al acceso o la provisión de recursos y suministros. En una parte de las veces, se ha tratado de restricciones percibidas como legítimas, con un impacto no intencionado en la asistencia humanitaria; pero, en otra parte, la pandemia se ha utilizado como coartada para negar o dificultar la asistencia a colectivos que ya estaban estigmatizados o incluso perseguidos por los mismos gobiernos que impusieron las restricciones.

La vacunación contra el COVID-19 es responsabilidad de los gobiernos, como todo lo demás. Algunos gobiernos priorizarán la vacunación de algunos colectivos, y probablemente las organizaciones humanitarias desempeñarán un papel relevante en la atención de los colectivos excluidos o discriminados, como también sucede con muchas otras preocupaciones humanitarias. Por otro lado, algunas organizaciones humanitarias han desempeñado un rol destacado en la incidencia política dirigida a demandar un acceso más equitativo de las vacunas a países empobrecidos.

¿De qué manera puede participar una persona de forma directa o indirecta en proyectos de asistencia humanitaria?

Como donante, dando apoyo a las acciones, como voluntaria o como empleada. Para mí, se trata de un trabajo profesional. En la organización en la que he trabajado durante muchos años existen cuatro grandes grupos profesionales. Por un lado, al tratarse de una organización médica, buena parte del personal son perfiles sanitarios, profesionales de la medicina, enfermería, atención psicosocial, nutrición, análisis de laboratorio, etc. Un segundo grupo lo formaría la logística, compuesto por profesionales de la construcción, mecánica, conducción, energía, informática, comunicaciones, tratamiento de aguas y desechos, etc. Un tercer bloque lo formaría el personal administrativo y de gestión de recursos humanos. Finalmente, un cuarto grupo podría ser considerado un cajón de sastre en el que entran posiciones menos frecuentes pero igualmente necesarias, como gestores, abogados o analistas. Esta última es mi profesión. Podría decirse que los últimos bloques son los que nos encargamos de que el primero pueda asistir a las poblaciones.

¿Qué formación recomendarías a una persona que quiera dedicarse de manera profesional a la asistencia humanitaria?

Formación política, de relaciones internacionales, sociología, antropología. Se presupone una formación técnica para desempeñar una especialidad. Por ejemplo, si alguien trabaja como sanitario es porque cuenta con la titulación y experiencia necesarias (el caso contrario iría en contra la ética médica). Lo mismo aplica para los responsables de logística, administración, etc. Con todo, en mi opinión el reto no está en la capacitación técnica, que se presupone, por eso se te contrata, sino en su implementación. Y para esto cabe comprender el contexto en el que se desarrollan las actividades, condicionados por el sufrimiento y las relaciones de poder. El hambre, por ejemplo, no suele ser un problema de escasez de recursos, sino uno de acceso al alimento, de poder. En todos los contextos de hambre hay personas que no comen lo suficiente y personas que comen demasiado. Por otro lado, el aprendizaje de idiomas es muy importante. Los más importantes en el sector son el inglés, el francés y el español, también el árabe, pero en función del contexto, conocer otras lenguas es de mucho valor añadido, no solo profesional sino también personal.