Llevar una alimentación saludable se está convirtiendo en un hábito cada vez más normalizado entre la población. Una tendencia, que parece ser tiene más beneficios que contraindicaciones, ya que adoptar una dieta equilibrada y variada, junto con un estilo de vida activo reduce el riesgo de desarrollar enfermedades cardiacas o diabetes. Pero si se tiene una preocupación excesiva por la calidad de lo que se come, una buena práctica pasa a ser un trastorno que se conoce como ortorexia. ¿Pero sabemos de qué se trata cuando hablamos de ortorexia?

Para comenzar es interesante puntualizar que actualmente, al no ser reconocido como una categoría diagnóstica, la ortorexia es considerada una alteración de la conducta alimentaria y no un trastorno. Según la Organización Mundial de la Salud la ortorexia afecta al 28% de la población occidental.

“La ortorexia se compone de dos etapas, la primera de ellas se sustenta en elegir comer una dieta saludable, lo cual es muy lícito, pero en la segunda hay una intensificación de esa búsqueda caracterizada por la obsesión patológica de la comida biológicamente pura, lo que lleva a importantes restricciones alimentarias”, explica Fátima Servián Franco, profesora en la Carrera de Psicología y en la Maestría Oficial en Nutrición y Salud de la Universidad Internacional de Valencia.

La ortorexia puede estar causada por multiplicidad de factores y los signos que disparan las alarmas para saber si una persona sufre esta alternación alimenticia, en palabras de la docente de VIU, son, “cuando una persona realiza una dieta restrictiva y un aislamiento social compensatorio, evitando obsesivamente los alimentos que contienen o podrían tener colorantes, conservantes, pesticidas, ingredientes genéticamente modificados, grasas poco saludables o contenidos excesivos en sal, azúcares y otros componentes”.

Se puede considerar que una persona sufre ortorexia cuando la alimentación sana se convierte en una obsesión y pasa a ocupar un papel central que deriva en alteraciones físicas, como la desnutrición; psicológicas, como las tendencias obsesivas; y sociales, como el aislamiento y evasión de las dinámicas sociales para poder cumplir con las estrictas pautas de alimentación autoimpuestas.

El retrato de quienes padecen este trastorno según indica la docente de VIU suelen ser “mujeres, jóvenes en el periodo de adolescencia y quienes se dedican a deportes como el culturismo, el atletismo y otros”. Además, la experta señala que una gran influencia para estos grupos es “el movimiento y la industria de la comida ecológica y orgánica. Para esta corriente, los alimentos se consideran impuros por llevar herbicidas, pesticidas u otras sustancias artificiales. Este estilo de vida se sustenta en las técnicas y materiales empleados en la elaboración de los alimentos”.

Consecuencias de la alteración alimentaria

Las personas que sufren esta alteración de la conducta alimentaria se centran únicamente en la calidad de lo que comen, la comida se convierte en el centro de sus pensamientos, pero no por placer, por lo que esta obsesión puede derivar en problemas de carácter psicológicos. “Esto provoca que los hábitos alimentarios sean cada vez más estrictos, lo que les induce a un aumento de la autoestima mientras siguen la dieta correcta, aunado a un sentimiento de superioridad hacia aquellos que no siguen esta dieta. Cuando rompen esta dieta se observa un sentimiento de culpabilidad ya que su autoestima va muy unida a lo que comen”, argumenta Fátima Servián.

La docente de VIU también ha asegurado que los pacientes que sufren ortorexia “son rígidas, perfeccionistas, estrictas y padecen intensos sentimientos de culpa cuando no cumplen lo que se proponen”. Por estas razones, señala que para la recuperación de un paciente con este trastorno es importante trabajar de forma multidisciplinar estos aspectos, así como los nutricionales. “Esta es la base para un correcto reajuste entre una preocupación sana por lo que se come y la obsesión que conlleva problemas psicológicos, nutricionales y sociales”.