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Cuidar de un familiar que padece una demencia es una situación de estrés crónico que se encuentra asociada a mayores niveles de depresión y ansiedad (Pinquart y Sörensen, 2003), mayores niveles de mortalidad (Schulz y Beach, 1999) y mayor riesgo cardiovascular (Vitaliano, Zhang y Scanlan, 2003; Von Känel et al., 2008) en cuidadores que en aquellas personas no cuidadoras.  En referencia a esto último, los cuidadores presentan mayor número de enfermedades cardiovasculares (Vitaliano et al. 2003; Von Känel et al., 2008), niveles más elevados de tensión arterial (Shaw et al. ,1999; Sasai, Igarashi, Wada, Ogata y Yamamoto-Mitani, 2015) y mayores indicadores de diversos biomarcadores de riesgo cardiovascular como la proteína C reactiva (Von Känel et al., 2012). Sin embargo, ¿es la condición de cuidador el único responsable del riesgo cardiovascular de los cuidadores? Como es lógico, no. Pese a que el “estatus” de cuidador se describe frecuentemente como un predictor significativo de los indicadores de riesgo cardiovascular (Kiecolt-Glaser, 2003), existen muchas otras variables que influyen en este proceso. Vitaliano y sus colaboradores (2002) señalan que, siempre que queramos analizar la salud cardiovascular de los cuidadores debemos fijarnos en 2 grandes categorías de variables. Las primeras son variables sociodemográficas, tales como la edad, el género o el nivel de estudios. Las segundas son variables relacionadas con hábitos de salud, entre las que se incluyen, entre otras, el Índice de Masa Corporal (IMC) o comportamientos de salud (consumo de alcohol, de tabaco, ejercicio físico, horas y calidad de sueño,…). Sin embargo, un cuidador que tenga una mayor cantidad de estos factores de riesgo (e.g., mayor IMC, mayor consumo de tabaco o de alcohol) y menor cantidad de los factores de protección (e.g., mayor número de horas de ejercicio), ¿será siempre más propenso a padecer una enfermedad cardiovascular, que uno que tenga una menor cantidad? De nuevo, la respuesta es no, dado que otro factor importante es sin duda es el nivel de estrés del cuidador. Sin embargo, este estrés no siempre está relacionado directamente con las demandas objetivas o los estresores objetivos tales como, el número de horas diarias de cuidado, el  tiempo que lleve cuidando o el número de comportamientos problemáticos de su familiar cuidado, sino que el estrés subjetivo o percibido también variará de cuidador en cuidador. Este nivel de estrés subjetivo ha demostrado tener una relación directa con el riesgo cardiovascular de los cuidadores (Mausbach, Patterson, Rabinowitz, Grant & Schulz, 2007). Recopilando todo lo dicho hasta ahora, sabemos que tanto el mero hecho de ser un cuidador, como las variables sociodemográficas, las variables de salud y el nivel de estrés del cuidador tienen relación con el riesgo cardiovascular. ¿No hay nada entonces que, desde una perspectiva psicosocial, podamos hacer para paliar los efectos de esta condición vital sobre la salud cardiovascular de los cuidadores? Lo cierto es que, desde la literatura científica, en los últimos años empiezan a aparecer estudios que describen cómo algunas variables median o moderan la relación entre estos estresores y el riesgo cardiovascular del cuidador. Una de ellas es, por ejemplo, la autoeficacia del cuidador, es decir, la medida en la que el cuidador se siente capaz de resolver exitosamente situaciones problemáticas del cuidado, la cual para tener una tener una relación significativa e inversa con la presión arterial (Harmell, et al., 2011). Por otro lado la frecuencia de actividades de ocio y la restricción conductual, o lo que es lo mismo, la medida en que nos sentimos restringidos para realizar estas actividades de ocio, también han