La Dra. Diana Ribes Fortanet, profesora del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de Valencia analiza en el diario El Confidencial cómo el coronavirus, al margen de su alta tasa de contagio y el riesgo de mortalidad, puede producir afecciones en el estado psicológico de personas no enfermas pero vulnerables y de cómo la propagación de la epidemia puede dificultar la gestión del pánico en el colectivo social.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado que el brote del nuevo coronavirus (2019-nCoV, ahora renombrado como Covid-19) constituye una "emergencia de salud pública de importancia internacional". Asimismo, la información enfatiza la propagación del Covid-19 a otros lugares muy alejados del foco de infección. ''Estas imágenes e información crean en la conciencia colectiva la sensación de que el peligro es generalizado y de que algún mal inminente, del que tenemos escaso control y del que actualmente no se dispone de tratamiento, puede poner en peligro nuestra integridad física. Por tanto, provocan alarma social, miedo social y respuestas de ansiedad ante una catástrofe, ante lo inesperado, que se manifiestan en conductas —con el fin de protegernos del riesgo— que van desde comprar mascarillas hasta casos más extremos de actitudes racistas hacia personas de rasgos asiáticos.'' señalaba en la entrevista la Dra. Ribes. 

La docente continuaba apuntando ''El miedo desmesurado que muestran algunas personas en estos episodios es consistente con lo que se conoce sobre la percepción de riesgo a través de investigaciones realizadas respecto al juicio humano y la toma de decisiones. En este sentido, la alerta social creada en relación con el coronavirus, ciertas dimensiones de personalidad como el neuroticismo y el uso excesivo de internet relacionado con la salud son factores que pueden desencadenar la manifestación de sintomatología ansiosa. En casos en los que existe cierta vulnerabilidad, puede darse el trastorno de ansiedad por enfermedad, también denominado hipocondría. Este trastorno implica preocuparse excesivamente por padecer o poder contraer una enfermedad grave. Las personas que sufren ansiedad por enfermedad pueden presentar ciertos síntomas físicos y considerar que están relacionados con el virus o pueden creer que las sensaciones corporales normales o los síntomas leves son signos que indican que están infectadas por este virus.''

El coronavirus, al ser una nueva amenaza, podría aumentar los niveles de ansiedad más que las amenazas que nos resultan familiares. ''Este efecto se ha asociado con la amígdala, estructura cerebral relacionada con la detección de la novedad y en el procesamiento del miedo'' señalaba la profesora del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de Valencia. ''Por este motivo, a menudo las personas reaccionan poco a las amenazas familiares, por ejemplo, la gripe en España en la temporada 2018-2019 causó 6.300 muertes. Sin embargo, entre los colectivos en los que está recomendado vacunarse, únicamente lo hizo el 42,2%. Esto puede explicarse debido a que la mayoría de las personas han tenido gripe y han sobrevivido, o conocen a alguien que lo ha hecho, por tanto, su percepción de riesgo respecto a esta es menor que ante una amenaza nueva de la que no se tienen referencias'', continuaba explicando. 

La información referente al brote de corona virus puede afectar a personas que padecen este trastorno de forma diferente que la población general. Así, las personas sin ansiedad por enfermedad pueden experimentar cierta aprensión o incomodidad cuando leen algún suceso o noticia relacionada con el corona virus o cualquier otra epidemia, pero pueden dejar de pensar en ello. Pueden cambiar de enfoque, de tema o seguir leyendo noticias sin autogenerarse más alarma. ''Ese no es el caso de alguien que lucha con hipocondría, ansiedad por enfermedad o un trastorno obsesivo compulsivo (TOC).'' concluía la docente. 
 

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