demostrado su relación con el riesgo cardiovascular, siendo aquellos cuidadores con altos niveles de restricción conductual y bajos niveles de frecuencia de ocio, los que presentan una mayor presión sanguínea (Chattillion et al., 2013). Son estas variables las que, desde la terapia, se pueden intentar modificar y trabajar con los cuidadores para conseguir reducir tanto su malestar, como su riesgo cardiovascular, y mejorar de este modo su salud física y mental. https://youtu.be/9B6muUsCO3Q Carlos Vara García Profesor de la Maestría en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia

Referencias Chattillion, E. A., Ceglowski, J., Roepke, S. K., von Känel, R., Losada, A., Mills, P. J., ... & Mausbach, B. T. (2013). Pleasant events, activity restriction, and blood pressure in dementia caregivers. Health psychology32, 793. http://dx.doi.org/10.1037/a0029412 Harmell, A. L., Mausbach, B. T., Roepke, S. K., Moore, R. C., von Känel, R., Patterson, T. L., ... & Ancoli‐Israel, S. (2011). The relationship between self‐efficacy and resting blood pressure in spousal Alzheimer's caregivers. British journal of health psychology16, 317-328. http://dx.doi.org/10.1348/135910710X504932 Kiecolt-Glaser, J. K., Preacher, K. J., MacCallum, R. C., Atkinson, C., Malarkey, W. B., & Glaser, R. (2003). Chronic stress and age-related increases in the proinflammatory cytokine IL-6. Proceedings of the national Academy of Sciences100, 9090-9095. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1531903100 Mausbach, B. T., Patterson, T. L., Rabinowitz, Y. G., Grant, I., & Schulz, R. (2007). Depression and distress predict time to cardiovascular disease in dementia caregivers. Health Psychology26(5), 539-544. http://dx.doi.org/10.1037/0278-6133.26.5.539 Pinquart, M., & Sörensen, S. (2003). Differences between caregivers and noncaregivers in psychological health and physical health: a meta-analysis. Psychology and aging18, 250-267. http://dx.doi.org/10.1037/0882-7974.18.2.250 Schulz, R., & Beach, S. R. (1999). Caregiving as a risk factor for mortality: the Caregiver Health Effects Study. jama282, 2215-2219. http://dx.doi.org/10.1001/jama.282.23.2215 Shaw, W. S., Patterson, T. L., Ziegler, M. G., Dimsdale, J. E., Semple, S. J., & Grant, I. (1999). Accelerated risk of hypertensive blood pressure recordings among Alzheimer caregivers. Journal of psychosomatic research46, 215-227. https://doi.org/10.1016/S0022-3999(98)00084-1 Torimoto-Sasai, Y., Igarashi, A., Wada, T., Ogata, Y., & Yamamoto-Mitani, N. (2015). Female family caregivers face a higher risk of hypertension and lowered estimated glomerular filtration rates: a cross-sectional, comparative study. BMC public health15, 177. https://doi.org/10.1186/s12889-015-1519-6 Vitaliano, P. P., Zhang, J., & Scanlan, J. M. (2003). Is caregiving hazardous to one's physical health? A meta-analysis. Psychological bulletin129, 946-972. http://dx.doi.org/10.1037/0033-2909.129.6.946 Vitaliano, P. P., Scanlan, J. M., Zhang, J., Savage, M. V., Hirsch, I. B., & Siegler, I. C. (2002). A path model of chronic stress, the metabolic syndrome, and coronary heart disease. Psychosomatic medicine64(3), 418-435. Von Känel, R., Mills, P. J., Mausbach, B. T., Dimsdale, J. E., Patterson, T. L., Ziegler, M. G., ... & Grant, I. (2012). Effect of Alzheimer caregiving on circulating levels of C-reactive protein and other biomarkers relevant to cardiovascular disease risk: A longitudinal study. Gerontology58, 354-365. https://doi.org/10.1159/000334219 Von Känel, R., Mausbach, B. T., Patterson, T. L., Dimsdale, J. E., Aschbacher, K., Mills, P. J., ... & Grant, I. (2008). Increased Framingham Coronary Heart Disease Risk Score in dementia caregivers relative to non-caregiving controls. Gerontology54, 131-137. https://doi.org/10.1159/000113649